La comunidad parroquial de Santa María de la Montaña vive desde hace años las tradicionales posadas, como un camino de preparación  al nacimiento de Jesús…aquí su historia.

Ana María Ibarra

En estas fechas cercanas a la Navidad, es muy común utilizar la palabra “posada” para cualquier reunión con amigos o familia, pero que nada tienen que ver con lo que verdaderamente es una posada tradicional.

Sin embargo, aún se puede rescatar la verdadera tradición cristiana en algunas familias de la diócesis, principalmente en las parroquias.

Una de ellas es la comunidad parroquial de Santa María de la Montaña, que desde hace más de 30 años viene realizando posadas tradicionales en los hogares.

 

Desde sus inicios

Inicialmente esta comunidad parroquial llevaba a cabo las tradicionales posadas en los hogares de quienes formaban parte de los grupos parroquiales: grupos de adultos, jóvenes y niños.

“Yo quise continuar una tradición que ya había. Me hicieron párroco en mayo de 1985, pero allí había un trabajo iniciado por el padre Payán, cuando Santa María pertenecía a Jesús Obrero. Tal vez conmigo se fortaleció.  Había gente muy generosa en Santa María. Se organizaban las posadas simultáneamente en diferentes casas con diferentes grupos”, recordó el padre Héctor Villa, primer párroco de Santa María de la Montaña.

Esta tradición la conservó el padre José Ríos, y a su llegada, el padre Aristeo no quiso realizar cambios, así que prevalecen.

Desde hace más de 20 años, las posadas se organizan principalmente en los hogares de las familias de los niños de Catecismo, a las cuales se acercan familias del sector.

 

Comunidad participativa

El padre Aristeo, párroco de la comunidad, dijo que esta tradición cristiana se realiza para recordar todo lo que pasaron la Virgen María y san José buscando un lugar dónde hospedarse.

“Se añaden cánticos adecuados, los peregrinos en figura de la Virgen embarazada, las lecturas adecuadas, particularmente de san Lucas que es el escritor mariano por excelencia de la Biblia”

El sacerdote dijo que cada día se reflexionan las profecías del futuro Mesías y su presencia para el pueblo.

“Con las reflexiones se refuerza esa tradición tan hermosa, tan llena de alegría, sana, santa”, señaló.

Agregó que si la familia que recibe a los peregrinos tiene la posibilidad económica, ofrece algo de comer, aunque aclaró, eso no tiene importancia.

“Lo importante es que cada quien da lo que tiene. La gente presta su casa con mucho gusto y participa entusiasta, a veces va más gente a la posada en las casas que a misa en la parroquia, la mayoría son niños que van con mucha ilusión y se ve que están atentos a las reflexiones”, reconoció el sacerdote.

 

¡Tiempo de posadas!

Previo a que inicien las posadas, las catequistas de la parroquia Santa María de la Montaña, en sus cuatro grupos, imparten temas que van adentrando tanto a papás como a los niños en este ambiente del Adviento para vivir en la Navidad.

“Las posadas las hacemos con el fin de que los niños y papás tomen conciencia del peregrinar de María y San José, es una manera de involucrarlos para que sepan lo que vivió María desde el momento en que aceptó ser la madre del Salvador. Queremos que papás y niños sean conscientes de esto y lo guarden en su corazón”, dijo Rafaela, coordinadora de Catequesis Familiar en la parroquia.

Para la elección de los hogares, son los mismos padres de familia quienes deciden participar y ofrecer su casa, y el 16 de diciembre se reúnen en el templo parroquial los grupos de la cabecera parroquial, así como de las capillas San Andrés Apóstol, San Pedro Claver y San Luis Gonzaga.

“Cada grupo llega con sus peregrinos a la parroquia donde el padre les da la bendición. Salen caminando cada grupo rumbo a su primera casa; se lleva una vela, se cantan villancicos, y llegando a la casa se pide la posada. Algunos días se reza el Rosario y se da un tema, otros se celebra misa. Al día siguientes nos reunimos en esa casa y caminamos a la siguiente”, explicó Rafaela.

La posada no se suspende, así llueva, nieve o como sea que esté el clima, dijo la catequista.

“Son ocho días los que hacemos posada en las casas y el día nueve nos juntamos todos en la parroquia para la última posada. El padre nos recibe en el templo para la última reflexión, y después salen los niños a quebrar piñatas, se les da pastel y dulces”.

Aunque las posadas las organiza el equipo de catequistas, se invita a todas las familias del sector, incluso, algunas ya esperan estas fechas para participar.

 

Invitación

Desde el punto de vista religioso las posadas llevan al nacimiento d Jesús, a todo lo que rodea el gran regalo que el Padre hace a la humanidad, que es dar a su Hijo para la redención.

“Debemos recordar que la Navidad es Jesucristo. La Navidad no es un regalo, no son tamales, no es un cambio de menú, la Navidad es encontrarse con Cristo que se nos da como el regalo más grande para la humanidad. Si está Cristo en medio de nosotros, tiene sentido, si no está, todo se vuelve nada”, resaltó el sacerdote.

Los entrevistados invitaron a la comunidad a vivir este tiempo desde la fe.

“Invito a la gente que se acerque a Dios, Él es nuestra fuente de vida. Este es un tiempo propicio para acercarnos a Él, para que llegue a un corazón limpio”, dijo Rafaela.

Por su parte, el padre Aristeo dijo:

“Sin mucha autoridad que tengo porque casi nunca voy a las juntas, los invito a que como sacerdotes impulsemos esta tradición bella, que une a la familia en torno a una fe, a una alegría que brota de la presencia de Dios en el alma, en la proximidad del recuerdo y la memoria de aquel suceso que partió la historia en dos y fue la culminación de la Salvación: el nacimiento de Jesús, Salvador del mundo”, finalizó.

 

frase…

La Navidad no es un regalo, no son tamales, no es un cambio de menú. La Navidad es encontrarse con Cristo que se nos da como el regalo más grande para la humanidad. Si está Cristo en medio de nosotros, tiene sentido, si no está, todo se vuelve nada.

Pbro. Aristeo Baca, párroco de Santa María de la Montaña