Juan Jesús Herneandez/ psicólogo

Un paciente un día me pregunto que si era posible hacer una psicología católica, y me comentó que si así era, entonces la psicología se salía del estándar de lo científico. Le contesté que sí hay una psicología católica y le dije que yo pertenezco a un grupo de psicólogos católicos en Ciudad Juárez, que decidimos juntarnos ante la necesidad de tener un espacio católico fundamentado en una psicología cristiana bajo los principios de la Iglesia Católica.

Le expliqué luego lo que es la psicología, que es la ciencia que estudia el comportamiento humano y  explora conceptos como la percepción, la atención, la motivación, la emoción, el funcionamiento del cerebro, la inteligencia, el pensamiento, la personalidad, las relaciones personales, la conciencia y la inconsciencia.

La psicología emplea métodos empíricos cuantitativos de investigación para analizar, predecir y modificar el comportamiento. En el nivel más alto, la psicología se combina con las neurociencias para crear la neurociencia cognitiva, una disciplina que al principio fue dominada totalmente por psicólogos cognitivos y hoy en día, proporciona una nueva manera de entender el cerebro y la conciencia, pues se basa en un estudio científico de las bases biológicas de la conducta.

Pero paralelamente a la psicología científica han proliferado multitud de pseudopsicologías o “psicologías alternativas” de tintes posmodernos y New Age que, por un lado, niegan y rechazan el método científico, y por otro, intentan hacerse pasar por “ciencias”, como por ejemplo, la, la Terapia de regresión”, psicología “holística”, enagrama, constelaciones familiares, etcétera.

Esa no es la psicología que queremos los católicos cristianos, nosotros queremos una psicología enraizada en la visión católica de la persona humana que esté en coherencia tanto con la ciencia, como con Dios. Tradicionalmente ha habido una desconfianza mutua entre las ciencias psicológicas y los católicos. La psicología ha tendido a ver la fe como comportamiento supersticioso, mientras que las personas de fe han tendido a ver a la psicología como una ciencia innecesaria para ellos, tanto así que algunos creen que una suficiente fe debería bastar para ocuparse de todos los problemas, cualesquiera que éstos sean.

Ninguna de las dos posturas refleja la verdad. Una psicología enraizada en la comprensión católica de la persona humana no es sólo verdadera para la ciencia, sino verdadera respecto a Dios.

Las ciencias psicológicas tienen mucho qué ofrecer a personas cuyo libre albedrío está afectado. Tomemos por ejemplo el caso de una persona excesivamente escrupulosa. Tal persona podría de hecho padecer neurosis obsesivo-compulsiva. Este desorden psicológico puede llegar a ser tan grave, si no se trata adecuadamente, que impida a la persona funcionar normalmente.  Personas católicas, buenas y fieles, podrían de hecho dejar la Confesión para no sentir que han hecho una confesión inválida por haber olvidado confesar “todos” los pecados. Podrían dejar de comulgar por miedo a estar recibiendo indignamente al Señor. Este desorden es fácilmente diagnosticado y tratado. Las ciencias psicológicas están al servicio de la Iglesia. Ayudando a esta persona a recuperar un funcionamiento normal, le liberan de la neurosis.

Pero la libertad no es sólo una “libertad desde”, es también una “libertad para”: una libertad para llegar a ser cristianos mejores y para poderse beneficiar de una vida sacramental. Planteada la cuestión en términos adecuados, entonces no existe ningún conflicto entre una psicología fundada en una sana antropología y las enseñanzas de la Iglesia. El desafío es encontrar psicólogos adecuadamente formados en esta perspectiva y esa es la razón por la que surgió la Asociación de Psicólogos Católicos de Ciudad Juárez.