Muy buenos días, les saludo con mucho cariño y amor de padre y pastor. Siempre es para mí una inmensa alegría comentarles alguna reflexión, darles alguna noticia a través de nuestros medios de comunicación diocesana como son Presencia y Radio Guadalupana, de quienes estoy muy orgulloso del trabajo que realizan.

Vamos empezando el mes de agosto, muchos sobre todo niños siguen de vacaciones, algunos jovencitos también disfrutando la familia, de algún paseo o estar en casa. Los felicito, que sigan con ese espíritu de fe de Dios en sus corazones.

Este domingo celebramos la transfiguración del señor Jesús, que acompañado de Pedro, Santiago y Juan suben al monte Tabor y ahí Jesús se transfigura en su presencia. Dice el texto: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve.

¡Qué impresión de belleza divina experimentaron los apóstoles!

Nosotros también tenemos esa oportunidad que Cristo nos ofrece de verlo y de tocarlo cada día en todo lo que hacemos, en todo lo que vivimos, pero particularmente en la Eucaristía.

En ese momento Jesús se transfigura, resplandece lleno de luz, se hace alimento para nuestra vida, su cuerpo, su sangre.

También nosotros como aquellos apóstoles quedamos extasiados, maravillados en la fe por la presencia de Cristo. De ahí la importancia de ir con esta actitud de fe, de amor al encuentro de Jesús.

Voy al encuentro de Cristo transfigurado de Cristo, eucaristía de Cristo, que es luz, que es vida, que es todo para mí y no solo son tres, ahora eres tú, yo, somos todos invitados a vivir este encuentro luminoso, gozoso con Jesús y escuchar como escucharon los apóstoles las palabras del Padre: “Este es mi hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias” y nos da una indicación muy fuerte muy directa: “Escúchenlo”.

Escuchar a Jesús no solo es verlo, no solo es tocarlo y sentir bonito. Vivir cada día el encuentro con Cristo en la Eucaristía transforma, escuchar a Dios es vida, como escuchamos estos domingos pasados las parábolas del reino, la semilla, el sembrador.

Escúchenlo todo lo que nos dijo en domingos pasados a base de parábolas, ahí está el resumen de lo que nos pide Dios Padre, escuchar a Jesús, su palabra, su presencia, sentirla, experimentarla.

Recibir su cercanía en nuestro corazón y escuchar es vivir, escúchalo, vive unido a Cristo, vive esa luz, acéptala, vive de acuerdo al resplandor y en ese sentido escucharlo es ser luz.

Tú también tienes que ser luz, yo obispo, tú madre de familia, tú jovencito, tú empresario, catequista, cada uno a partir de ese encuentro luminoso con Jesús, ser luz.

También vivir porque Cristo está en ti, Cristo se transfigura en tu persona, en tus palabras, en tus acciones, en tu obrar está el escuchar a Jesús, el hacer vida a Jesús, el hacerlo vida en nosotros. Por eso decimos en el salmo responsorial “Reina el Señor, alégrese la tierra”.

Que Cristo transfigurado reine en nuestra vida, en nuestro corazón y que reine en nuestros actos, en nuestros compromisos, en hacer el bien.

Que realmente el efecto de la presencia de Cristo se traduzca en obras, ser buen obispo, buen sacerdote, buena religiosa, buenos padres de familia, buenos jóvenes, buenos niños. Hacer el bien, ser luz, amar, ser justos y rectos.

No es fácil, somos débiles, de repente caemos, pero el Señor nos sostiene, nos fortalece. Siempre es tan grande su amor y su misericordia que nos sostiene y nos invita a seguir siempre adelante en nuestro camino.

Yo los invito a que este día, todos los días y cada domingo vayamos con esa fe, con esa actitud positiva, voy al encuentro a la montaña con Jesús para recibir su palabra, su luz, su gracia, quedarme extasiado de su presencia pero bajar la montaña alegre para vivir y construir todos juntos el reino de Dios.

Aprovecho para además de saludarles y manifestarles todo mi amor y mi cariño de padre y pastor, darles una noticia muy importante que apenas el martes pasado vimos con todos los presbíteros en el día de retiro en el templo del Señor de la Misericordia.

Hemos dado a conocer que con favor de Dios el 8 de septiembre a las 6 de la tarde en la parroquia del Señor de la Misericordia Dios me concederá la gracia de ordenar presbíteros a un buen número de diáconos.

Ellos han aceptado, lo han pedido, están dispuestos a ser ordenados.

Fernando de Santiago, Víctor Ortega, Víctor Vega, Jesús Salinas, Gary Eduardo y Jesús Caldera son los seis jóvenes diáconos que dedicado a María los voy a ordenar presbíteros.

Pido mucha oración por mí, es una gran responsabilidad, un gran don de parte de Dios el que me conceda ordenar a estos jóvenes presbíteros, pero también les ruego que hagan oración por ellos, que el Señor les ayude y les ilumine.

Tendrán sus ejercicios a mediados del mes de agosto para prepararse de una manera fuerte al momento de la ordenación.

Nos alegra esta noticia, serán seis nuevos sacerdotes al servicio de la Iglesia, de la diócesis, que vendrán a fortalecer y enriquecer nuestro presbiterio.

Los quiero y los amo a todos y les doy como siempre mi bendición, la bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes.

Un abrazo, saludos a todos.

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