Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Muy buen domingo de resurrección tengan todos. ¡Cristo ha resucitado!, es el grito de victoria, la noticia que se ha proclamado esta noche de vigilia y este día domingo de la Resurrección del Señor. ¡Qué bella noche! ¡hermoso día!

Hemos vivido celebraciones realmente preciosas. Quiero compartirles que en Catedral, lugar donde me toca presidir, la gente ha asistido en gran número y con fervor, devoción, con mucho amor a Cristo en los distintos momentos que hemos comentado el domingo anterior y que culminan con esta fiesta de vigilia pascual este domingo de Resurrección. Signos muy importantes que nos invitan a reflexionar y a apreciar más la celebración, como el Fuego Nuevo: Cristo vence las tinieblas y nos trae la luz, Cristo es la luz del mundo que viene a iluminar, con su muerte desaparece toda obscuridad, toda tiniebla y él es la luz. Por eso con ese fuego nuevo se enciende el cirio pascual y se proclama hermosamente el Pregón Pascual, ¡qué hermoso canto!, ojalá después tengan tiempo de re-leerlo  de meditarlo palabra por palabra. hermosísimo el pregón pascual.

Luego viene la liturgia de la palabra muy bellísima, que desde el Antiguo Testamento narra desde la Creación, la historia del pueblo de Israel, la historia de la Salvación, cómo Dios va preparando a su pueblo para la venida del Señor Jesús.

Quiero detenerme en la lectura del Nuevo Testamento, la epístola que se proclama es muy bellísima y es para proclamarla, para entenderla, para reflexionarla. Ahí nos dice san Pablo ‘por el Bautismo fuimos sepultados con él en su muerte para que así como Cristo resucitó de entre los muertos, por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva’.

 

Nueva Vida

Estamos llamados a vivir esta nueva vida en Cristo, vamos con gozo y con alegría no solamente hoy, este  domingo de resurrección, no solamente los 50 días de Pascua, no sólo a momentos, sino siempre, siempre llevar una vida nueva en Cristo.

Y por eso la proclamación del Evangelio de la vigilia de san Marcos, da la noticia: ha resucitado, el ángel da la noticia, a María Magdalena que va y lo busca y no lo encuentra de momento, pero luego le dice: ha resucitado. ¡Cristo ha resucitado!, es hermosa esa noticia, es llena de júbilo, ese momento en que se me da a mí, al pueblo y al mundo la noticia de que Cristo ha resucitado.

Necesitamos la experiencia del encuentro con Cristo resucitado, con Cristo vivo, ‘Miren’ es decir, ir y ser testigos de la resurrección del Señor y el otro verbo que utiliza san Marcos ‘vayan’ dice a las mujeres, ‘vayan, den la noticia, comuníquenlo, anúncielo’, así también nosotros mirar, meditar, contemplar, experimentar la presencia de Cristo resucitado, encontrarnos con el Cristo vivo para luego anunciar, celebrar la Pascua.

Hermanos, celebrar la vigilia, la Pascua de Resurrección nos compromete a ser testigos del resucitado. Anunciar, dar testimonio de la resurrección del Señor. Por eso también viene el momento de la liturgia bautismal, el signo del agua. Se bendice el agua, y luego la renovación de las promesas bautismales donde de verdad decimos ‘renuncio al pecado a la seducción, renuncio a mi egoísmo, ponle el nombre concreto al pecado, creo en Dios, creo en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, creo en la Iglesia y en la Vida Eterna. Renovamos nuestras promesas bautismales que no son y no deben ser una mera fórmula de los labios para afuera, sino la expresión de un compromiso, de una adhesión a Cristo, de un ‘estoy dispuesto a vivir lo que celebro’, a dar testimonio con mi vida de que Cristo ha resucitado, nos ha dado vida nueva y estamos llamados a vivir conforme a esta vida nueva que en Cristo resucitado hemos recibido.

 

La alegría del cristiano

Quiero comentar una frase en el prefacio de Pascua que les propongo también que la meditemos con calma: ‘muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida’ ¡qué hermosas palabras! …por eso celebramos el Viernes Santo la muerte de Jesús, que destruye nuestra muerte y resucitando restaura la vida.

Cristo nos restaura, soy un hombre restaurado, nuevo, pero también tengo que vivir esa novedad, esa vida nueva en Cristo, el Señor.

Todo esto, queridos hermanos, en un ambiente cien por ciento de alegría, de gozo, voy a la celebración con gusto, con amor a Dios y con alegría a encontrarme con Cristo el resucitado. La alegría del cristiano, la alegría del Evangelio, la alegría de Cristo. Por eso el gloria a Dios en el cielo, el Aleluya, el anuncio de Cristo que ha resucitado.

Vivamos siempre con alegría no superficial ni  momentánea, sino una alegría del amor de Dios de Cristo, que es luz, amor y vida.

 

Una invitación

Los invito este domingo y toda la Pascua y cada día a ir viviendo estos momentos de los primeros pasos de la Iglesia que nace precisamente en torno a Cristo que murió y resucitó, por eso la lectura de los Hechos de los apóstoles nos dice san Pedro y dicen los apóstoles: ‘nosotros somos testigos’, somos testigos de su resurrección y más todavía, dicen san Pedro, hemos comido y bebido con Cristo resucitado.

Hermanos, en cada Eucaristía en la que participamos se cumple esto: tú y yo, todos podemos decir como los apóstoles: estoy comiendo y bebiendo con Cristo resucitado, somos testigos. Por eso vuelvo a los verbos que antes decía: mirar, estar, contemplar participar y luego ser testigos.

Lo que celebramos, la Pascua del Señor, la resurrección de Cristo, no se puede quedar ahí, tiene que trascender. Por eso vayamos, prediquemos a Cristo, demos testimonio de Cristo resucitado siendo luz. Que la luz de Cristo brille en tu vida, en tus obras y palabras, en tu comunidad, en tu familia, en el mundo, para que no haya más signos de muerte, odio ni rencor en nuestra ciudad, sino más bien que la luz de Cristo habite entre nosotros.

En el evangelio de san Juan nos mandó predicar y dar testimonio, por eso María Magdalena es testigo del resucitado va y lo anuncia a Pedro y a Juan, ellos vienen y son  testigos de la resurrección y lo comunican a los demás discípulos y al mundo.

Que Cristo resucitado transforme nuestra vida y sigamos construyendo una diócesis, una comunidad viva en torno a Cristo resucitado que nos da vida y vida en abundancia.

A todos los abrazo y los bendigo. ¡Felices Pascuas de resurrección!