Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Excelente domingo, día del Señor, día de fiesta. Que estén todos bien, en armonía y llenos de gozo. Este décimo cuarto domingo del tiempo ordinario en la oración colecta pedimos así: “Concede a tus fieles una santa alegría”. Que nada nos entristezca, que nada nos opaque, nos debilite o destruya.

Basta que tengamos fe, como reflexionábamos el domingo pasado, para vivir una santa alegría, ya que el Señor nos rescata de cualquier situación y nos da su amor y su gracia. Vamos a disfrutar hoy domingo y toda la semana de esa presencia de Jesús.

El texto del evangelio que acabamos de escuchar de san Marcos es muy hermoso y significativo, pero también muy cuestionante. Cuando ya había llegado a ser muy popular Jesús, famoso por sus milagros y enseñanzas, Jesús vuelve a su lugar de origen, a Nazaret, y como era su costumbre se pone a enseñar en muchas partes, entre otros lugares, en la Sinagoga. Pero sucede algo extraño, nos narra san Marcos. Jesús en su patria, en su tierra, en Nazaret, no es reconocido. Manifiesta un rechazo el pueblo de Nazaret  a Jesús. Percibimos en este texto que no hay entusiasmo, no se le recibe bien. De ahí la frase famosa ‘Nadie es profeta en su tierra’.

 

Cuando falta la fe

Jesús dice claramente lo que sucede, la incredulidad de la gente por su poca fe. Jesús no realizó milagros no porque no los pudiera hacer, ¡por supuesto que los puede hacer! pero se vio de manifiesto la incredulidad de la gente.

Esto nos cuestiona a todos, somos en general un pueblo de fe, tanto México, como aquí en nuestra Diócesis de Ciudad Juárez, sin embargo tenemos que mirar a otros pueblos, concretamente quiero referirme al continente europeo, sigue siendo en cierto modo, en teoría, el centro de la cristiandad. Fue un continente con pueblos muy cristianos, aunque la fe en Cristo nació en Jerusalén, se consolidó en Roma, donde hasta hoy, y esperemos siempre, tengamos al papa sucesor de Pedro, hoy el papa Francisco.

Y ¿qué pasa con Europa? realmente Europa y muchos pueblos son la nueva Nazaret, se rechaza a Jesús, se expulsa a Jesús y eso nos puede pasar y ya está sucediendo entre nosotros en México, en América Latina, en nuestra fronteriza Ciudad Juárez.

Muchas ideologías, doctrinas, medios de comunicación algunos, instituciones incluso de gobierno, congresos, parlamentos, escuelas, expulsan a Dios, no se reconoce a Jesús como el centro de nuestra vida. No digo que ya esté al cien por ciento esta realidad, pero ¡atentos! algo está pasando en nuestra sociedad, se nos quiere impulsar a alejar a Dios y sacar de nuestras vidas a Cristo, el Señor, y como en Nazaret, Jesús se retiró de ese pueblo triste, humanamente hablando, por la incredulidad de aquellos.

 

El lugar de Cristo

Me pregunto, y pregúntate tú, querido hermano ¿Cristo ocupa un lugar importante en tu vida? ¿Cristo ocupa un lugar principal en tu vida, en tu familia, en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en la medicina, en todos los ambientes, incluso de servicio público o en la misma iglesia, en mi parroquia, en mi diócesis? Espero que sí. Espero que todavía tengamos una fe suficientemente sólida para reconocer a Jesús como Pedro decía ¿quién es Jesús?, Jesús es el mesías, el Hijo de Dios. Pedro confiesa su fe en Jesús y esa confesión de fe los lleva a su entrega hasta el martirio.

Hermanos, los invito a seguir confesando profundamente nuestra fe en Jesús. Que nada ni nadie nos arrebate nuestra fe, que no rechacemos a Jesús, que no hagamos a un lado a Jesús, que tengamos fe, una fe muy grande, una fe fuerte, y que nuestra fe nos lleve a una alegría y júbilo.

Por eso vuelvo a la oración colecta de inicio: le pedimos a Dios que nos conceda una inmensa alegría, un júbilo en la iglesia, la fe es un jubileo, es un júbilo, es Cristo, es Dios que nos bendice, no solamente cada 50 años como el jubileo del Antiguo Testamento, sino con Jesús el jubileo es siempre. Jesús nos perdona, nos devuelve la gracia, nos salva, nos redime. Jesús es el Señor, el Mesías, el hijo de Dios vivo, nos condona nuestros pecados, nos ama, nos da su gracia, nos reconcilia, nos da su perdón. Por eso Jesús es importante en mi vida.

 

Fortalecidos en Cristo

Luchemos, en el buen sentido de la palabra, con el testimonio, con la palabra, con el ejemplo de que Cristo reine, Cristo sea aceptado y sea algo muy importante en tu vida, en la escuela, en la universidad, en el trabajo, maquila, en todos los ambientes. Que nadie nos arrebate nuestra fe. Defendámosla viviéndola, testimoniándola, entregándonos a Dios.

Sí hay muchas preocupaciones e inquietudes, sí están sucediendo muchas cosas lamentables: inseguridad, violencia, robos, atentados, secuestros, guerras, problemas en todo sentido, familia, trabajo, la educación, también esa ideología en contra de la vida, en contra de la familia, del matrimonio, todo eso nos preocupa, pero también nuestra fe en Cristo nos debe de fortalecer.

Por eso, queridos hermanos, meditemos lo que nos dice Pablo en la segunda lectura: “te basta mi gracia”. Es Jesús que nos dice, a través de Pablo en la carta a los Corintios “te basta mi gracia”, porque mi poder se manifiesta en la debilidad, así es de que confiemos en la gracia de Dios, confiemos, no quiere decir que nos confiemos en el hombre, en la inteligencia, en la familia, confiemos en la gracia. Claro, confiando en la gracia de Dios, la gracia del Espíritu Santo, en la gracia de Cristo, en su amor, de ahí se deriva la confianza en la familia, la confianza en las instituciones, la confianza en todas las personas partiendo de nuestra fe en Jesús y de la confianza en la gracia de Dios.

Reconoce a Jesús en tu vida, acepta a Jesús en tu vida, ámalo, síguelo, que Cristo sea quien inunde de gracia y amor tu corazón y vida, y de ahí se derrame esa gracia en todos los ambientes: familia, sociedad, trabajo, iglesias, parroquia en toda la diócesis.

El señor nos bendiga y fortalezca siempre. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes.  Amén.

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