Entrevista a la psicóloga Victoria Nettel, quien nos explica qué es la ira y cómo enfrentarla…

 

Ana María Ibarra

La Ira es una emoción natural del ser humano que no es mala por sí misma. Sin embargo, se puede convertir en engativa cuando se ejerce un daño contra otra persona o sus propiedades materiales.

Esto explicó la psicóloga Victoria Nettel de Robles al hablar a los lectores de Presencia sobre el pecado de la ira y cómo enfrentarlo.

La especialista aseguró que la ira puede convertirse en una adicción o hábito conforme se ejerza y se alimente, por lo tanto, dijo, es importante buscar ayuda profesional, pero sobre todo mantenerse en oración con la esperanza de que en Dios todo se puede lograr.

 

 

1.¿Qué es la ira?

La Ira, desde el punto de vista psicológico, es una emoción que surge cuando las situaciones me originan frustración o disgusto o incluso cuando sentimos agresividad, hostilidad que viene hacia nosotros. La ira es una emoción que va a dar resultados a algunos sentimientos negativos. La emoción en sí no es algo voluntario, es una acción que surge involuntariamente ante una reacción del organismo y de la afectividad. De ese movimiento que surge en nosotros se inicia lo que sería un sentimiento que puede ser enojo, rabia, coraje, agresividad, incluso la envidia  genera enojo por el bien que posee el otro y yo quisiera tener. Siempre van a estar entremezclados pero finalmente, hasta donde vamos ahorita, no hay un ejercicio de la voluntad, son cosas que surgen sin que nosotros podamos evitar que surjan. (El sentimiento) sale, se da. Lo importante es, como personas racionales, pensantes, civilizadas y entrando en nuestra dimensión creyente, qué hacemos con esa masa doliente de las emociones negativas, que son pecados capitales y que tienen su contraparte en las virtudes.

 

  1. ¿Es pecado enojarse?

No, porque el sentimiento no es voluntario. Cuando alguien hace algo que a mí me causa enojo, molestia, esos sentimientos surgen de la pasión de la ira. Se llaman pecados capitales porque de ellos surgen los demás que pueden llegar a ser pecado, las demás conductas y vivencias como el rencor, el resentimiento, el odio…todo eso surge de la ira. Pero enojarse porque me ofendieron, porque me mintieron, todo lo que puede suscitar un enojo hacia otra persona, no es pecado. Lo que es pecado es lo que voy hacer con ese enojo. La intención ya en sí implicaría de una cierta actitud negativa en la que podríamos hablar de un rompimiento con la amistad con Dios, que es el pecado. Después entra la conciencia, darnos cuenta de lo que estamos haciendo y qué podemos hacer con esa ira, si voy a golpear o detenerme y reflexionar sobre de qué manera puedo manejar ese sentimiento. Ahí entra esa virtud increíble que es la mansedumbre. La mansedumbre no es ser manso, es tener el dominio de sí, el control sobre tus emociones, conocimiento de sí mismos y la capacidad de reconocer que no se está en lo justo cuando se está enojado con la persona. Es tener la capacidad de comprender, de ponerse en el lugar del otro, saber responsabilizarme si algo que hice inadvertidamente lo hizo reaccionar así. Todas esas capacidades de paciencia, de entendimiento, comprensión, razón, tolerancia, humildad constituyen la mansedumbre, y el Señor nos dice: “aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”. Ser manso quiere decir apacible; aunque rujan los truenos y se estremezca el mundo, hay paz en la persona. No es que sea impasible, que es al que no le importa, al que ni para bien ni para mal le afectan las cosas, eso lleva a la soberbia, una persona que no se compromete. El enojo como emoción, incluso los pensamientos que surgen instantáneamente no son pecado. La ira no es mala, es la defensa ante una amenaza, lo malo es cuando se la dirigimos a alguien.

 

3.¿Cómo o cuándo debemos confesarnos del pecado de la ira?

Cuando ya llegó a un extremo en que estoy pre juzgando a alguien, hablo mal de esa persona, lo descalifico, cuando por ese enojo causo un daño en alguna de sus propiedades, o le doy un golpe, ahí ya se está actuando. Cuando el enojo es en pensamiento se tiene que recapacitar y arrepentirse de haber pensado mal de alguna persona o de haber pensado causarle algún daño. El arrepentimiento es la clave de la reconciliación.

 

4.¿Dios se enoja?

Jesús se enojó cuando estaban los mercaderes en el templo, en ese momento era el hombre. Dios espera, nos da oportunidades, Así como en la parábola del Padre misericordioso que esperó a su hijo y lo recibió con una fiesta, Dios no se enoja. Habla el Antiguo Testamento de la ira de Dios, pero Él nos dio la libertad, entonces respeta su obra. A veces decimos que Dios castiga y no es así, somos nosotros los que tomamos nuestras propias decisiones. Al contrario, Dios es tan misericordioso que usa nuestros errores para nuestro bien o el bien de otra persona. Las malas experiencias las usa para enseñar a otros, o tomar otras decisiones más importantes. Dios es puro amor, amor incondicional, total, infinito, sin condiciones, gratuito, y no nos necesita para nada, nos creó, es puro amor, nuestro fin es darle gloria. Le fallamos muchas veces y nos sigue esperando. Es lo hermoso de la Confesión, acudir a Él, Dios nunca nos va a reprochar, nos recibe con los brazos abiertos.

 

5.¿Es posible que nos hagamos adictos a la ira?

El vicio, en este caso la ira, igual que la virtud, que es la mansedumbre, no son dones infusos. Las virtudes y los vicios se desarrollan como hábitos, sea un hábito bueno o un hábito malo. Ejercitar, practicar actos de enojo, de ira, de envidia y seguirlos y fomentarlos, estar siempre actuando de esa manera, permitiendo el enojo, la explosión, la agresión, se está agarrando un hábito malo y se hace adicción. Es igual con la virtud, si desde chiquitos empezamos a ser amables, tolerantes. Es difícil quitar tanto un mal hábito como uno bueno. Así como es difícil que se establezca uno bueno, tarda para quitarse uno malo, se lleva su tiempo y esfuerzo. La virtud se desarrolla ejercitándola, haciendo actos de lo que se quiere lograr. No se da mágicamente, por eso es importante cuidar a los niños de lo que les permitimos o no.

 

6.¿Qué ocurre cuando se hace adicción a la ira?

Lo que pasa con cualquier adicción, es difícil superarla. Alcohólicos Anónimos son un ejemplo maravilloso de cómo se puede trabajar con una adicción. Ellos hacen su promesa “solo por hoy voy a permanecer sobrio”, no dicen “no voy a beber”, hablan positivamente y cuentan con todo el grupo de apoyo. Ya que está instalado un problema de estos, hay que ir al psicólogo a que ayude al manejo de las emociones. Hay maneras de trabajarlo en la terapia, pero sólo si la persona quiere y está decidida. No hay que descartar la ayuda psicológica, pero si se empieza a llevar la vida en serio con Dios y se propone vivir poco a poquito actos de paciencia, de tolerancia, se puede lograr y empezar a disfrutar la paz que eso nos da, es lo que nos ayuda a seguir, ver cómo va cambiando el clima. Hay que hacer mucha oración, buscar los sacramentos, crecer en la fe para que verdaderamente nazca el fuego por seguir a Jesús y al seguir a Jesús no hay nada difícil en este mundo, porque Él lo hizo primero. Hay que reconocer el por qué se quiere cambiar, ser mejor persona, más saludable, cuidar de sí mismo. Los creyentes que hemos recibido el don de la fe, de haber descubierto que vale la pena caminar por este camino, somos muy afortunados.

 

RECUADRO

¿Cómo debemos orar cuando

alguien nos hace enojar?

 

En Talleres de Oración y Vida hacemos un ejercicio que se llama “perdonar en el espíritu de Jesús”, se trata de leer el evangelio, hacer silencio y sentir como Jesús, contagiarse de su mansedumbre, de su comprensión. Después, imaginarse a la persona con la que se tiene el problema y decirle “yo te perdono, yo te amo, yo te abrazo con Jesús”, verla con los ojos de Jesús, abrazarla, sentir a Jesús en uno mismo y, sin que uno se dé cuenta, se siente un bálsamo en el alma que ayuda a que cuando se ve a la persona físicamente ya no se ve con ojos de enojo, sino con ojos de Jesús. Decía el padre Ignacio Larrañaga “si supiéramos comprender, no habría necesidad de perdonar”, es ponerse en el lugar del otro, pedir a Dios que vea cuales son mis actitudes que hacen reaccionar al otro de esa manera, o descubrir qué necesita de mí y no me doy cuenta o qué no le he podido dar, de qué manera puedo ser para ella la persona que necesita. Es un diálogo, porque eso es la oración, un dialogo con Dios, entonces va cambiando la manera de ver a esa persona.

El padre Ignacio propone una modalidad que llama el deporte de amar, durante una semana, después de la oración, poner en la mente a esa persona con quien se tiene conflictos y enviarle lazos de cariño, de amor, de ternura, de perdón. Esto sana la herida y lo más maravilloso es que nos hace más semejantes a Cristo. La oración es una experiencia de crecimiento personal, de liberación, de amor, de esperanza, de confianza, es un dialogo que no termina nunca, ahí se entregan las penas y se siente consuelo.

 

Algunos consejos

Nadie se espante de enojarse, de a veces tener un desahogo fuerte, o una reacción, pero hay que tomar conciencia de que no es solo mi enojo, sino que lastimo a otro.  No asustarse porque a todos nos pasa, todos hemos sentido ira, enojo, furia, impotencia, frustración, rabia. Son sentimientos que nos van a llegar porque la vida no es fácil. Lo importante es saber ¿qué voy hacer?, ¿cómo quiero vivir?, con paz o enojada y en pleito. Es la elección de cada quien, tan fácil, pero tan difícil. Hay muchos pasos: detenerte, dejar que las cosas se tranquilicen, reflexionar y decidir lo que quiero, ser feliz o amargado, y si se quiere ser feliz ir dando pasitos, uno a la vez. Nunca es tarde para dar el primer paso.