Mons. J. Guadalupe Torres Campos

Muy buen domingo para todos, día del Señor, Año nuevo Litúrgico. La semana pasada, Solemnidad de Cristo Rey del Universo cerramos el anterior Año Litúrgico, hoy estamos estrenando año nuevo litúrgico con el Adviento.

Quiero empezar esta reflexión con la frase propia de las lecturas del día de hoy: “mirad que llegan días”, una frase que nos centra en nuestra vida cristiana en un permanente Adviento; tenemos este tiempo litúrgico, pero siempre la Iglesia es Adviento porque camina en la esperanza. “Mirad que llegan días”.

Vamos a reflexionar durante todo este Año Litúrgico, empezando con el domingo primero de Adviento hoy, el evangelio de San Lucas, que se caracteriza por cuatro aspectos importantes: uno, es el evangelio de la misericordia. Lucas como médico resalta de Cristo la misericordia, es el evangelio de los pobres. En cada pasaje, en las parábolas, en el desarrollo de los evangelios, Lucas resalta ese amor de Dios y especialmente de Cristo por los pobres;  es el evangelio de la oración, resalta fuerza de la oración en Cristo y resalta la oración en el Espíritu Santo y por último se preocupa por la parte histórica, da más datos históricos de Jesús.

 

Recomendaciones

Los invito a ir adentrándonos en este Año litúrgico. Recomiendo tener a la mano la Biblia y leer y meditar durante todo este año el evangelio de San Lucas. La Liturgia de Adviento nos hace mirar siempre hacia adelante, por eso esa frase, mirad qué llegan días, he aquí que viene Dios, Cristo glorioso, nos presenta la venida de Cristo glorioso, triunfante, se nos invita y los invito a ustedes a estar en un permanente estado de espera. Por eso decía que la Iglesia y nosotros como Iglesia debemos estar en parmente estado de espera. Ya vino, se encarnó, sigue viniendo cada día, por eso lo esperamos que venga hoy, este domingo viene Jesús y lo espero y vendrá el hijo de Dios.

“En que cumplió la promesa que hizo a la Casa de Israel y a la casa de Judá, aquellos días, y aquella hora suscitare  David un vástago legítimo qué hará justicia, vendrá Jesús al final de los tiempos en un estado permanente de espera”. Todos los verbos son en futuro, vendrá prepárense, estén alertas, vigilen. Y Jeremías resalta el glorioso retorno de Cristo al final de los tiempos, entonces verán venir al Hijo del Hombre, además estar siempre con esa expectativa en la fe, en el amor.

Es la esperanza esa virtud tan rica que da sentido a nuestro caminar y nos prepara y dispone pensamiento, corazón, mente, vida, todo a ese Jesús que viene cada día y al final de los tiempos.

Por eso, el salmo responsorial nos proyecta, nos invita que meditemos cada frase, cada copla y nos proyecta hacia delante. Así dice el salmo “a ti Señor levanto mi alma”, ¡qué hermoso!, esa debe ser nuestra oración, nuestra vida, todo lo que hagamos: “a ti Señor levanto mi alma, mis pensamientos”. Le dirijo mi vida, mi voz, mis pasos, mi corazón, mi actitud, mi familia, mi diócesis.

Invitación a ponernos en camino. La Palabra de Dios nos invita a ponernos en camino con esperanza. Sin esperanza no, porque caminaríamos sin sentido, con fe, con amor, pero es fundamental siempre y en este tiempo caminar, ponernos en camino con esperanza. Hay que recuperarla en todo caso, si hemos perdido la capacidad de esperar. Volver a tener o cultivar todavía más, fortalecer esa capacidad de espera, Dios nos la dio, la tenemos, pero a lo mejor ahí esta escondida, muy enterrada. ¡Sácala, despiértala! y vuelve a esperar como aquella caña que se dobla y se endereza. Así nuestra vida: nos doblamos, pero si sacamos esa virtud de la esperanza, nuestra caña, nuestra vida se enderezara. Vivir y esperar, dos verbos muy importantes que durante este tiempo se nos propondrán y yo los invito a reforzar con la vida: vivir y esperar.

 

La esperanza como motor

¿Qué es el Hombre en su realidad existencial más profunda, sino la capacidad de esperar, de proyectarse hacia el futuro? San Pablo en la carta a los Romanos, capitulo 5:5 nos dice: la esperanza no falla nunca, entonces hermano, amigo, la esperanza es un motor, es algo que nunca falla, y es oponer nuestra vida en Dios, escuchar en Dios, confiar, esperarlo para recibirlo cada día.

La esperanza es lo único que hace bella la vida y capaz de vivirse, fíjense en esta expresión, aquí se nos propone como una novedad, no sólo vivimos el presente, lo que tenga ahorita, lo que tengo en este momento, esa mentalidad comercialista del mundo de los medios, lo  tangible, lo que esta aquí, tenemos que ver un poco más hacia el futuro. Esperar, porque la esperanza me levanta, me fortalece, da alegría y sentido a mi vida, a mi caminar, una vida siempre que es a lo que aspiramos con esta permanente novedad. ¿Qué es de la vida sin esperanza?, pregunto. Pregúntate. Aquello de lo que tenemos más necesidad en la vida son los sobresaltos de la esperanza, y eso es lo que la Liturgia, siempre, pero en especial de este tiempo de Adviento quiere ayudarnos a realizar al inicio de este Año Litúrgico.

Por último les invito a una reflexión: normalmente la esperanza es, ‘yo espero que Dios me ayude, me socorra, como si tuviera yo un crédito con Dios para que me auxilie, me sane, y escuche en una oración, una petición. Yo espero de Dios. Por supuesto eso es válido, pero quiero proponerte también que reflexiones en algo distinto, en algo muy importante: también Dios espera de nosotros, también Dios conoce la esperanza, también espera algo de ti. Yo espero de Dios, mucho, pero es mas importante, Dios espera algo de ti, y es donde tienes que orar en silencio durante este tiempo: ¿qué espera Dios de mi en este Adviento que me prepara a la Navidad?, ¿Qué espera este niño Dios que va a nacer en Navidad de mí?,

También Dios este tiempo de Adviento nos invita a la conversión. Escucharemos, San Juan nos dirá eso, arrepiéntete, cambia tu vida. Dios espera que me convierta a partir de un arrepentiemiento, el arrepentiemiento de un hombre es la coronación de una esperanza de Dios. ¿Qué será este año Litúrgico bueno para Dios?, concluyo con esta pregunta. Y si es bueno para Dios, será bueno para nosotros.

Que Dios te bendiga y fortalezca, haz mucha oración, prepárate espiritualmente en tu interior, aparte de lo externo, con mucho cuidado, prepara tu corazon para esta Navidad.

La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espiritu Santo permanezca siempre con ustedes.