Diversos servidores de la parroquia Mater Dolorosa y sacerdotes de la diócesis recordaron con mucho cariño al padre Jorge Gustavo Fong, a 10 años de su muerte…

 

Ana María Ibarra

A manera de homenaje, con testimonios y música, la comunidad de la parroquia Mater Dolorosa recordó a quien fuera su primer párroco, el padre Jorge Gustavo Fong, al conmemorarse 10 años de su partida a la casa del Padre.

El evento se realizó la tarde del pasado sábado 4 de marzo, cuando familiares y amigos del sacerdote celebraron la vida de quien fuera un gran maestro.

Formador de comunidades

Uno de los testimonios de esa noche fue el del padre Mario Manríquez, vicario de pastoral de la diócesis, cuya vocación fue inspirada en el padre Fong.

“Cuando llegamos ningún comité de vecinos nos dio la bienvenida pero el padre Fong tenía esa conciencia de dar la acogida a los que llegaban de fuera de la ciudad”, recordó el padre Mario sobre su llegada a Ciudad Juárez, en 1980, cuando conoció al padre Fong en la parroquia La Sagrada Familia.

Otro aspecto que el vicario de pastoral recordó del padre Fong fue su capacidad de formar pequeñas comunidades.

“Desde 1984 hasta este año 2017, me reúno con esa comunidad que formamos de jóvenes. Esa comunidad es la herencia que nos dejó el padre Fong”, resaltó el sacerdote.

Pero sinduda la herencia más importante que dejó el padre Jorge Gustavo al padre Mario, fue su vocación.

“En la primera confesión me invitó a entrar al Seminario. Le dije que no, y fue hasta 1987 cuando decidí ir, pero esa semillita estaba ahí. Por eso, en la parroquia Santa Teresa de Jesús tenemos un salón que lleva el nombre del padre Jorge Gustavo Fong”, señaló.

 

Un padre para la comunidad

Otro sacerdote que compartió en su juventud con el padre Fong, fue el padre Oscar González, vicario de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús.

El sacerdote dijo que descubrió en el padre Fong a un verdadero padre, que recibía a las pequeñas comunidades en su casa para convivir con ellas.

“Era un padre que sabía recibir, sabía acoger, abrazar. Cuando estaba en su casa, me sentía en mi casa. Nos recibía con amor y los jóvenes anhelábamos siempre estar en su casa”, recordó el padre Oscar.

Añadió que, al igual que el padre Mario, su vocación nació del testimonio de vida del padre Fong, a quien recordó como un sacerdote entregado a su comunidad.

“Un año y medio me bastó para enamorarme del sacerdocio en la persona del padre Fong. Cuando el celebró sus 50 años de ministerio, decidí ser sacerdote. En el Seminario me motivó a seguir con acompañamiento… sus palabras sabias llegaban al corazón”, compartió.

Y agregó: “A una persona nunca se le olvida cuando se le lleva en el corazón. En su sepultura le prometí que lo recordaría en cada misa que celebrara, hasta que juntos celebremos el Día de Bodas del Cordero”.

El homenaje estuvo acompañado de canciones que al sacerdote Fong le gustaba escuchar, así como proyecciones de fotografías que contaban su vida y ministerio.

 

Para destacar

“En su enfermedad me decía: No pidas a Dios que me sane, Él sabe si me sana o no, pídele que me fortalezca. Fue un verdadero párroco, con limitaciones, pero un padre, siempre nos sentíamos apoyados por él. Fue un maestro para enseñar la parábola del hijo pródigo. Lo recuerdo siempre y pido a Dios por él.”.

Abraham Gutiérrez, diácono permanente.

 

“Era muy estricto. Era un amigo personal. Me apoyó en los ministerios, en mi familia. Doy gracias a Dios por el tiempo que conviví con él. Siempre pido su bendición para mi familia”.

Juanita Arredondo, servidora de Mater Dolorosa.