Ana María Ibarra

Con un enfoque a la defensa de la vida, el pasado 11 de diciembre jóvenes de la diócesis, mayormente de la comunidad parroquial San José de Lomas, realizaron su cuarto recorrido portando la imagen de Santa María de Guadalupe y la Antorcha Guadalupana.

Los jóvenes salieron del templo madre Catedral para dirigirse a su parroquia, deteniéndose antes en nueve templos de la diócesis.

 

Preocupados por la vida

Preocupados por la ola pro abortista que se extiende a lo largo de México, especialmente en Ciudad Juárez, los jóvenes dirigieron su lema este año a la defensa de la vida.

“Salvemos las dos vidas”, fue la leyenda que se pudo leer en la manta que portaron en su caminar.

Además, vistieron en sus ropas los pañuelos azul celeste que desde hace unos meses se aprecian en eventos provida.

Los antorchistas se concentraron en el templo de Catedral donde la antorcha fue encendida por los jóvenes y bendecida por el padre Eduardo Hayen, párroco de Catedral, quien se dijo contento de poder recibirlos.

“Esta es una actividad muy hermosa, visitando parroquias. Ustedes como testigos de la fe de nuestro pueblo y peregrinos, deben aportar alegría a la Iglesia, su esperanza, caridad y fe para ir creciendo en la espiritualidad”, dijo el padre Hayen.

 

Su andar

Después de recibir la bendición del padre Eduardo, los jóvenes se dispusieron a recorrer las calles visitando nueve templos entre parroquias y capillas de la diócesis, donde se encontraron con otros jóvenes y adultos para juntos rezar a María Santísima en su advocación de Guadalupe.

En su recorrido, de aproximadamente 25 kilómetros, entregaron todo su esfuerzo y dedicación por la obra de Dios, llevando en su interior distintas intenciones tanto personales como comunitarias.

Cabe mencionar que el contingente juvenil estuvo acompañado por algunos adultos y el sacerdote Marcelino Delfín del Pozo, párroco de San José de Lomas.

Su andar fue testimonio vivo para quienes los vieron y lo poco o mucho que pudieron dejar en el corazón de la gente, fue motivo de bendición para ellos.

Sintiéndose amados por Dios, su cansancio no mermó su devoción, y seguros de que sus peticiones fueron escuchadas, continuaron su recorrido por algunas horas hasta llegar a su parroquia donde fueron recibidos por su comunidad.