Religiosa mexicana gana el premio Ponciano Arriaga Leija por la atención a migrantes

Vida Nueva Digital

El pasado 13 de diciembre, la hermana María Magdalena Silva Rentería recibió el reconocimiento denominado “Ponciano Arriaga Leija” 2019, por su trayectoria y labor en favor de los derechos humanos de las personas migrantes y solicitantes de refugio, por parte de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM).

Historias de migrantes aterradoras

Durante la ceremonia, la religiosa de la Congregación de las Hermanas Josefinas y Directora de la Casa de Acogida y Formación para Mujeres y Familias Migrantes (Cafemin), recibió el premio de manos de la presidenta del organismo, Nashieli Ramírez.

De acuerdo con la CDHCM, el premio le fue otorgado por “su contribución y aporte a los derechos de las personas migrantes, así como por la articulación y sinergia que ha producido con diversas redes y organizaciones que alcanzan a todo el territorio nacional, y porque es necesario visibilizar las acciones de dirección y coordinación realizadas por mujeres en espacios pastorales”.

Al recibir la presea, la hermana María Magdalena Silva aseveró que las situaciones que viven los migrantes en México “de repente se vuelven aterradoras, se vuelven el calvario y hasta el infierno”.

Añadió que cuando se encuentran con los rostros e historias de cada una de estas personas “el corazón se hace pequeño, se arruga; la impotencia de encontrarte con las barreras, los obstáculos, de no poder también ofrecerles y decirles que en México encuentran las oportunidades para poder no vivir, sino de repente, sobrevivir, eso duele, eso cala, hiere y lastima”.

No obstante –dijo– también es encontrar personas generosas en “este mundo de desigualdades, discriminaciones, rechazos; recuerdo las primeras caravanas que llegaron a la Ciudad de México en 2018, esa suma de voluntades, corazones y acciones que nos permitió atender a miles y miles de personas; empezábamos a dar de comer a las ocho de la mañana y terminábamos a las diez u once de la noche”.

Ser defensor, una opción de límite y riesgo

Asimismo, consideró que el ser defensor de derechos humanos es una “opción de límite y de riesgo, de frontera y se necesitan ahora más que nunca muchas personas que estén dispuestas a correr esos riesgos y retos. Gracias por seguir apostando a estos apostolados”.

Dedicó el galardón a las personas migrantes de las fronteras norte y sur del país, “a aquellas que transitan por el centro de la nación. A ellas se debe el trabajo, a ellas se debe la vida”.

La hermana Magda es originaria de Zacatecas, de donde emigró para iniciar una carrera religiosa y unirse a las Hermanas Josefinas en 1972 en la Ciudad de México. Ahí inició su servicio con niños, niñas, jóvenes y mujeres; su misión fue llevarles una vida más digna y humana.

Durante el sismo en México en 1985 coordinó los albergues para personas damnificadas. Es integrante del equipo nacional de la Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

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