Ana María Ibarra/ Claudia Iveth Robles

Ante los casos de pedofilia por parte de sacerdotes católicos que han causado no sólo escándalo en la Iglesia, sino también dolor en sus integrantes, párrocos locales hicieron una reflexión de estos hechos mostrando su sentir como parte del clero católico, pero también como seres humanos a quienes les duelen tanto las víctimas, como el pecado de sus hermanos.

 

Julián Badillo/ Párroco Nuestra Señora de Lourdes

Ya desde hace algunos años se viene queriendo oscurecer la labor pastoral de nuestra Iglesia y en concreto el servicio que prestamos los sacerdotes y obispos en el mundo actual. Los casos de pedofilia han lastimado a la sociedad y en especial a la Iglesia.

Los abusos a menores por parte de ciertos clérigos y la falta de acción por parte de algunos obispos es lo que ahora duele a muchos que estamos trabajando con un cariño y dedicación en el ministerio sacerdotal para hacer presente el amor y la misericordia de Dios.

Creo que este tiempo es una exigencia para nosotros en el ministerio sacerdotal de esforzarnos más en este camino de configuración con Cristo, es una llamada a la fidelidad y sobre todo a la entrega generosa a todo el pueblo de Dios, que lo más espera de nosotros es coherencia con lo que anunciamos y vivimos.

Pido a Dios por las víctimas para que les dé fortaleza y logren vencer el pasado y les conceda justicia. También pido por aquellos que han cometido dichos delitos, les dé Dios arrepentimiento y una verdadera conversión.

 

“Pido a Dios por las víctimas para que les dé fortaleza y logren vencer el pasado y les conceda justicia. También pido por aquellos que han cometido dichos delitos, les dé Dios arrepentimiento y una verdadera conversión”

 

Roberto Luna/ Párroco Corpus Christi

Cuando escucho sobre los escándalos en la Iglesia, de cualquier tipo, en especial los que últimamente se han manifestado en lo referente a la pedofilia, primero hago un profundo examen de conciencia de cómo estoy viviendo mi sacerdocio, medio de vida y esperanza.

Además reconozco la naturaleza santa y pecadora de nuestra Iglesia, de la cual formo parte y no dejo de luchar personalmente, también, como muchos otros, en la búsqueda de la santidad.

El Papa Francisco ha manifestado muy hermosamente que la Iglesia, y en particular las parroquias, son “hospitales de campaña” que fortalecen a los heridos y también, siguiendo con la misma idea, no se libra en los combates, de la lucha diaria, de uno que otro ataque.

Pero mi confianza está puesta en Dios porque soy conciente que la Iglesia, de la cual formo parte, no es finalidad en sí misma; sino también medio de salvación donde poco a poco el anuncio del reino y estos ejercicios de purificación, manifestados en tan vergonzosos y tristes escándalos, hacen que se descubra cada día como medio, y no fin, en el anuncio de la salvación.

Por último, rezar por cada uno de nosotros, es más, de unos por otros, ya que esto es lo que nos sostiene y nos anima en este valle de lágrimas que a decir verdad, también hay cosas muy bellas que Dios, nuestro padre misericordioso, nos va mostrando.

 

“El Papa Francisco ha manifestado muy hermosamente que la Iglesia, y en particular las parroquias, son hospitales de campaña que fortalecen a los heridos y también, siguiendo con la misma idea, no se libra en los combates, de la lucha diaria, de uno que otro ataque”

 

Martín Magallanes/ Párroco San Ignacio de Loyola

Hoy en día todos hablan de sus derechos y de defenderlos. También existen los derechos de los niños y muchos los desconocemos. Es verdad, se proclaman, pero no se pone cuidado en que se cumplan. Aunque la pederastia es algo que se da y sólo el .01% algún ministro es responsable (esto hablando también de otras iglesias), la verdad es que en la mayoría de los casos los responsables son miembros de la familia, amigos o conocidos.

Comparto sólo lo que indica este texto de Mateo 18,6-7: “Al que haga caer a uno de estos pequeños, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más profundo del mar. ¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Tiene que haber escándalos, pero, ¡ay del que causa el escándalo!”.

Es preciso, pues, reconocer que hemos robado la esperanza de nuestros mas pequeños y hemos desviado el fundamento de nuestra sociedad: la familia, según indica el Plan Global de Pastoral de la CEM.

 

“Es preciso, pues, reconocer que hemos robado la esperanza de nuestros mas pequeños y hemos desviado el fundamento de nuestra sociedad: la familia”

 

Felipe de Jesús Juárez/ Párroco San Felipe de Jesús

Es un problema que se está suscitando en base y directamente a una situación de escándalo y de dolor para la humanidad, pero también es parte de los males del corazón del hombre, de pecados graves que se están señalando.

La Iglesia siempre ha enseñado con claridad ese aspecto tan delicado, el Señor dice que “el que toque a uno de estos pequeños lo hace conmigo mismo”, es decir, el Señor nos muestra el camino en este sentido espiritual.

En la vida de la Iglesia, esta situación no está exenta en la humanidad, de ser trastocado el orden moral de las cosas por causa del pecado original en el hombre y las heridas que lleva en su vida. Esto no es para disculpar una situación, sino para comprender que hay situaciones de heridas y pecado que no han sido sanadas de raíz. La psicología dice muy claramente que el que fue abusado abusará de los demás

La persecución a la Iglesia siempre ha estado presente, pero esta situación se vuelve mediática. Los medios de comunicación utilizan la información de algunos casos y generalizan rompiendo toda ética de comunicación. El abuso de menores es algo que padece la Iglesia, casos que fueron crímenes y que no debieron haber sucedido. Los niños tristemente son abusados por sus mismos padres, no es sólo la Iglesia Católica ni el celibato responsable de estos delitos. No es un mal de la religión, es un mal del corazón del hombre.

Esto nos invita a unirnos a la comunidad sobre todo en la defensa de los pequeños, a buscar caminos de reparación de estos daños graves, el aspecto de vivir y buscar la verdad, de promoverla en los medios, también en el sentido de que seamos responsables de la salvación de los demás; no podemos ser iglesia sin esta conciencia. Si se sabe de un caso de este tipo que se denuncie, esto es lo que ha pedido la iglesia, el Papa Benedicto XVI, el Papa Francisco, también San Juan Pablo II lo refirió en su momento. La Iglesia no solapa el pecado, pero también es ella instrumento de salvación. Estamos llamados a vigilar y tutelar por las víctimas y orar por el pecador.

 

“Esto nos invita a unirnos a la comunidad sobre todo en la defensa de los pequeños, a buscar caminos de reparación de estos daños graves, el aspecto de vivir y buscar la verdad, de promoverla en los medios”

 

Aristeo Baca/ Párroco Santa María de la Montaña

La realidad es muy lamentable, ha habido abusos contra inocentes criaturas, no me quiero endurecer en mi posición porque no quiero levantar un índice acusativo, pero tampoco quiero convertirme en cómplice con mi silencio. Tengo que admitir humildemente que habemos hermanos sacerdotes que no logran controlar sus emociones y no las encausan en una espiritualidad de entrega, de oblación a Dios; si no estoy unido a Cristo naturalmente voy a fallar, pero estoy pensando en una adulta, que sería lo natural, no con un inocente. Frente a la cantidad enorme de hermanos que son fieles, estamos en un tiempo en que lo único que importa es echar tierra y lodo a lo que el sacerdote está llamado a ser: un faro que ilumine.

Es una alerta seria al equipo formador de nuestro Seminario, deben poner más atención al aspecto de una renuncia positiva que libera y hacer un cuestionamiento fundamental porque ellos son los que están esculpiendo en la personalidad de un hombre que debe entender el celibato como una gracia de Dios.

Debemos solidarizarnos con las víctimas y sus familias, son miembros de la Iglesia, han sido objeto de burla, de escándalo, están sufriendo, han sido burladas por alguien que era digno de toda confianza.

Considero que no debemos de rasgarnos las vestiduras ante las fallas de los demás, más tratándose de un hermano, tampoco es una cosa que se deba minimizar, pero sí tenderle, hasta donde él lo permita, una ayuda fraterna, no que con una palmada se olvide todo, sino que se reencuentre con su sacerdocio, con su vida de oblación, de entrega.

De rodillas pedir a Dios que los fortalezca para que sea un sacerdote íntegro, que viva su sacerdocio con plena libertad. Y de ser necesario ayuda psiquiátrica, un retiro espiritual. Pero la Iglesia está dejando manos libres a la justicia humana, quien hizo un daño a una criatura es un delito que se paga con cárcel y enfrentar las consecuencias.

 

“Debemos solidarizarnos con las víctimas y sus familias, son miembros de la Iglesia, han sido objeto de burla, de escándalo, están sufriendo, han sido burladas por alguien que era digno de toda confianza”