Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Les saludo con mucho afecto y amor de padre y pastor. Este domingo, aunque estamos en el tiempo ordinario, celebramos una solemnidad muy especial: la Solemnidad de la natividad de san Juan Bautista. La Iglesia acostumbra a festejar normalmente el día de la muerte de un santo, significando el día de su nacimiento al cielo, pero hay pocas celebraciones de santos, además, obviamente de Cristo y de María, que se celebra el nacimiento, como es el caso de hoy 24 de junio, que celebramos el nacimiento de san Juan Bautista, ya que fue santificado en el mismo vientre materno por la presencia de Cristo en el momento de la visitación de María a Isabel.

En esa Solemnidad de la Visitación recordemos que al llegar María, esperando a Jesús en su vientre, llega y saluda a Isabel, y dice el texto: la creatura salto de gozo en su seno, refiriéndose a san Juan. Saltó, es decir, Dios santificó el vientre materno de Isabel, el fruto de ese vientre que sería Juan el Bautista.

Se trata de una de las fiestas más antiguas, aproximadamente del siglo IV, tal vez antes, ¿por qué celebrar el nacimiento de san Juan el 24 de junio?, porque como dice el mismo texto de la biblia que Jesús debió haber nacido 6 meses antes que el niño Jesús, y según los calendarios de la historia de la Iglesia, se ubica el nacimiento de Juan el 24 de junio.

 

Fiesta importante

Es una fiesta muy importante, muy significativa que celebramos el día de hoy. Hoy nos enfocamos en su nacimiento más que en su vida, más que en su misión de ser el precursor del Salvador, de presentar ya en la edad adulta a Cristo, Señor, nos enfocamos más en su nacimiento que sucedió de una manera extraordinaria: le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo y todos se alegraron, los vecinos, los parientes, como hoy nos alegramos  siempre en torno al nacimiento de un hijo, y más todavía por la circunstancia de los papás ancianos Zacarías e Isabel, e Isabel estéril, además de anciana. Y sin embargo Dios hizo el milagro. Isabel concibió y dice el texto, le llegó a ella la hora de dar a luz y nació Juan.

¿Qué nombre le pondremos? Y todo mundo decía, como su papá, como la tradición, el nombre del papá o del abuelito, por la tradición.

Pero Isabel muy firme, muy consciente, más allá de un nacimiento natural -habría algo sobrenatural en aquello- dice ‘no’, su nombre será Juan, muy firme, dice el texto. Y todo el mundo se preguntaba ‘pero ninguno de tus parientes se llama así’ ¿por qué Juan?. Juan significa ‘Don de Dios’, un nombre muy simbólico. Y decían, no, vamos a preguntarle al papá, ‘oye Zacarías qué nombre le pondrías a tu hijo?

Y como estaba mudo porque no había creído en un primer momento, dijo: ‘denme una tablilla en qué escribir; le dan una tablilla y escribe ‘su nombre será Juan’. Nuevamente, igual que Isabel, Zacarías tiene la firme convicción de que ese niño que fue concebido en circunstancias especiales, y que nace también en circunstancias especiales, será llamado Juan: un don de Dios, porque tendrá una misión muy importante. El don de la vida que recibió Juan en sus padres en el vientre de Isabel, tendría una misión muy importante más adelante: anunciar al Salvador, presentar al Cordero de Dios.

 

Contemplar el nacimiento

Por eso escuchamos en los Hechos de los apóstoles que nos dice el texto de hoy ‘del linaje de David conforme a la promesa Dios hizo nacer para Israel un salvador, Jesús’. Juan preparó su venida predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia. Ahí esta Juan: preparó su venida, pero hoy toca más bien contemplar el nacimiento.

Dios bendice el vientre de Isabel, Dios bendice los vientres de todas las mamás cuando conciben. Aquí está bien claro el plan de Dios: la vida. Dios da vida desde la concepción. ‘saltó’, hay vida. Toda mamá manifiesta: ‘sentí que mi hijo se movió’, todos los niños saltan como una expresión de la vida, del don de Dios.Y así como Juan saltó en el vientre de su madre, y todo niño salta y se mueve, nos muestra que hay vida. Es vida desde la concepción, y quiero dejar muy claro que en la Iglesia y para todos en nosotros es una verdad: desde la concepción hay vida.

Todo hijo concebido es un don de Dios, hay vida desde el inicio y después a los nueve meses nacerá y gozaremos de aquel bebe que nos ha nacido y que como Juan tendrá una misión en la vida. Lo importante es que todos, papá y mamá, sobre todo cuando conciben un hijo, tengan plena conciencia del don de la vida como Zacarías e Isabel son bien conscientes del don de la vida en su hijo, y sobre todo son bien conscientes que Dios tiene un proyecto para su hijo Juan.

 

Cuidar la vida

Que todos los papás del mundo, al concebir un hijo, sepan eso: primero, es una vida que hay que cuidar desde la concepción, abiertos a la vida, y durante el embarazo cuidar de aquél bebé, de aquella persona que ya está en el vientre de la madre, cuidarla, amarla quererla, porque salta, es vida, se alegra y Dios bendice el vientre de la madre.

Y hay que estar conscientes de que este hijo que Dios les ha dado tendrá una misión, y ustedes, papás, tendrán la tarea de ayudar en la formación de aquel hijo para que el hijo, con la gracia de Dios, cumpla el proyecto de Dios en él.

Juan lo cumple y por eso hoy celebramos esta fiesta hermosísima de la natividad de Juan el Bautista.

Como termina la primera lectura ya se anuncia este nacimiento: tú eres mi siervo, Israel, en ti manifestaré mi gloria, hizo de mi boca una espada filosa, Juan el profeta me escondió en la sombra de su mano’, es decir, me protegió, me dio su gracia, me hizo flecha puntiaguda, me guardó en su aljaba y me dijo: tú eres mi siervo, Israel, en ti manifestare mi gloria.

En Juan, Dios manifiesta su gloria. En cada hijo que es concebido, Dios manifiesta su gloria. Por eso somos llamados a respetar la vida. Pecado gravísimo es atentar contra la vida, lo digo con todas las palabras: el aborto es un pecado mortal. Por eso el nacimiento de san Juan nos recuerda que todo nacimiento es digno, es hermoso, es un don de Dios, y hay que respetar, valorar, porque Dios, además de dar la vida, tiene un plan y una misión para cada uno de nosotros. Por eso nos unimos en el salmo responsorial: ‘te doy gracias Señor, porque me has formado maravillosamente’.

Agradezcamos a Dios el don de la vida, el don de su amor. Todos hemos sido formados por el Señor maravillosamente, Dios nos ama, valora la vida. cuida tu vida y la de los demás, y así como decimos, desde la concepción hasta el último instante de la vida. Dios los bendiga y los colme con su amor. La bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes. Amén.