Continúan las actividades y preparativos de las Voluntarias Vicentinas para celebrar su Jubileo por los 400 años de la fundación de esta obra de San Vicente de Paúl.

 

Ana María Ibarra

Con el rezo del Rosario y una misa de acción de gracias, la Asociación de Voluntarias Vicentinas celebró el día Santa Luisa de Marillac y agradecieron a Dios por la consagración de tres nuevas voluntarias.

La celebración se realizó el pasado martes 9 de mayo en la capilla de Filosofía del Seminario Conciliar y fue presidida por el padre Armando Benavidez, asesor de vicentinas.

 

La alegría de seguir a Jesús

Con la alegría y el gozo de la resurrección, las Voluntarias Vicentinas recibieron el regalo de tres nuevas voluntarias por quienes el padre Armando Benavidez pidió a Dios para que las ilumine con su palabra.

“La palabra de Dios tiene un mensaje. Jesús dice que él es nuestro Pastor. Somos sus ovejas y nos invita a seguirle, la pregunta es si queremos ser parte de este rebaño”, cuestionó el padre Armando.

Agregó que ser ovejas de Cristo y seguirlo es una experiencia liberadora y, haciendo referencia a la fiesta del día, compartió que Santa Luisa de Marillac era una oveja amada, que tenía profundo amor a Dios.

“Santa Luisa fue una mujer grande, de muchas inspiración, cercana a San Vicente, con tanta riqueza de la que podemos aprender. Es un modelo de mujer creyente, un modelo, de esposa, un modelo de madre. El Señor nos invita a que respondamos con alegría. Necesitamos ser como Santa Luisa”, expresó el sacerdote.

El padre Benavidez finalizó motivando a las voluntarias a transmitir a sus familias el amor a Dios, y pedir les conceda la alegría en el servicio.

 

Consagración

Después de la homilía, el padre Benavidez invitó a las nuevas vicentinas a pasar al frente dándoles la bienvenida y agradeciendo la respuesta generosa al llamado de Cristo.

“Que esa semilla que se siembra en ustedes hoy, crezca y se fortalezca en el servicio”, dijo el padre Armando.

María del Refugio Duarte, María del Rosario Cortez y Margarita Sánchez, expresaron su deseo de servir a los pobres y realizaron la promesa de cumplir con los lineamientos del instituto.

Enseguida, realizaron su consagración a Dios y el padre Benavidez las admitió en la Asociación de Voluntarias Vicentinas, para luego bendecir los signos visibles de su consagración: la vela, signo de la luz de Cristo; el crucifijo, signo del amor de Cristo; y el delantal, signo del servicio a los demás.

Las nuevas voluntarias recibieron el reglamento y el manual propio de la asociación y fueron recibidas por sus compañeras con un fuerte aplauso.

Al concluir la celebración, las socias se dirigieron a un restaurant de la ciudad para celebrar el acontecimiento.