Hay quienes cuestionan si la Iglesia impulsa a la mujer…estos cuatro testimonios responden al estilo del Papa Francisco, quien ha dicho: “el poder es el servicio”…Presentamos historias de mujeres promovidas por la Iglesia

 

Ana María Ibarra

El proceso de descubrir y valorar su dignidad como mujer inició para Victoria Komiyama en  su familia, y a lo largo de su vida ha vivido en un proceso constante de reconocimiento, de formación y de servicio dentro de la Iglesia Católica, que hace algunos años la llevó a convertirse en la cabeza del Instituto México de Ciudad Juárez, como Directora General.

 

Dignidad de hija de Dios

Vicky reconoció que fueron su padre y su madre quienes la enseñaron a valorarse como mujer y le dieron a conocer su dignidad de hija amada de Dios.

“El respeto de mis padres, hermanos y hermanas me ayudó a darme cuenta de que Dios me compartió el colaborar con Él en su creación. Como mujer me dio el regalo y don de generar vida”, expresó.

Victoria dijo que dentro de la Iglesia viva, en su parroquia, grupos de jóvenes, su formación en coros, como catequista y en los grupos de biblia, pudo verse como una persona valiosa, siendo mujer.

“Me di cuenta que como Vicky, como mujer, tengo una importancia ante mi Padre Dios. Cuando me reconozco con ese valor es más fácil hacerme de todos los demás recursos, de personas a mi alrededor que me valoren como mujer”, añadió.

En ese proceso de valoración, Vicky también pudo hacer la elección de pareja, buscando a un hombre que la valorara y la respetara en su dignidad de hija de Dios.

“Respetó mi amor hacia Dios, mi trabajo en la Iglesia y no solamente lo respetó, sino que se unió conmigo a trabajar dentro de la Iglesia. Ingresamos como novios en pláticas pre matrimoniales y recién casados en el MFC, donde nos siguieron formando. Es una formación continua y permanente descubrirme y descubrir mi dignidad como hija de Dios”, afirmó.

 

Con maristas

Más adelante, Vicky recibió lo que para ella es una bendición: su llegada a la obra marista como directora general del Instituto México, cuyos iniciadores son varones, Hermanos Maristas, que tienen como modelo a la Virgen María.

“Puedo decir que es una obra totalmente femenina. Me siento respetada y vista. Estoy como directora general siendo mujer cuando en el instituto existen hermanos, varones, con más antigüedad y que ellos mismos me depositan su confianza de dirigir el Instituto México”, dijo.

Resaltó que en la obra marista se dirige bajo un liderazgo moderno que es compartido, a través de un consejo directivo con mujeres y varones, laicos y religiosos.

“La obra marista a nivel mundial nos impulsa a los laicos, en especial a las mujeres, a lanzarnos en estos espacios de liderazgo con responsabilidad y con formación para que asumamos esta oportunidad que nos están abriendo”, dijo.

Desde ahí, pero sobre todo como mujer y miembro de la Iglesia, Vicky tiene la responsabilidad de impulsar a las niñas, adolescentes, jóvenes y madres de familia a reconocerse respetadas como hijas de Dios, que sientan el amor maternal de mujer, de madre, de abuela, de amiga, de compañera.

“Es importante que el instituto sea un oasis de sentirse respetadas con toda la dignidad que representa ser mujer y reconocernos bendecidas por el Señor con todas estas cualidades que tenemos”.

Dijo que en esta misión se apoya en María, la Buena Madre, para que sea ella quien la lleve por el camino correcto.

“La tenemos aquí como nuestra Madre, por eso nos llamamos maristas, por eso nuestro fundador siempre se cobijó en el regazo de nuestra Buena Madre”, concluyó.

 

Frase…

“Invito a todas las mujeres a que seamos nosotras las primeras que nos amemos y reconocernos como mujeres con todas estas cualidades que el Señor nos ha regalado para educar a quienes están a nuestro alrededor a hacer lo mismo”