Sean verdadero testimonio de Cristo resucitado

Les saludo como cada semana. Siempre es para mí una alegría estar en contacto, ofrecerles alguna reflexión, un tema sencillo compartiéndolo con ustedes, con toda la diócesis.

Hemos vivido la Semana Santa, han sido unos días muy intensos, ha sido una semana de fe, he percibido una gran asistencia en Catedral, por lo que corresponde a mí como obispo mucha gente asistió con mucha fe a los oficios, a la celebraciones de Semana Santa en Catedral y por lo que tengo entendido en todas las parroquias y capillas.
Hoy celebramos la resurrección, Domingo de Pascua, una jornada muy hermosa que la comenzaremos con una misa que he convocado en el lugar donde el papa Francisco celebró misa en aquella ocasión, 17 de febrero.
¡Cristo ha vencido, Cristo ha resucitado! ¡Cristo vive! ha sido la gran noticia de esta noche de Vigilia Pascual. Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe, dice san Pablo. No podemos separar la resurrección de la cruz; la muerte de Cristo y la resurrección de van unidos.
Tanto fue el amor del Padre que nos entregó a su Hijo quien murió por nosotros para salvarnos, pero resucitó para que tengamos vida, y vida en abundancia, por lo tanto queridos hermanos tenemos que vivir en una permanente paz, estos signos de la luz, del agua, de renovar nuestras promesas bautismales de nuestro Credo nos llevan a un compromiso muy fuerte, a ser verdaderos cristianos, a vivir como verdaderos católicos que hemos muerto al pecado, hemos muerto al egoísmo, a la soberbia, al vicio cualquiera que sea este y hemos resucitado con Cristo.
El deveras creer en la resurrección, creer en Cristo resucitado tiene que transformar nuestra vida. No es sólo un dogma de fe externo, sino es una verdad que afecta mi vida, mi vida como persona y mi vida como hombre de fe y así a todos, porque Cristo resucitó por tí, por mí, por todos y en ese sentido, después de haber vivido Cuaresma y vivido esta Semana Santa nos disponemos a iniciar 50 días de Pascua, 50 días donde de una manera solemne cantaremos el Aleluya, ¡Aleluya, Cristo ha resucitado!
Es importante recordar aquel texto Dios es un Dios de vivos, pero de vivos se refiere a vivos en la gracia, vivos en la fe, en la esperanza, vivos en la caridad como esa experiencia del resucitado y esa experiencia propia de decir y creer y vivir la resurrección en mi vida me lleva a un testimonio. Ahí está el compromiso de la Pascua: salir como nos ha pedido el papa, salir y anunciar, dar la noticia de que Cristo ha resucitado, pero con tu testimonio, con tu vida, con tus palabras, con tus acciones.
Si digo Cristo ha resucitado, pero sigo viviendo en pecado, sigo viviendo igual y no pasa nada en mi vida, ha sido una celebración infructuosa, pero si mi vida se transforma y hay un verdadero cambio, hay alegría y gozo y hay el impulso de salir corriendo para dar la noticia de que Cristo resucitó haciendo el bien, viviendo la caridad , perdonando al que me ofendió, consolando al triste, ayudando al necesitado ¡Eso es una verdadera fe en la resurrección! ¡un verdadero testimonio de Cristo resucitado!
Fe y vida. Creo en la resurrección, vivo resucitado con Cristo y eso implica el renunciar al pecado, alejarme del mal y vivir en la luz, vivir en la gracia, vivir la resurrección y no individualmente, sino como familia, como comunidad, como Iglesia.
Dispongámonos a vivir esta semana de Resurrección, pero no solo esos ocho días, sino todos los cincuenta días de Pascua con mucha fe, con mucha alegría, con mucho gozo.
Yo les doy un abrazo muy cálido y amoroso de padre y pastor de felices Pascuas de Resurrección a todos ustedes, a mis sacerdotes, mis más cercanos colaboradores que este pasado jueves en la Misa Crismal renovaron sus promesas sacerdotales ante mí, ante Dios. Los felicito, los abrazo, los animo a seguir viviendo su ministerio como resucitados, dar un testimonio de la resurrección en la vivencia alegre, gozosa y generosa de su ministerio sacerdotal.
A los consagrados, hombres y mujeres de la vida consagrada que día con día, viviendo los votos de castidad, pobreza y obediencia también son ejemplo vivo de la resurrección de Cristo en ustedes, trabajando en la construcción del Reino de Dios. A los seminaristas: crezcan en su vocación, Cristo vive, Cristo resucitado los invita a vivir en esta vocación del Seminario con entrega, con alegría, con disciplina, con espiritualidad, con estudio y formación, ponerle todas las ganas queridos seminaristas.
Y un abrazo de Pascua a todos los fieles, a ustedes mis fieles laicos que tanto quiero y amo, que son una fuerza en la Iglesia muy grande, que nos dan ejemplo y testimonio de que Cristo está vivo. Ustedes con su entusiasmo, con su alegría, con su fe, con su caridad nos dan ejemplo ¡Sigan adelante! ¡salgan por todas partes!¡Vayan al mundo de la familia, del trabajo, de la escuela, de la maquila, de la oficina, del barrio, de la calle, en todas partes testimoniando la victoria de Cristo resucitado a todos!
Mi cariño, mi aprecio y mi bendición en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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