Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Muy feliz domingo tengan todos, día del Señor, de encontrarnos con Jesús o dejarnos encontrar por Él, por su Palabra y presencia, por la mirada amorosa que siempre nos dirige; les hablo con amor de Padre y Pastor, deseando que tengan un domingo extraordinario, lleno del amor de Dios, que alimente sus vidas para iniciar una semana igualmente feliz, en el trabajo, en el estudio, en la convivencia, en la familia.

Antes que nada, agradecer a todos los que asistieron al Rosario Viviente, fue una respuesta  maravillosa, lleno el estadio, pero más que todo, lleno de amor, alegría, todos desde la peregrinación con actitud positiva, de gozo, alabando al Señor, concentrados. Felicito a todos los organizadores, a todos los fieles por su presencia que nos anima y fortalece en la fe. Que sigamos así, respondiéndole a Dios. Radio Guadalupana nos acompañó, también mi agradecimiento y mi bendición.

Estamos ya en el domingo XXVIII del tiempo ordinario, el tiempo avanza, y nos quedan pocos domingos para culminar este tiempo litúrgico. Hoy el tema es el llamado que Jesús nos hace a la perfección y santidad, a todos, no es exclusivo de unos cuantos; en el camino nos llama a todos a la perfección.  Importante es tener ese deseo de santidad, de perfección, pero necesitamos discernir a través de la oración y del diálogo con Cristo a qué perfección nos llama, porque resulta que en el evangelio de San Marcos de este domingo, un hombre, en Mateo y Lucas dirá un joven, aquí dice un hombre, no dice la edad, se arrodilló ante Jesús y le preguntó: “Maestro bueno, qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?”.  Importante preguntarle a Dios, “ Señor ¿qué quieres de mí?”, quiero ser feliz, quiero alcanzar la vida eterna.

 

Preguntar a Jesús

Es  importante preguntarnos y preguntarle a Jesús, desde la fe, para no seguir nuestras inclinaciones personales, sino qué quiere Dios de mí, cuál es el proyecto que Dios quiere de nosotros. Así este señor le pregunta qué debe hacer para alcanzar la vida eterna, Jesús le contesta, primero: “¿por qué me llamas bueno?”, nadie es bueno sino sólo Dios. “Cumple los mandamientos”, es lo primero que le dice, y ennumera: ‘no matarás’, ‘no cometerás adulterio’, ‘no robarás’… “Cumple los mandamientos, es un primer nivel, que no es el idóneo para Jesús; hay algo más. Aquel hombre le contesta rápidamente, como sintiéndose muy orgulloso, muy bueno, “todo eso lo he cumplido desde muy joven”; es la actitud de  aquél que se cree bueno, que por cumplir los mandamientos al pie de la letra ya soy santo: no mato, no robo, no cometo adulterio, estoy bien, como presumiendo. Dice el texto, y aquí viene lo importante: ‘Jesús lo miró con amor’. Un segundo momento en el encuentro con Jesús: su mirada. Es importante en se encuentro con Jesús, sentir su mirada de amor. Lo miró con amor y no lo enjuició, ni condenó. Jesús nos mira con profundo amor, es una experiencia extraordinaria en el proceso de la perfección, sentir su amor. Y ¿qué le dice?, “Sólo una cosa te falta: ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres, y después ven y sígueme”: Comparte tu vida, renuncia a las riquezas materiales, a los apegos, dalo a los demás y luego, ven y sígueme. Jesús nos invita a la perfección plena y santidad, que es entregarlo todo, compartirlo, darnos con amor, y luego seguirlo.

¿Cómo reacciona aquel hombre?, se entristeció y se fue a apesadumbrado, porque tenía muchos bienes. Cuando tenemos apegos o los tenemos más o menos, corremos el riesgo de apartarnos del camino de la santidad. Hoy Jesús nos pide ser desprendidos, no tener apegos.

No apegarse al dinero

Jesús nunca condena las riquezas, ni los bienes terrenos por sí mismos, todo lo creó para nosotros,  incluso en el evangelio, tenía amigos ricos, la familia de Lázaro, Nicodemo, el mismo Zaqueo que se convierte  y lo sigue, teniendo gran fortuna lo reparte y devuelve lo robado y se queda con un buen dinero. Tiene amigos que tienen riquezas materiales. Lo que condena es el apego al dinero, el apego desmesurado a los bienes, poner todo mi corazón en los bienes, hacer depender mi vida, mi felicidad y paz en el dinero, pensando que entre más dinero tenga, soy más feliz, realizado, tengo más tranquilidad, cuando es todo lo contrario.

Realmente cuando no  hacemos buen uso de bienes materiales, u otros bienes, como de inteligencia, habilidades, etc. Cuando hay un apego negativo en ese sentido, no somos felices, vemos mucha gente que tiene todo el dinero, pero no son felices, o tienen mucha inteligencia, o conocimiento, no hay paz en su corazón, porque ponen su corazón en aquellos bienes, alejándose de Dios.

‘Deja todo lo que tengas, aléjate del apego de esos bienes, reparte, comparte, sirve, entrégate, ayuda a los demás, ama. El mismo Cristo nos pone el ejemplo siendo rico, dice San Pablo, se hizo pobre, para enriquecernos con su amor y su vida. ¿Tienes bienes, talentos, cualidades? ¡qué bueno!, son dones que Dios te da, aquí lo importante es ¿qué quiere Dios de mí? ¿Para que me los dio Dios? ¿para acumular? ¡no! no es para acumular ciegamente con avaricia. Si Dios te da talentos, riqueza, materiales, es para que compartes y sirvas a tu hermano, te entregues a los demás. Por eso le pedimos a Dios, en la primera lectura, la sabiduría; hay que pedirle a Dios con mucha fe: “concédeme la sabiduría para saber valorar lo que tú me das, como un don tuyo y tener la prudencia, la gracia, la misericordia, para compartirlos con mi familia, comunidad, con los necesitados, tener un corazón generoso.

 

Saber usar la libertad

Qué malo que nosotros seamos cristianos tristes, infelices por nuestros apegos, cualesquiera que sean estos. Recuerdo uno de los temas que el señor obispo Vittorino nos dio en los Ejercicios espirituales del presbiterio, acerca de la libertad, ¡qué bueno que Dios nos dio el don de la libertad, pero ¡aguas!, saberla usar para el bien, para la verdad, para el servicio, para el amor, porque cuando hacemos mal uso, caemos en la avaricia, codicia o egoísmo. Como dice la Carta a los Hebreos, la Palabra de Dios es viva, eficaz, más penetrante que una espada de dos filos, transforme, que no caiga en la codicia, avaricia, el egoísmo y que  sintiendo tu mirada de amor cada día, que este domingo sientas la mirada con amor y escuches lo que le dijo al hombre, lo escuches para ti lo escuche para mí. Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en el cielo. Ve y ama a tu prójimo. Que también nuestra mirada para con los demás, en familia, comunidad, presbiterio, en la vida cotidiana, vida consagrada, con el enfermo, sea de amor, como Cristo nos mira. Dame sabiduría Señor para sentir tu mirada de amor, dame prudencia y misericordia para mirar con amor a mis hermanos.

La bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes.

 

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