Presencia

PALABRA Y TESTIMONIO DE LA IGLESIA CATÓLICA EN CIUDAD JUÁREZ

Local

Servirlos es como tocar a Jesús

Religiosas y laicos de la parroquia La Virgen de la Luz se organizaron para ofrecer su tiempo y su trabajo a favor de los migrantes que llegan a la Obra de la Diócesis de Ciudad Juárez

 

Ana María Ibarra

Religiosas Siervas de los pobres se unieron con laicos de la comunidad parroquial La Virgen de la Luz para ofrecer sus manos y compartir espíritu con los migrantes, desde hace dos meses, y con más intensidad en los recientes días cuando la Casa del Migrante se vio sobre saturada.

Luego de haber participado en un foro sobre migración organizado por la Red Binacional de Solidaridad, las hermanas Siervas de los Pobres, se integraron a la mesa de trabajo “Asistencia Humanitaria”, donde, junto con otras personas, se acercaron a la Casa del Migrante para descubrir la manera en que podrían ayudar.

Desde ese momento comenzaron a ir a la Casa del Migrante para ofrecer su apoyo.

Concientización

Motivada por las siervas de los pobres, la comunidad parroquial de Virgen de la Luz comenzó a acudir en grupos todos los jueves a la hora de la comida (12:30 md).

“El padre Javier Calvillo, director de Casa del Migrante, nos recalcó que teníamos que ir para ver las necesidades y de ahí brotara el servicio. Al principio fue ir a la hora de comida y apoyar en la cocina, ahora ya cambió la dinámica, pero lo que no podemos soltar son ni la sensibilización, ni la concientización, ni la información”, dijo la hermana Alicia Ramírez.

Agregó que eso es básico para que surja el servicio.

“Uno de los laicos se ofreció como chofer para llevar a la gente. Al llegar hacemos lo que se pide, desde barrer, lavar trastes, limpiar vidrios. Ahorita el trato es más directo con los migrantes: jugar con los niños, platicar con las personas adultas, los jóvenes jugar con jóvenes migrantes, eso ha sido muy enriquecedor”, afirmó la religiosa.

De esta manera, el ministerio que se realiza en la Casa del Migrante es de la escucha, pues ellos tienen mucha necesidad de hablar y compartir todo lo que han vivido, toda su travesía, dijo la religiosa.

“Algunos vienen por familias, por eso convivimos con las familias. Estar en ese espacio quita la venda de los ojos, nos pone en una actitud muy diferente ante el migrante. Ya no es tan fácil que se les juzgue, o se deje uno llevar por lo que dicen las redes sociales y las campañas de racismo”, señaló.

Explicó que la gente de la comunidad que ha ido siempre quiere regresar, ya que es una bella experiencia atender a personas vulnerables.

“Eso nos indica que hay una conexión, que van descubriendo el rostro de Dios en ellos. Al ver a los niños migrantes vemos sus fragilidades, pero al mismo tiempo su fortaleza de saber todo lo que se vive en esa travesía. Por eso hacerles ameno un ratito es agradable y vemos que va siendo muy de Dios, porque nos ha confirmado mucho”, agregó.

 

Dinámica parroquial

La experiencia ha puesto en la comunidad parroquial una dinámica en favor del migrante.

“Todo lo que hicimos en diciembre en cuanto a pastoral tuvo su eje en los migrantes. Las posadas, las pláticas, todo estuvo encaminado a los migrantes, y se prestaba mucho porque ¿quiénes fueron los migrantes que andaban pidiendo posada?”, expresó la religiosa.

Añadió que este tiempo de Navidad, ayudó mucho para que la comunidad tuviera siempre presente a sus hermanos migrantes.

Un ejemplo fue la posada de los Mazahuas, cuya comunidad es atendida en una de las capilla de la parroquia. Cada diciembre se visitan de 10 a 15 casas diarias y en cada una se ofrecen bolos a los niños.  Esta vez se designó una bolsa para colocar bolos para los niños migrantes.

“Recolectamos más de 400 bolos para los niños migrantes. Otra tradición es que, en cada casa ponen una charolita para donativos, y en la misa de Navidad se entregó a los migrantes”, celebró la entrevistada.

Otra manera de apoyar fue por parte del dispensario parroquial, con servicio de acupuntura.

“Ha sido una experiencia muy bonita. Se les invita a recibir la terapia colocando a todos en círculo en el salón o patio de la Casa del Migrante y al finalizar se les comparte un pan y un chocolate. Vemos que esa terapia tan sencilla les baja el nivel de estrés, de ansiedad, de angustia”, afirmó la religiosa.

Agregó que este tratamiento les ayuda a estar en buena relación con sus compañeros, pues convivir con tanta gente y de diferentes culturas no es fácil, además el tratamiento se aplica también al personal que así lo desee.

Como religiosas, en este lugar han vivido más de lleno su carisma de ir al más necesitado. Por eso invitan a las comunidades a que se acerquen a servir.

“Siento que toco a Jesús en ellos. Es uno de los rostros más emergentes por ser una diócesis de frontera. Desde mi carisma siento que estoy en el lugar exacto. Es un grito de la realidad que no podemos abandonar.

 

frase…

Los invito a participar, a que pongamos nuestro granito de arena. Abran su corazón y su mente a los migrantes. Es un rostro de Dios urgente en este momento”.

Hna. Alicia Ramírez, SP  

 

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *