Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Les saludo deseándoles un domingo lleno de felicidad, alegría y unidad familiar este día del Señor y que como cada domingo se encuentren con Cristo en la Eucaristía, en la celebración dominical.

Estamos en el domingo XXV del tiempo ordinario; Jesús tiene una convivencia muy cercana con toda la gente, pero de manera especial con sus discípulos; a ellos les dedica tiempo, espacio, afecto, se dirige en corto. A ellos les explica más detenidamente lo que a la gente le proclama. La relación es muy fuerte y cercana con sus discípulos y es entendible, porque ellos serán sus apóstoles a quienes dejará el encargo de continuar su obra; y él los observa, sus comportamientos , actitudes, les llama la atención, les hace observaciones, a todos e individualmente.

 

Ser los primeros

Hoy, en este domingo, Jesús escucha y observa que sus discípulos discuten entre sí, de una manera tal vez fuerte y acalorada, y observa y les pregunta directamente de qué venían discutiendo en el camino. Ellos no responden, no dicen nada, guardan silencio, pero Jesús todo lo sabe, y dice el Evangelio de san Marcos, que venían discutiendo sobre quién era el más importante entre ellos.

Yo creo que todos queremos ser el primero, el más importante, el mejor, el que saque mejores calificaciones, el que lleve el primer lugar en la competencia y que gane siempre en un partido de futbol; es algo natural, muy del hombre querer ser el primero, el más importante.

Jesús, conociendo lo que venían discutiendo les dice una indicación, que más que indicación es una invitación. Hace ocho días les invita a seguirlo: “el que quiera seguirme, que tome su cruz, que renuncie a sí mismo y me siga”. Hoy les dice: “quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. ¡Qué fuerte!, y ¡claro! es Jesús, no se anda con rodeos. Su indicación es “El que quiera ser el primero, que sea el último de todos, el servidor de todos.

Jesús lo dice de palabra y lo dice con sus obras. Él, que es el primero, que es el Hijo de Dios, se hace el último, se hace pobre, nos da ejemplo. Yo no he venido para que me sirvan, sino para servir y dar la vida, como el jueves de la Última Cena, cuando lava los pies a sus discípulos.

Sirve la indicación que Él da a sus discípulos y hoy nos la da a nosotros con toda autoridad.

 

Verdadera humildad

No es que sea malo ser el primero, superarme, tener triunfos y luchar, Jesús no está pidiendo ser mediocre, conformistas, quedarnos a medias, tibios, adormilados, no va por ahí. Ser el último o el servidor de todos, esto ha sido la crítica equivocada de muchos, como es el caso del filósofo Federico Nietzsche, él sintió el deber, según él, de combatir ferozmente contra el cristianismo , que según él era reo de haber introducido en el mundo el cáncer  fe la humildad y de la renuncia, o en su libro “Así habla Zaratustra”, él opone este valor  evangélico de  la voluntad, de poder, encarnado en el súper hombre, el hombre de la gran salvación que quiere encumbrarse, no rebajar. No lo entendió. Nietzsche desvirtuó la palabra de Jesús.

Jesús nos da entender que el que quiere ser el primero, que sea el último de todos, quiere decir que mis éxitos, mis logros, serán buenos en la medida que los haga con humildad, con sencillez, y que juntos con mis logros y triunfos, los demás también crezcan y triunfen. Ahí esta la verdadera humildad y sencillez.

 

Sin falsa humildad

Dios te dio cualidades, talentos para que los pongas a trabajan en servicio a los demás, entonces ser el último y servidor de todos es con humildad, reconociendo mis talentos, triunfo en el servicio, el ayudar a los demás, en hacer feliz al otro, en promover a mi hermano para que también crezca y sea feliz, ayudarle: triunfo yo, triunfamos los dos, llego yo bien, llegas tú también bien, llegamos los dos juntos. No se trata de competir por competir ni de rivalizar por rivalizar, eso se entiende en el deporte, en el trabajo, pero ya como actitud de vida, a ejemplo de Cristo, ser humilde, hacerse siervo para servir y dar la vida por los demás. Eso es lo que nos quiere dar a entender Jesús, no el egoísmo, no   sobresalir yo a expensas del otro, eso sí es malo: yo soy feliz de que tú seas infeliz ¡no! claro, eso es lo que condena Jesús, en ese sentido sí, el que quiera ser el más importante y grande que sea el último, y lo explica en otra frase, que sea el servidor de todos.

Entonces queridos hermanos, el Señor nos invita a darnos no una falsa humildad, sino valórate, descúbrete valioso, tienes talentos, cualidades, date a los demás, sé feliz y haz feliz a los demás, crece tú y haz crecer a los demás, triunfa tú y  ayuda a triunfar a los demás.

 

El Señor me ayuda

El Señor quiere nuestro bien, nos protege y nos cuida, hay dificultades, tentaciones y

obstáculos que hay vencer.

La primera lectura de la sabiduría habla de cómo algunos pretenden acabar con el justo, tendamos una trampa al justo porque nos molesta y se opone a lo que hacemos. El Señor nos defiende, tú haz las cosas bien, supérate y ayuda a los demás, sé generoso, comparte, porque inclusive eso causará incomodidad a más de alguno. El Señor te defiende, está contigo.

Por eso, con toda confianza cantamos en el Salmo responsorial: “El Señor es quien me ayuda”, ¡Sálvame Dios mío!, ¡protégeme!, ¡cuídame!, que no caiga en el egoísmo, en la soberbia, en la prepotencia, que entienda de manera positiva el ser el último. Dios me da talentos, me bendice con cualidades y riquezas, me hago siervo para ayudar a mis hermanos, para ser solidario y ser feliz, estar bien y tener lo necesario, ayudarnos los unos a otros. Por eso, el apóstol Santiago le dice de otra manera: que no haya envidia y rivalidades, es lo que le molesta a Jesús y reprende a sus discípulos, claman, lo dice Santiago , no hay entre ustedes envidias y rivalidades, porque ahí habrá desórdenes y toda clase de obras malas, más bien dice: sean amantes de la paz, comprensivos, dóciles, llenos de misericordia, sinceros, pacíficos, amantes de la paz. Vivan en la justicia, ese es el que se hace el último y servidor de todos. La misma Virgen María dice, “he aquí la esclava del Señor”. Ella entendió muy bien siendo grande hermosa, la Madre de Dios, importantísima, la primera mujer, la más bella, “he aquí la esclava del Señor”, la humilde y desde su sencillez y humildad nos ama, protege, quiere lo mejor de nosotros Qué mejor ejemplo que Nuestra Madre Santísima.

Dedica tú, junto con tu familia, lo que hoy Jesús nos invita a ser: “El que quiera ser el más importante, que sea el último de todos, el servidor de todos.

Dios te bendiga y te fortalezca. La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes. Buen domingo, un abrazo, Dios los bendiga.

 

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