Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Excelente domingo. Les saludo con gran aprecio de padre y obispo. Estamos en el décimo séptimo domingo del tiempo ordinario. A partir de hoy, durante cinco domingos, el evangelio estará compuesto por una serie de textos relacionados con el discurso sobre el Pan de Vida, es decir, sobre la Eucaristía.

Los siguientes cinco domingos el tema sera eucarístico, así que de antemano los invito a llevar la secuencia de estos próximos domingos para reflexionar la riqueza y la importancia de la Eucaristía para nosotros.

Empieza este discurso en la sinagoga de Cafarnaúm con la multiplicación de los panes. Un tema muy importante que causó gran admiración entre los que fueron testigos de este milagro. Ya desde la oración colecta pedimos a Dios y lo mencionamos como protector nuestro, que nos ayude y que derrame en nosotros su gracia, que confiamos en Él y que sin Él nada podemos. Sin ti, le decimos, “nada es fuerte ni santo, multiplica sobre nosotros tu misericordia”.

Así que empezamos esta serie de reflexiones para valorar, entender, comprender, vivir la Eucaristía. Jesús se encuentra a la orilla del Mar de Galilea o Lago de Tiberíades. Mucha gente como siempre, pero ahí se da cuenta observando a la gente, que tienen hambre. Jesús siempre observador y atento los sigue por horas y la gente llega a tener hambre en todo sentido. Obviamente lo que más resalta es hambre material, ya que se encuentran en el desierto, ya es tarde y no han comido.

En ese trozo de san Juan, Jesús, viendo a la multitud se refiere a los discípulos haciendo una pregunta ¿Cómo compraremos pan para que coman éstos? lanza la pregunta ante la necesidad y de aquí se deriva una primera conclusión y afirmación. Jesús detecta o sabe bien que para alimentar la parte espiritual del hombre también es necesario alimentar la parte material. Van de la mano la parte material y la parte espiritual.

 

Pueblo hambriento

Hablarle de Dios es bueno, pero cuando el hombre está hambriento, tiene necesidad, es urgente en primer lugar atender el hambre material, el hambre moral, el hambre de estabilidad, de seguridad y de educación, el hambre de trabajo, el hambre emocional y en todo sentido para luego que la Palabra de Dios, el alimento eucarístico, venga a completar plenamente al hombre.

Y por eso Jesús repite la pregunta que hace a sus discípulos ¿como compraremos pan para que coman éstos? Por ahí uno de los discípulos, Felipe, le responde: “ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le  tocara un pedacito, hay mucha gente, es mucha la necesidad.

Hoy también nuestro pueblo sufre hambre en el mundo, ahí vemos sobre todo el problema migrante en Europa, en América Latina. El mundo sufre la Guerra, hambre de paz, de seguridad. Vemos en Medio Oriente cómo hay muchas guerras y ataques, persecusiones, vemos nuestro pueblo vecino de Nicaragua sufriendo por un gobierno dictador.

No vayamos tan lejos, México sufre hambre material, hay mucha pobreza, mucha miseria y pobreza de trabajo, de seguridad, de paz, no digamos en el ambiente ético-moral y de educación

¿Qué tanta capacidad tenemos para, como cristianos mirarnos unos a otros y descubrir nuestras necesidades y las necesidades del otro? tener la misma mirada de Jesús y entonces ¿qué tenemos para saciar el hambre de los demás?

Por ahí otro discípulo, Andrés, dice ‘aquí hay un joven que trae unos panes y unos peces’ ¿qué traigo yo?, ¿qué tienes tú? o más bien Dios te ha dado talentos y virtudes, ¿qué tienes? ¿te das cuenta o no? Hay que meditarlo ¿qué Dios me ha dado para compartir con los demás?, qué tengo de valores, de cualidades, de cosas materiales para compartir y mas allá ¿qué tengo de mi ser para compartirme y darme a los demás?

 

Un milagro que nos cuestiona

Jesús hace el milagro, traen esos panes y hace la multiplicación de los panes ora y bendice e indica a los apóstoles ‘repártanlos’. Era tanta la multitud que todos se saciaron. Jesús con este signo, por una parte sí multiplica los panes y sacia esa hambre del momento de aquella multitud, pero por otra parte es un signo que anticipa otra multiplicación mayor, sagrada, divina: la Eucaristía, porque Él es el pan vivo. Escucharemos esta afirmación los siguientes domingos, escucharemos Él es el Pan Vivo, el que me come tendrá vida, entonces él anticipa con este milagro que Él se da por nosotros, para que tengamos vida.

Por eso el milagro de la multiplicación nos cuestiona muy seriamente como Iglesia, como cristianos católicos ¿qué hacemos por nuestros hermanos que sufren? que tienen hambre en todo sentido. ¿qué tan generosos somos?
Ustedes papás ¿cómo educan a sus hijos en el compartir? A veces somos muy egoístas, todo lo queremos para nosotros mismos, no queremos compartir y no somos capaces de desprendernos.

Hay que educar a los hijos en el compartir, ya no digamos el tiempo, sino cualidades, talento, enseñanzas, formación, fe, compartir al mismo Cristo dándolo. Tenemos que formarnos y crecer en el compartir, en el partirnos.

Que la Eucaristía que cada domingo me alimenta, nos vuelva cristianos católicos eucarísticos. Que también nosotros veamos por el hermano, nos demos a los demás. Más fraternidad en lo material, pero más allá de lo material también en gestos de paciencia, de perdón, de solidaridad, diálogo, fe, anuncio, misión.

Y eso coincide con la primera lectura del libro de los Reyes, cómo también Dios a través del profeta Eliseo hace un milagro y multiplica panes. La diferencia está en que en el caso del profeta quedó ahí el milagro, y en el caso de Jesús es más allá, es un signo de que Jesús es el Pan de Vida y se multiplica para nosotros.

Por eso san Pablo en la segunda lectura de la carta a los Efesios nos dice algo que los invito a reflexionar: “los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido, una vida eucarística digna, imitar a Jesús”. Y nos dice: sean siempre humildes y amables para dejar a un lado el egoísmo y mirar al otro. Solamente el humilde el sencillo es capaz de romper la barrera del egoísmo y abrirse al otro. Sean comprensivos, ámense, sopórtense mutuamente con amor, dice san Pablo, lo que implica cómo vivir la Eucaristía, cómo compartir esos panes y esos peces en familia, en el trabajo. Y termina diciendo san Pablo ‘esfuércense en mantenerse unidos en el espíritu con el vínculo de la paz’.

Vivir la multiplicación de los panes es darnos. Dios te da panes y peces que hay que compartir. Comparte  a Cristo anunciándolo, y la mejor manera es la paz, la unidad, ser humildes, amables, darte a los demas cada día.

Que el Señor nos bendiga y fortalezca. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes. Amén.