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PALABRA Y TESTIMONIO DE LA IGLESIA CATÓLICA EN CIUDAD JUÁREZ

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Tocaron las llagas de Jesús en servicio a los migrantes

 

Presentamos testimonios de voluntarios que han apoyado a la Casa del Migrante en sus momentos de mayor necesidad…Ahí encontraron un gran regalo…entérate cuál es…

 

Ana María Ibarra

Un regalo inmerecido es para Carmelita Sías el poder ayudar y servir a Jesús a través de los migrantes.

Desde finales del 2018, Carmelita se dio cuenta de la gran necesidad que existe en la Casa del Migrante a donde llegó para dedicar un poco de su tiempo al servicio de esos hermanos necesitados, en cuyo rostro ve reflejado el rostro de Jesús.

Un Regalo de Dios

Carmelita pertenece al ministerio de caridad de la parroquia San Judas Tadeo, y fue a través de su hijo, el padre Guillermo Sías, que se dio cuenta de la gran necesidad que padece la Casa del Migrante.

Presta, Carmelita se comunicó con sus coordinadores Angélica y Tomás quienes la apoyaron y lo siguien haciendo tanto en especie como en trabajo.

“Llegué hace unas semanas, había 480 migrantes. Estoy muy agradecida con Dios porque puso su mirada en mi para apoyar a estas personas tan hermosas que vienen de diferentes partes del mundo. No me canso de agradecerle a Dios porque en este lugar está su presencia”, compartió entre lágrimas la servidora.

Entrevistada en la cocina de la Casa del Migrante, Carmelita añadió que cuando termina su servicio en la cocina, sale a convivir con los migrantes.

“Los abrazo y siento su necesidad de un abrazo, de que los escuchen. Tanto los niños pequeñitos, adolescentes, jóvenes y matrimonios, se van muy contentos y agradecidos de este lugar que les apoya”, expresó.

Para Carmelita la Casa del Migrante es una escuela.

“Aquí se aprende a valorar todo lo que tenemos, lo que Dios nos da. Se aprende a compartir con ellos los alimentos, a conocer todo lo que ellos pasan en el trayecto que dura tres meses para llegar. Pasan por el desierto pasando hambre. Es triste, pero a la vez para mí un regalo de Dios”, resaltó.

Aunque ya antes Carmelita había acudido a la Casa del Migrante a conocerla, se encontraba sola, y nunca pensó que algún día fuera a estar ahí, sirviendo al migrante.

“Cada día le pedí a Dios poder servirle en el lugar con más gente necesitada y aquí me tiene. Hay mucha necesidad que no puedo salir de la cocina, hay mucho trabajo: lavar trastes, hacer comida, picar bultos de papas, barrer, trapear… se pasan las horas rapidísimo de tanto trabajo que hay, pero lo hago con mucho amor. Dios me tiene aquí y muy agradecida que estoy”, dijo.

Más que dar, compartir

Para el tiempo de Navidad, Carmelita vio en cada migrante el rostro del Señor.

“Vi el rostro del niño Dios en esos niños tan maravillosos, inocentes, con su mirada de angustia, de temor, que muchas veces no se quieren ir de aquí. En Navidad, hubo mucha gente triste porque estaba lejos de sus familias, pero con esperanza”, dijo Carmelita.

Carmelita se dijo triste por la falta de apoyo de parte de la comunidad, pues dijo, no solamente es llevar ropa y comida sino ponerse en los zapatos de los migrantes y conocerlos a fondo.

“No solamente es juzgarlas, sino compartir con ellos. La primera vez que vine me fui enamorada de este lugar. No hay como estar compartiendo y vivir el dolor de ellos, sintiéndolos, es de la manera en que uno se va agradeciendo a Dios”, expresó.

La entrevistada reflexionó:

“Cuando el Papa Francisco vino nos encargó mucho a los migrantes, ¿qué está pasando? Él vino a un lugar donde hay mucho dolor. Entiendo que los sacerdotes tienen mucho trabajo, pero pienso que es el momento de venir a dar su apoyo a esta gente que necesita de Dios, hay mucha necesidad espiritual también”, aseguró.

La entrevistad invitó tanto a los sacerdotes como a la comunidad en general, a dar una hora de su tiempo para los migrantes que necesitan un abrazo, una palabra de Dios, sentirse acogidos.

“El Niño Dios está en la carita de los niños, María en las mujeres embarazadas, la presencia de Dios está aquí. Invito a las comunidades, a los jóvenes de las parroquias que vengan y se acerquen, aquí está Jesús en este lugar”, dijo.

Y finalizó: “Ahorita hay 50 migrantes y me quedé pensando que quizá se me acabe el venir aquí, pero ellos parten con la bendición de Dios esperando que encuentren lo que vienen buscando. Invito a toda la gente, aunque no haya migrantes, vengan y conozcan este lugar”.

 

frase…

Aquí se aprende a valorar todo lo que tenemos, lo que Dios nos da. Se aprende a compartir, a conocer todo lo que ellos pasan…

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