Con ayuda , presentamos algunos comentarios a la exposición «Tutankamón: la tumba, el oro y la maldición», que aborda el tema de la vida después de la muerte …el sacerdote nos explica la vision católica de los conceptos egipcios… 

 

Presencia 

Una de las grandes lecciones que nos da la fantástica exposición «Tutankamón: la tumba, el oro y la maldición», que ahora se exhibe en el Centro Cultural Paso del Norte, es el respeto y le veneración que los antiguos egipcios tenían a los muertos. La embalsamación del cadáver era todo un ritual que preparaba al difunto para llegar al misterioso mundo de ultratumba. Conservar el cuerpo del difunto momificado era muy importante, ya que de ello dependía la supervivencia del espíritu en el más allá.  

Pocos pueblos del mundo antiguo manifestaron tanto interés por la vida después de la muerte como los egipcios. Hasta llegaron a elaborar una gran variedad de textos para darle al difunto guía y apoyo en su largo viaje después de esta vida. 

Esto escribió el padre Eduardo Hayen, párroco de Catedral sobre la exposición presente en Ciudad Juárez y sobre la cuál Periódico Presencia quiere presentar una reflexión, con ayuda del padre Ramiro Rochín Gaxiola, teólogo dogmático, en virtud de la creencia católica en la vida después de la muerte. 

Aquí algunos aspectos que presenta la exposición “Tutankamón–La tumba, el oro y la maldición”, y la respectiva vision católica de cada aspecto con comentarios del párroco de Santa Cecilia. 

 

La religión 

Egipcios (Expo). Los egipcios poseían  un profundo sentido religioso y eran politeístas; por esta razón la religión que se desarrolló en Egipto fue extremadamente rica y coherente. En sus orígenes la fe egipcia se fundaba en el culto de divinidades zoomorfas, que deriva de la antigua veneración del animal-tótem, típico de las civilizaciones de cazadores 

Con el paso de los siglos surgieron otras formas de culto, pero a Egipto lo caracterizó una gran tolerancia religiosa: los nuevos cultos no eliminaban a los anteriores sino que se combinaban con ellos dando así vida a una compleja mezcla de rituales religiosos. 

Católicos (Pbro RR). Los católicos, al igual que los egipcios, somos profundamente religiosos. En realidad, así lo eran todas las sociedades hasta hace unos cuantos siglos. La indiferencia religiosa y el ateísmo son bastante recientes en el contexto de la historia. Pero nuestra religión es mucho más avanzada que la egipcia, pues el monoteísmo fue un gran progreso que se logró después de muchos milenios desde que el hombre ha tenido religiones. Además, la religión egipcia, con todos sus méritos, es solamente un esfuerzo humano por intentar acercarse a la Divinidad. En cambio, nuestra religión católica es Revelada. Es decir, de Dios mismo ha sido la iniciativa de acercarse al hombre a través de la Revelación (Sagrada Escritura y Tradición). Vamos, que lo que creemos nosotros no es invención ni reflexión humana, sino nos viene directamente de Dios. Por ejemplo, a nosotros nos queda claro que Dios no es parte de la creación (a diferencia de lo que creían los egipcios de sus dioses). Y sabemos que Dios siempre ha existido, desde toda la eternidad. Y, por tanto, que todo lo que existe Dios lo ha creado de la nada. Y no sólo eso, pues también se nos ha revelado que el único Dios es, al mismo tiempo, ¡una comunidad trinitaria!  

La verdad es que la concepción católica que tenemos de Dios es infinitamente más grande que la concepción que tenían los egipcios de sus dioses. 

  

Pesar el alma 

Egipcios (Expo). Para los antiguos egipcios la muerte no representaba el final de todo, más bien era el paso al más allá, es decir al lugar que garantizaba la inmortalidad del alma, pero para poder entrar el difunto tenía que enfrentar el duro juicio divino. 

La representación más célebre es aquella en que se celebra el juicio final divino del alma del difunto: Annubis, la lleva a la presencia de Osiris, y de 42 jueces en la sala del tribunal divino llamada “La sala de las dos verdades”.  

El corazón del difunto donde reciben su alma e inteligencia se coloca sobre uno de los platillos de la balanza y en el otro se pone la pluma de Maat, diosa de la verdad y la justicia. En este momento el difunto empieza a recitar el texto de la llamada “confesión negativa”, la cual se conoce con ese nombre porque a través de ella el difunto niega haber cometido en vida actos considerados impíos: el tiene que hacer esta confesión mientras su corazón confronta la pluma de la diosa Maat, en la balanza. Si el corazón resulta mas pesado que la pluma de la diosa Maat, entonces el alma del difunto será despedazada por una criatura bestial, mitad cocodrilo u mitad hipopótamo, conocida como la diosa Ammit “la devoradora”. En caso contrario la confesión se declara verdadera, al propio difunto lo proclaman de voz justa. y se le admite a la vida eterna, un lugar de felicidad y placer definido como “el campo de los juncos”. 

Católicos (Pbro RR). En este punto hay que “quitarse el sombrero” ante los egipcios, por los conceptos tan sofisticados de su religión. Para ellos, como para los católicos, queda claro que el ser humano tendrá que rendir cuenta de sus actos en un juicio divino después de la muerte. Y dependiendo de cómo haya llevado su vida habrá un premio o un castigo. Podemos decir que hay mucha consonancia en estos puntos entre los egipcios y los católicos. Los egipcios reflexionaban frecuentemente sobre esto, y la prueba está en todas las imágenes que nos han llegado donde describen estas concepciones religiosas. También, desde siempre, la Iglesia Católica aconseja a los bautizados reflexionar constantemente en estas realidades, que se llaman las postrimerías: Muerte (algún día tendremos que morir), Juicio (¿Cómo le voy a rendir cuentas a Dios de mi vida?), Infierno (existe la posibilidad de que me condene eternamente si llevo una vida de pecado), y Gloria (debo desear el cielo y luchar por alcanzarlo). Y solamente quiero agregar que, en el momento del juicio, el católico espera encontrarse con un Juez de infinita misericordia, que es Nuestro Señor Jesucristo, y con una intercesora llena de dulzura en ese juicio, que es nuestra Madre, la Santísima Virgen María. 

Manual para el más allá. El libro de los muertos 

Egipcios (expo)Entre los pueblos de la antigüedad ninguno manifestó un interés más profundo y exclusivo por la muerte y el más allá que el pueblo egipcio. Dicha pasión se demuestra también en la gran variedad de textos que elaboraron los egipcios para darle al difunto una guía y apoyo para su largo viaje a ultratumba. Entre los mas celebres están los textos de las pirámides, los textos de los sarcófagos y el libro de los muertos, que forman parte de una organización sucesiva de formulas y hechizos de protección pertenecientes a una misma tradición oral. 

En particular el libro de los muertos, considerado como la “Biblia del Antiguo Egipto y cuyo titulo exacto es “Salir hacia la luz del día” no es un tratado homogéneo sino una recopilación de formulas mágicas que le ayuda servir al difunto en el más allá. La obra en su conjunto es un largo monologo del difunto, dirigido a veces a los dioses y a las entidades del mas allá. 

Católicos (Pbro RR). En eso coincidimos con los egipcios: le damos una gran importancia a lo que pasa después de la muerte. Sin embargo, no tenemos un libro que explique a detalle lo que sucede después de la muerte, pero sí tenemos la Sagrada Escritura, que nos enseña a vivir lo mejor posible en este mundo, para que así podamos alcanzar el cielo y evitar el infierno. En cuanto a lo que sucede después de la muerte sí tenemos claras algunas cosas: el cielo es mejor de lo que mejor nos lo podamos imaginar. Y viceversa, el infierno es peor de lo peor que nos lo podamos imaginar. ¡Así que más vale decidir bien en esta vida! 

 

La maldición de Tutankamon 

Egipcios (Expo). Casi tan famosa como el descubrimiento mismo de la tumba de Tutankamon es la creencia de que estaba protegida por una poderosísima maldición. Howard Carter y Lord Carnarvon  profanaron por primera vez el sepulcro del joven faraón Tutankamon el 26 de noviembre de 1922; ninguno le dio importancia a la inscripción situado en la entrada de la tumba que decía: “La muerte recogerá con alas liberas a aquel que toque la tumba del faraón”. Es mas, lord Carnarvon decidió tapar la inscripción y los trabajos de recuperación de la tumba continuaron tranquilamente. pero muy pronto la maldición pareció hacerse realidad: La noche del 5 de abril, lord, debido a que un mosquito insignificante lo picó estando dentro de la tumba un mes antes, falleció repentinamente y esa misma noche también su queridísima perrita Susie murió sin razón aparente. La muerte de lord Carnarvon fue sólo el principio de una cadena de muerte increíbles. A los dos meses su hermana murió de septicemia, el millonario estadounidense G.J. Gould, quien estaba interesado en comprar objetos arqueológicos, murió de una fiebre imprevista a las 24 horas que Sarter le había enseñado la tumba y los tesoros de Tutankamon. Después y siempre de manera incomprensible, murieron Arthur Maze, asistente de Carter, así como el príncipe Alí Kamal Fahmy, que también visito la tumba y un guardia del museo.. 

Católicos (Pbro RR). Los católicos no tenemos una maldición para los que profanen una tumba. Sin embargo, sí consideramos que es materia grave de pecado que no se traten con respeto y reverencia los restos mortales de cualquier persona. Y esto es debido a que creemos que esos restos mortales resucitarán algún día, aunque no sabemos cómo. Y la virtud teologal de la esperanza nos hace creer que resucitarán para la vida eterna. Por eso cuidamos que las tumbas de nuestros seres queridos estén siempre en un lugar sagrado, donde constantemente se ofrezcan oraciones por los difuntos. También por esto celebramos con fe y respeto las exequias católicas cuando alguien muere. 

Las momias 

Egipcios (Expo). La doctrina funeraria egipcia consideraba que la conservación del cuerpo del difunto era un factor determinante del que dependía la supereviviencia del espíritu en el más allá. Por esta razón el cuerpo, al tener que durar toda una eternidad, debía sobrevivir por tiempo indefinido. Durante el reino antiguo se descubrió que a menudos sobre los cuerpos de los muertos sepultados en el desierto permanecían intactos, gracias a la arena desértica que los desecaba momificándolos de forma natural.  Debido a esta observación los egipcios quisieron reproducir el proceso de manera artificial convirtiéndose así en expertos en la preservación de los restos mortales por medio del embalsamiento. El proceso de embalsamiento tenía lugar a orillas del Río Nilo, lejos de las zonas habitadas y duraba alrededor de 70 días… 

Católicos (Pbro RR). A diferencia de los egipcios, los católicos no usamos las técnicas de momificación para los cadáveres. Al contrario, pues consideramos la descomposición del cuerpo del fallecido como una señal clara de nuestra pequeñez y humildad. El hombre muere y su cuerpo se hace polvo, a diferencia de Dios, que vive para siempre en toda su gloria. Por eso hasta los Papas, cuando son enterrados, piden que sus cuerpos ocupen una tumba donde, poco a poco, se vayan descomponiendo sus restos. También, en este sentido, la Iglesia permite la cremación, donde el cuerpo del difunto queda convertido en cenizas, en polvo. No obstante, aunque en realidad es otro tema, en algunos casos Dios hace el milagro de que algunos cuerpos permanezcan incorruptos después de la muerte, pero sin ningún proceso de momificación. Por ejemplo, me viene a la mente el cuerpo incorrupto de Santa Margarita María Alacoque. 

El mundo de los muertos y las tumbas 

Egipcios (Expo). Uno de los conceptos mas originales creados por el pensamiento egipcio es seguramente el inherente a la muerte, la cual se percibía como una especie de “suspensión” en la existencia en cuanto que no se consideraba como algo definitivo sino mas bien como una mutación que tenía sus dinámicas fundamentales en la regeneración. Por esta razón el acto de sepultar a los muertos era un momento fundamental para los egipcios, porque con la embalsamación, las formulas mágicas contenidas en los rituales y en el vestuario fúnebre, se preparaba al difunto para enfrentar su viaje en el misterioso mundo de ultratumba.  

Con el paso del tiempo en Egipto los tipos de sepultura fueron cambiando: al principio el cadáver se colocaba en posición fetal dentro de un hoyo escarbado en la arena del desierto, y se le ponía encima una piel de animal. A esta le siguió una tumba conocida como Mastaba” que significa “banca” constituida por un peldaño grande, cuadrado. Exactamente por la superposición de varias mastabas, disminuyendo las dimensiones laterales, parece que se llego a la idea de la primera pirámideCon el tiempo los egipcios construyeron la tradicional pirámide que es el ejemplo mas conocido de estructura para una tumba y que se utilizo exclusivamente para la dinastía real de los faraones. Después sepultaron a los soberanos en tumbas subterráneas ubicadas en lugares secretos como el valle de los Reyes cerca de Tebas, donde se descubrió la tumba de Tutankamon. 

 

Católicos (Pbro RR). Para nosotros los católicos, al igual que los eran para los egipcios, son muy importantes los ritos funerarios. A cada católico que muere hay que celebrarle su funeral, de preferencia que incluya la Santa Misa, para ofrecer por el difunto el sacrificio eucarístico. Y su tumba se pone en un lugar sagrado. Por eso, en dos mil años de historia del cristianismo, tenemos cementerios que son verdaderas obras de arte, llenas de un profundo significado cristiano. Allí están, por ejemplo, las muchas catacumbas cristianas, o, también, el que quizás sea el cementerio más bonito del mundo: el del padre Lachaise, en París. A mí, en lo personal, me gustan mucho los epitafios que los cristianos, a lo largo de los siglos, han escrito en sus tumbas. Es muy tradicional la frase:  «Post tenebras spero lucem», en latín, que significa «Después de las tinieblas, espero la luz», indicando la fe del cristiano que espera llegar al cielo. O recuerdo una frase en una tumba muy antigua, que decía algo así: «Ustedes creen que he sido olvidado; pero no es así». Al morir, pronto el mundo nos olvidará, y la historia, y el mundo seguirá su curso… pero Dios jamás nos olvidará.

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