Un pecado que abre la puerta al demonio

  • El padre Jaime Melchor, formador del Seminario, compartió con Presencia algunas reflexiones sobre el pecado de la lujuria y consejos para combatirla.

 

Ana María Ibarra

Aunque por naturaleza humana la sexualidad es un constitutivo esencial del ser humano, el deseo o el goce desordenado del placer venéreo lleva a cometer uno de los pecados capitales: la lujuria.

El padre Jaime Melchor, formador del Seminario, compartió con Presencia algunas reflexiones desde las Sagradas Escrituras y el Catecismo de la Iglesia Católica.

 

Perdición de la persona

Citando el número 2351 del Catecismo de la Iglesia Católica, el padre Jaime explicó que el placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión.

Así mismo explicó que en la Biblia hay varias alusiones a la situación de los desórdenes, desviaciones y pecados donde se nos advierte cómo la lujuria lleva a la perdición de la persona.

“En la primera carta a los Tesalonicenses dice: la voluntad de Dios es que se hagan santos y que rehúyan la fornicación. Que cada uno se comporte con su esposa con santidad y respeto, y no se deje llevar por pura pasión, como hace la gente que no conoce a Dios. Dios no nos llamó a vivir en la impureza, sino en la santidad”, citó el sacerdote.

El padre Jaime señaló que en otras citas se expresa que el deseo concibe y da a luz al pecado (Sant. 1,14-15), y en otros libros como en el Levítico, se advierte que no se debe tener relaciones sexuales con una bestia, ni con la mujer de tu prójimo, ni un hombre se acostará con otro hombre ni una mujer con otra mujer, pues quien lo haga será responsable de su propia muerte, dijo.

 

Daño espiritual

De acuerdo al padre Jaime, la lujuria tiene sus causas en el exceso de comer y beber, no hacer sacrificio, exceso de comodidades, ociosidad y falta de oración, así como en el mal uso de las redes sociales buscando material explícito o que hace alusión al erotismo, pornografía.

Pero esto, dijo, ocasiona un daño espiritual personal y de otras personas que es grave.

“Este pecado debilita la voluntad; no persevera en el esfuerzo o sacrificio; el cuerpo tiraniza a la persona. La imaginación y la fantasía, facultades del pensamiento, están sujetas a la perversión que la lujuria provoca. Por ejemplo, pensar todo desde el ámbito sexual. Mirar con malos deseos a las personas, con perversidad”, señaló.

Agregó que la lujuria abre la puerta al demonio, quien sujeta a la persona que la padece, arrastrándola paulatinamente a la perdición.

“Por ejemplo, en la masturbación, unida a la pornografía, el espíritu va erosionando la propia voluntad para irse encausando a otro tipo de perversiones sexuales. Se denigra la persona para convertirse en una bestia”, advirtió.

Igualmente explicó que en esto se ve al otro, hombre o mujer, como un objeto de placer, “como sucede, por ejemplo, en la pornografía, la prostitución, buscar a la pareja conyugal con fines sexuales deshonestos; buscar en el noviazgo al otro por el simple placer, no por amor ni respetando su integridad y dignidad de persona”.

En los casos extremos, agregó, se dan distintos tipos de perversión, como es el recurso de la pornografía en los matrimonios, que daña profundamente la santidad de la unión.

 

Combate

Para combatir la lujuria, el padre Jaime recomendó fortalecer la voluntad ayudados por la gracia.

“Se debe aprender a decir no ante las mínimas insinuaciones. Hacer oración, reconociendo la propia fragilidad, con humildad ante Dios. Pedir, por intercesión de la Virgen y San José, el don de la pureza y la castidad. El Señor Jesús nos dice: Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne es débil (Mc 14,38)”.

Añadió que se debe procurar y pedir la virtud de la templanza, que es la moderación en la comida y la bebida.

“Si le damos al cuerpo todo lo que desea, se volverá contra nosotros. Recordemos que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Se debe tener pudor, es decir, el respeto y cuidado de nuestra propia intimidad sexual. Valorar el propio cuerpo como un don”

Así mismo dijo, el ser humano está llamado a la castidad: El correcto uso de la sexualidad según el estado de vida propio: matrimonio, soltería, vida consagrada.


Manifestaciones de la lujuria

– Consentir pensamientos o deseos impuros.

– Ver con malos deseos a las personas.

– Sobrepasar límites en el uso de los sentidos con personas del sexo opuesto.

– Gustar conversaciones, películas, espectáculos, revistas o lecturas que fomentan la sensualidad y la vulgaridad.

– Dejarse llevar por el instinto y no por la inteligencia.

– En las relaciones matrimoniales desear sólo la propia satisfacción olvidándose del amor.

– Buscar siempre lo que produce placer, poniéndose en peligro de pecado.


Consejos prácticos para combatirla

– El examen de conciencia diario acerca de nuestros pensamientos, palabras y acciones, especialmente la guarda de los sentidos.

– Vigilancia: Evitar toda situación que me puede hacer caer.

– En el uso de las redes: Configurar el celular para no permitir que se reciba información erótica.

– Lecturas espirituales que nos ayuden a tener gusto por la virtud de la pureza. (Vidas de santos -San Agustín ha sido un testimonio de cómo combatir la lujuria y alcanzar la castidad-).

– Contemplar imágenes sagradas para ayudarnos a purificar la imaginación y la fantasía si se ha incurrido en la pornografía.

– Hacer un Plan de Pureza, de preferencia acompañado por un director espiritual y/o confesor.

 

Plan de pureza

  1. Apartarse de los estímulos, en lo posible, lo que sea controlable.
  2. Meditar desde el plan original de Dios sobre la sexualidad: el cuerpo como don de Dios, templo del Espíritu Santo, imagen y semejanza de Dios; llamado a vivir la santidad en el matrimonio, en el amor, la unión y fidelidad.
  3. Meditar sobre cómo el romper el sexto mandamiento ha llevado a la humanidad a las perversiones: abuso de las personas, sentidos sin límites…
  4. Pedir al Espíritu Santo para reconocer la gravedad del pecado, habiendo visto sus daños.
  5. Pedir perdón al reconocerse miserable, hasta dónde se ha degradado.
  6. Un tiempo de oración pidiendo: Comprender la magnitud del pecado y verdadero dolor de su pecado.
  7. Confesión general del área sexual.
  8. Reparación con ayuno, mortificación y oración. Recibir la Eucaristía diariamente.
  9. Rehabilitación: Oración diaria y relación con Nuestra Madre. Rezar el Rosario diariamente, con la intención de reparar la pureza del alma.
  10. Permanecer tiempo de rodillas ante el Señor, meditando en la virtud de la pureza y en la belleza de los planes del Padre Celestial para la vida sexual del hombre.
  11. La reparación termina pidiendo por cada persona con que se haya pecado impuramente, sea directa o indirectamente.
  12. Mantener la petición de pureza por toda la vida y mantenerse alejado de las tentaciones, pidiendo la fuerza del Espíritu Santo para mantener la pureza reparada.

 

 

 

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