Recorrido por el patrimonio de nuestra diócesis

 

Iniciamos una serie para proponerte en este Verano 2018, un recorrido por el patrimonio artístico-religioso de nuestra diócesis. Desde templos e imágenes, hasta  íconos y pinturas que todos debemos descubrir o re-descubrir como un tesoro de nuestra Iglesia. Iniciamos con la Catedral de Ciudad Juárez…

Presencia

La Catedral original es obra del trabajo coordinado por monseñor Baudelio Pelayo y se construyó como templo parroquial de Guadalupe. Su obra inició en 1941 y fue terminada en 1956, mientras que el 12 de diciembre de 1946 fue consagrada como templo por el obispo don Antonio Guizar Valencia.

Fue erigida como Catedral el 7 de septiembre de 1957, cuando se constituyó la Diócesis de Ciudad Juárez.

El obispo don manuel Talamás la dedicó el 7 de septiembre de 1982 cuando él cumplía 25 años de obispo.

 

El edificio

La Catedral de Guadalupe se demolió el 4 de febrero de 1973 después de que se detectaron irregularidades en la cúpula y en los cimientos, lo que representaba algunos riesgos de colapso.

Lo único que quedó en pie tras la demolición fueron las torres, que conservan ese estilo neoclásico que perdió el resto de la Catedral, ya que se reconstruyó con un estilo arquitectónico moderno y sencillo.

La reconstrucción comenzó en abril de 1976, siendo concluida el 26 de septiembre de 1979 gracias a la ayuda de todos los servidores de Juárez y El Paso, a las kermeses que se organizaban para recaudar fondos y la gran ayuda económica de la Iglesia católica de Alemania y gracias a su arzobispo cardenal, ya que ellos aportaron la sexta parte del costo total.

Aquí algunos de los elementos para destacar de este templo, sede del obispo.

 

Torres:

El día 8 de diciembre de 1945 se terminó la construcción de las torres. Éstas fueron construidas de piedra labrada y miden 30 metros de altura. Sobresalen por encima de los edificios del centro histórico de la ciudad y hoy tienen un valor simbólico para todos los juarenses.

Las piedras:

La piedra de las torres es blanda al labrarse, y el aire y la química del espacio la endurece y la hace muy durable.

Acceso a la Catedral: lo dan tres puertas: la central de 7 metros de altura y 5 de ancho, da al oriente, hacia la Plaza de armas. Las puertas laterales son de 5 metros de altura cada una por tres metros y medio de ancho. Actualmente estas últimas no se utilizan como entrada.

 

 

Torre de la Misericordia:

La torre del lado norte alberga, en su parte inferior, los confesionarios que fueron construidos en el año 2002.

Puerta de la Misericordia:

La imagen labrada en madera es una reproducción de un detalle de la pintura “El hijo pródigo” de Rembrandt, quien en 1662 la pintó en óleo sobre tela, y que está inspirada en la parábola del hijo pródigo del capítulo 15 del evangelio de san Lucas.

Criptas de los obispos:

La torre del lado sur contiene la tumba donde descansan los restos mortales del primer obispo de la diócesis, monseñor Manuel Talamás Camandari, quien falleció el 10 de mayo de 2005. Junto a su tumba están los espacios donde reposarán los cuerpos de cinco obispos más.

Los párrocos:

Monseñor Baudelio Pelayo y Brambila, de septiembre de 1937 a enero de 1963

Monseñor Isidro Payán Meléndez, de enero 1963 a septiembre de 2000.

Monseñor René Blanco Vega, de noviembre de 2000 a septiembre de 2001.

Monseñor Ignacio Villanueva, de septiembre de 2001 a enero de 2013.

Padre Eduardo Hayen Cuarón, de enero 2013 a la fecha.

 

El vitral:
En el costado sur de la Catedral destaca un vitral de 35 metros de largo y 7 de alto llamado “El plan de Dios en la salvación de México”, diseñado y realizado por el señor Griffin de El Paso Texas. En el vitral aparece:

  • La mano creadora de Dios Padre sobre unos rayos de luz llenos de colorido que representan todas las cosas creadas.
  • El Espíritu Santo en forma de paloma sobre las aguas del diluvio, en dirección a la Virgen María.
  • La Virgen María de Guadalupe, centro del vitral, cuyas manos están abiertas y bendicen a san Juan Diego.
  • San Juan Diego, representante del pueblo mexicano que se insinúa por los colores nacionales, verde, blanco y rojo.
  • Jesucristo resucitado y glorioso bendice a su vez a san Juan Diego.

 

Cristo crucificado:

Fue hecho en Italia, labrado en madera.

La Virgen de Guadalupe:

Es copia de la imagen impresa en el ayate de san Juan Diego, pintado a mano por los artesanos de la Basílica de Guadalupe de Ciudad de México. La imagen actual fue entronizada el 15 de agosto de 2014.

Altar:

La Catedral tiene un solo altar, es de mármol negro traído de Monterrey Nuevo León, igual que la cátedra del obispo y el ambón lateral. La altura del altar permite mucha transparencia y cercanía entre los fieles y el sacerdote celebrante. La cátedra del obispo está colocada de tal forma que todos los fieles puedan ver fácilmente a su pastor desde cualquier sitio del templo.

Campanario:

Las campanas de la Catedral son diez. La campana mayor fue comprada por monseñor Baudelio Pelayo y Brambila y su nombre es “Fray García de San Francisco”.

Iluminación:

La iluminación de la Catedral fue instalada en el año 2016 con motivo de la visita del papa Francisco a Ciudad Juárez. Al ponerse el sol la fachada de la catedral se enciende y dura hasta la medianoche. En medio de la noche resplandece en Ciudad Juárez el lugar donde está la presencia real en la Eucaristía de Jesucristo, luz del mundo.

Confesionario

Otro de los sitios destacables al interior de la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, es sin duda el confesionario, ubicado bajo la torre norte, donde se imparte el sacramento de la Reconciliación.

Monseñor José René Blanco, quien fue párroco de la Catedral, recordó que este confesionario se acondicionó en la celebración  del Gran Jubileo del año 2000.

Explicó que el confesionario es de madera y en su puerta destaca la imagen de la parábola del Padre Misericordioso, la cual “ayuda a vivir ese encuentro de Amor con Dios en el Sacramento”.

Y también se destaca el hecho de que el camino de preparación al Gran Jubileo del Año 2000, el lema fue: “Por Cristo, en el Espíritu Santo, hacia al Padre”, tal como convocó a vivirlo el entonces Santo Padre san Juan Pablo II.