“Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda creatura”

 

Mons.  J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Queridos hermanos, les saludo con mucha alegría de padre y pastor deseando estén bien. Este domingo tan importante dentro de la Pascua como es el domingo de la Ascensión del señor a los Cielos reflexionamos, por una parte en el hecho, digámoslo así, físico de la ascensión, cómo los apóstoles convocados por Cristo lo ven ascender a los cielos al cielo. Pero por otra parte, antes de ascender, un mandato que da Cristo a los apóstoles y en ellos a toda la Iglesia, a todos nosotros: ‘vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio’.

Es algo esencial, es la misión principal de todos los bautizados, de toda la Iglesia anunciar, predicar el evangelio, es decir, predicar a Cristo.

Como todos esos días de Pascua hemos escuchado el testimonio de los discípulos, de los primeros cristianos mártires, prediquen el evangelio. Pero dice hoy ‘a toda creatura’. Es la catolicidad del mensaje, y el mensaje es para todos, no para unos cuantos. No hay que encerrar el mensaje a unos cuantos, dice claramente a toda creatura. Porque muchas veces hemos cometido el error, como Iglesia, de predicar únicamente el evangelio a los que tenemos dentro de la Iglesia, los grupos, los movimientos que, siendo, realistas son pocos en relación a la inmensa cantidad de hermanos nuestros que no acuden con cierta frecuencia o que están también alejados. Por eso el papa Francisco nos pide salir, salir a predicar el evangelio.

 

No vamos solos

Es importante cómo nos narra la Palabra de Dios hoy que Jesús convocó a los apóstoles: “aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, descenderá el Espíritu Santo”, y los discípulos fueron, vieron a Jesús y con atención asumieron el mandato: “vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio, y garantiza Jesús esa presencia del Espíritu Santo: “cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén y en todos los rincones de la Tierra”. Es decir, tenemos la garantía de la presencia importantísima del Espíritu Santo. Dios no nos manda ‘a la buena de Dios’ como luego decimos, nos garantiza esta presencia del Espíritu Santo. Por eso hoy celebramos la ascensión y el próximo domingo Pentecostés y cerramos este tiempo de Pascua.

 

Motivo de esperanza

Quiero resaltar el aspecto de la ascensión al cielo: Jesús regresa al cielo, no al cielo físico que vemos, al Cielo, a la Casa del Padre y eso es motivo para nosotros de esperanza de que donde va Él, vamos nosotros; donde está Él, en el cielo, estaremos nosotros; sí vivimos conforme al Evangelio, si vivimos como se nos dijo el domingo pasado, en el amor de Dios, en la permanencia del amor de Dios, vivimos ese amor de Dios en las buenas obras; si anunciamos el evangelio, si predicamos a Cristo, si somos testigos de Cristo, aquí entre nosotros, en nuestra diócesis, en la familia, en el trabajo, en la maquila, en la oficina, en el campo, en todas partes. De verdad que hay muchos hermanos nuestros que no están evangelizados, que desconocen su fe, que no han tenido un encuentro personal con Cristo. Dicho de otra manera tal vez más dura, un alejamiento de Dios y como consecuencia una ignorancia religiosa entre nosotros y por eso urge prepararme, evangelizarme, ser una diócesis evangelizada para evangelizar.

Hoy Jesús nos reúne en el altar eucarístico y lo que dijo a los apóstoles hoy te lo dice a ti hoy me lo está diciendo a mi obispo, sacerdotes, religiosas, laicos: ‘vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio’. Nos anuncia que si vivimos con fidelidad este mandato, nos acompañarán milagros, dice el texto, no en el sentido que todos sabemos, pero sí milagros en el sentido de conversiones, de transformación de las personas, de cambios de actitud, de ser mejores. Es ese milagro: anunciar a Jesús y que la gente acepte el evangelio en su vida, es un cambio, es un milagro, es decir: Dios te toma como instrumento de su evangelio para que el hombre se convierta, se acerque a Dios, conozca a Cristo, viva el Evangelio.

 

Misioneros y evangelizadores

Por eso también escuchamos en la segunda lectura de san Pablo a los Efesios, ‘yo Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Primero yo me evangelizo y yo estoy llamado a  vivir una vida digna de mi condición de hijo de Dios, una vida digna con los hechos, palabras, con toda la vida y señala Pablo, características muy concretas de esa vida digna, humildes y amables, comprensivos, sopórtense mutuamente con amor, manténganse unidos con el vínculo de la paz, características muy concretas que hay que trabajar para llevar una vida digna de acuerdo al llamamiento que hemos recibido.
Somos misioneros, somos evangelizadores, tenemos la fuerza del Espíritu Santo estamos llamados a ir al cielo, donde esta Él, alegrémonos, gocémonos en Cristo el Señor. Por eso hemos entonado el salmo de este domingo entre voces de júbilo: Dios asciende a su trono, es Cristo subido al cielo, es colocado como lo que es, Señor, Cristo es Señor y está en el cielo y nosotros unidos a Él estamos junto a Él y hay que vivir el evangelio.

También nos dice san Pablo en la misma carta que estamos llamados a construir el cuerpo de Cristo para que donde está Él, el cielo, también estemos nosotros.

 

Cómo evangelizar

Hay muchas maneras de predicar el evangelio: si pertenezco a un grupo me preparo y voy casa por casa a anunciar el evangelio predicando el kerigma, evangelizando a personas, eso sería lo ideal, que todos seamos misioneros, pero también a nivel personal, tú personalmente evangeliza a tu hermano, a tu esposa, a tus hijos, a tu compañero de trabajo, al vecino, evangelízalo, habla de Dios, de Cristo crucificado, anuncia el evangelio con la Palabra y con la vida.

María, nuestra madre, primera misionera, estrella de la evangelización, ella nos da ejemplo de quien acepta el evangelio y lo anuncia. Que bajo la protección de María Santísima cada uno de nosotros asumamos esta misión que hoy Cristo nos dice con firmeza ‘vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda creatura’.

Que el Señor les bendiga les fortalezca. Tengan un buen domingo y buena semana en familia, en comunidad. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes.