Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Les saludo con mucho cariño y afecto de padre y pastor en este sexto domingo de Pascua. Ya vamos muy avanzados en la Pascua, prácticamente nos quedarán dos domingos muy solemnes: la Ascensión y Pentecostés, seguimos celebrando la victoria de Cristo, su triunfo sobre la muerte.

En este Sexto domingo de Pascua, ya desde la oración colecta se nos invita a continuar celebrando con incansable amor estos días de Pascua, y con alegría la Resurrección del Señor. Pero quiero insistir en continuar no solamente estos días de Pascua, sino todo el año. Se trata de permanecer en esa actitud de amor y de alegría en torno a la Resurrección de Cristo, el Señor.

 

Amar de verdad

Empezamos un mes nuevo, mayo, con mucha alegría. Mes de María. Aprovecho este momento para invitarles a rezar el Rosario no solamente este mes de María. Tengamos esa devoción, ese amor a María. Estamos celebrando la alegría de nuestra madre santísima y hoy precisamente en este evangelio del domingo se nos vuelve a invitar a permanecer en el amor de Dios. Permanezcan en mi amor y ¿cómo es esa permanencia? cumpliendo mis mandamientos. Si cumplen mis mandamientos permanecen en mi amor.

Hemos escuchado que el domingo pasado, no sólo de palabra amemos de verdad, y amar de verdad a Cristo es cumplir los mandamientos. Amar a Dios con todo el corazón, amar al prójimo como a nosotros mismos. Este es el mandamiento: que se amen los unos a los otros. Eso es permanecer en la alegría, vivir con amor e intensidad nuestra fe, no sólo estos días de Pascua, sino siempre.

Algo muy importante que también hoy el evangelio nos invita a reflexionar y a valorar es la amistad: a ustedes los llamo mis amigos, ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Una amistad que compromete, una cercanía con Cristo que nos compromete a la fidelidad, a la obediencia, al compromiso, al servicio, a dar la respuesta positiva al Señor.

A veces mal interpretamos la amistad de alguien porque pensamos que la amistad es para esconder algo, para tapar algo y que nadie me exija, que nadie me pida cuentas, y ése no es el verdadero sentido de la amistad.

 

Sin mentiras

En el caso concreto: ‘ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando’ y Él nos manda que nos amemos: ámense los unos a los otros, la familia, los esposos, los hermanos, entre vecinos, grupos, movimientos, obispo, sacerdotes. ¡ámense! ¡amémonos los unos a los otros! Eso implica respeto, aceptación, ayuda mutua, solidaridad, cercanía.

Es la Pascua del Señor, es Cristo resucitado, y por eso san Juan en la segunda lectura también va por esa línea, dice: amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios. Si Dios está con nosotros, si Dios vive en mi, si yo acepto el amor de Dios en mi vida, conozco a Dios, amo a Dios, pero también eso me lleva a amar a mis hermanos. Dirá en otro pasaje: quien dice amar a Dios, pero no ama a su prójimo, es un mentiroso. Y a veces de verdad nos comportamos como mentirosos porque entre nosotros a veces no hay mucho amor, no hay respeto, siempre las envidias, siempre los rencores, siempre las rivalidades, siempre las críticas, siempre darle la espalda al otro.

Es importante reavivar el amor de Dios en el amor al prójimo. El que no ama, no conoce a Dios porque Dios es amor.

El amor de Dios

Queridos hermanos, en este sexto domingo de Pascua, antes de la Ascensión del Señor valoremos cuánto me ama Dios, ¡Dios me ama!, Dios es amor, pero no como una idea, no como una doctrina o algo bonito, sino realmente una experiencia: una experiencia del amor de Dios, fuerte, profunda, que llena, que transforma.  Pero también pidámosle a Dios que nos conceda capacidad de amar como Él se entregó, como Él da la vida por nosotros, como Él murió en la cruz por nosotros para salvarnos, así nosotros amarnos de verdad.

Acabamos de celebrar en estos días la fiesta de la Santa Cruz, una misa muy bonita con muy buena asistencia de tantas personas de la construcción y fieles que acudieron el día de la cruz. La cruz es la expresión de Cristo que se entregó por nosotros, no tengamos miedo de abrazar la Cruz, a Cristo, llenarnos de su amor para luego darnos en amor, en entrega a los demás.

En la primera lectura de los hechos de los apóstoles ahí habla que el don del Espíritu Santo se derrama en todos y también sobre los paganos. ¡No tengamos miedo! el Espíritu Santo se derrama en nosotros, habita en nosotros, es la fuerza y gracia de Dios. Dejémonos transformar e iluminar por esa fuerza y poder del Espíritu Santo para que podamos vivir el mandamiento del amor. Tener la fuerza del Espíritu Santo para demostrarle nuestro amor a Cristo cumpliendo sus mandamientos y que nos amemos los unos a los otros.

 

Mes de María

En esta próxima semana tendremos el día tan hermoso del Día de la madre, el 10 de mayo. Recordemos a nuestra Madre Santísima, a nuestras mamás, pedimos por aquellas que ya están en el cielo gozando de Dios, cumplieron, se entregaron, como mamás nos dejaron todo su amor. Por las que viven y están entre nosotros pedimos que el Señor les bendiga, les ilumine. Ser mamá es algo maravilloso, es encarnar en sí mismas la maternidad de Dios, es un regalo maravilloso que el Señor les concede.,

Mamás ¡gracias por este don!, por esta presencia de Dios que les hace ser madres. Vivan su maternidad con alegría, con entrega y generosidad, siempre con la intención amorosísima de nuestra Madre Santísima, la Virgen María. Les abrazo y les bendigo como siempre.