No hay mayor amor que el que da  la vida por sus amigos… (Jn.15,13)

A la luz de los festejos del Día del papá presentamos las reflexiones, datos y cuestionamientos que quiso compartir con nuestros lectores el párroco de Jesucristo Sol de Justicia para ayudar a sensibilizarnos más sobre la importancia de la figura paterna.

 

Pbro. Antonio Urrutia/párroco de Jesucristo Sol de Justicia

¿Cómo convivir con papa si casi no lo vemos?, dicen algunos hijos…

Es conocida la crisis de la figura paterna en la sociedad contemporánea. Y es que:  Ser padre no es fácil…

El presente artículo quiere ser una auténtica invitación para tomar conciencia sobre el papel que está jugando el varón, que es cabeza en la familia y está al frente de la crianza de los hijos que ama.

A la luz de los datos estadísticos en cuanto a los altos índices de divorcios en nuestro país, particularmente en nuestro Estado, y ante la cada vez más a la alza las solicitudes de pensión debido a la ausencia en el hogar de la figura paterna, podemos constatar que cada vez más se desdibuja el rol del papá en el ámbito familiar.

Es un debilitamiento de la figura del padre que está desestabilizado a la familia.

Los divorcios han aumentado de tal manera, que ha surgido una verdadera sociedad de familias de divorciados. No sólo ha ocurrido el eclipse del padre, sino también se tiende a presenciar la muerte social del padre.

En la Iglesia, en el hospital, en la escuela, allí se forjan los  papás que ven por sus hijos…

Una experiencia 

En mis últimos 8 años de ministerio sacerdotal, cada vez que tengo un retiro con los jóvenes de Confirmaciones, o con los niños de primera Comunión, y que invitamos a los papás a ir por sus hijos, se percibe una presencia, pudiera decirse, austera.Y diría yo “demasiado tímida”, que adoptan los papás en nuestros retiros.

Están allí, pero parece como si no estuvieran. Está la presencia física, sí, pero experimentan una gran dificultad cuando se trata de decir una palabra, un gesto, o simplemente expresar su aprecio más visiblemente y dejar fluir, aunque sea un poco, lo que hay en sus corazones, en sus pensamientos para afirmar y avalar a  sus hijos(as).

Esta realidad, que cada vez es mas común, me hace re-pensar en que muchos papás llevan dentro de ellos todavía varios conflictos de tipo relacional que desde su infancia no han logrado resolver con su propia figura paterna, y ahora que están al frente de su hijo(a) se les dificulta verbalizar su propio discurso, pues quizás esta el miedo  a verse retratado en su propio hijo carente de afecto, de tiempo para compartir. Vemos a un papá que cuando fue niño añoró pasear en el parque con su padre, comer nieve, jugar a la pelota, vacilar jugando a las luchas. Vemos a un papá que aun no ha resuelto ni reconciliado su pasado, que aún no ha aliviado al niño que lleva dentro y que quizás repite patrones erróneos consciente o inconscientemente.

La ausencia del padre es, a todas luces, inaceptable. Desestructura a los hijos e hijas, borra el rumbo a la vida, debilita la voluntad de asumir un proyecto propio. Por eso es importante recuperar nuestro pasado, sanar nuestro niño herido y reprogramar actitudes que sean  cada vez más liberadoras en comunión con el Reino que el Señor nos invita a anunciar.

 

Figura paterna

Es urgente retroalimentar la figura del padre, redimensionarla, promoverla con mayor creatividad e ímpetu. Para ello, en primer lugar, es de importancia fundamental distinguir entre los modelos de padre y el principio antropológico de padre. Esta distinción, pasada por alto en muchas discusiones, incluso científicas, nos ayuda a evitar malentendidos y a rescatar el valor inalienable y permanente de la figura del padre.

El padre es el prototipo y la encarnación simbólica de actitudes que nos forman un carácter firme. Es el puente hacia el mundo social y transpersonal. El niño, al entrar en el mundo nuevo, debe poder orientarse por alguien. Si le falta esta referencia, se siente inseguro, perdido, sin iniciativa.

A través de la figura del padre se establece un proceso de importancia fundamental para la psique del niño con consecuencias para toda la vida: el reconocimiento de la autoridad y la aceptación de los límites.

El niño viene de la experiencia de la madre, del regazo, de la satisfacción de sus deseos, del calor de la intimidad en el que todo es seguro, en una especie de paraíso original. Ahora, tiene que aprender algo nuevo: que este nuevo mundo no prolonga simplemente el de la madre; que en él hay conflictos y límites. Es el padre quien conduce al niño a reconocer esta dimensión. Con su vida y su ejemplo, el padre aparece como portador de autoridad capaz de imponer límites y establecer responsabilidades.

 

Reclamo de los hijos

Es propio del padre enseñar al hijo/a la importancia de estos límites y el valor de la autoridad, sin los cuales no ingresan en la sociedad sin traumas. En esta etapa, el hijo/a se aleja de la madre, y puede incluso no querer obedecerla más, y se acerca al padre: busca ser amado por él y espera sus directrices para la vida. Es tarea del padre ayudar a superar esta tensión con la madre y recuperar la armonía con ella.

Llevar a cabo esta verdadera pedagogía es incómodo. Si cada padre concreto no la asume, está perjudicando fuertemente a su hijo/a, tal vez de forma permanente.

¿Qué sucede cuando el padre está ausente en la familia o hay una familia solo materna? Los niños parecen mutilados, se muestran inseguros e incapaces de definir un proyecto de vida. Tienen dificultad para aceptar el principio de autoridad y la existencia de límites.

Una cosa es este principio antropológico del padre, una estructura permanente, fundamental en el proceso de individuación de cada persona. Esta función personalizadora no está condenada a desaparecer. Ella seguirá durante todo el ciclo de vida, como una matriz en la formación de la personalidad sana. Los hijos y las hijas la reclaman.

 

Envidia de la buena

Me impresionaba una joven que me decía: “Mi papá nunca me ha regañado”, y con una envidia “de la buena” valoraba cuando el papá de su amiga le llamaba la atención y me decía: “mi papá ni para reganarme tuvo tiempo”.

También es importante reconocer que por todas partes surgen figuras concretas de padres que se enfrentan a estas crisis con éxito, viven con dignidad, trabajan, cumplen con sus deberes, muestran responsabilidad y determinación, y así cumplen con la función de guiar y conducir  a sus hijos e hijas. Es una función indispensable para que los hijos maduren e ingresen en la vida sin traumas hasta que se hagan padres y madres de sí mismos. Es la madurez.

Alguien diría :

“Padre sólo uno. O muchos. A veces cualquiera que acepte el papel. Porque a falta de una figura paterna, los niños no dudan en adoptar la suya, allí donde la encuentran.

Padres pueden ser los abuelos, tíos, primos, hermanos o amigos de la madre, quienes desempeñan ese rol cuando aquel que procreó no está presente.

Sea quien fuere, quien asuma la aventura y la osadía de dar generosidad, tiempo, talentos, dones, dinero, órganos, herencias, educación, religión, bienes, consejos, desvelos, alegrías, plegarias, liturgias, Rosarios, lágrimas, despojos, con tal de que este ser humano tenga vida.

Bendecido seas papá, tutor, custodio, abuelo, padrastro, padre adoptivo, o como quieras llamarte ¡Feliz día del padre!