Personas y familias que han sufrido en carne propia el drama de la migración ilegal, acompañaron al obispo de El Paso en la presentación de su Primera Carta Pastoral sobre los migrantes…compartieron su testimonio con Presencia…

 

Ana María Ibarra

Desde que llegó a Estados Unidos, Isabel García, una mujer que cruzó la frontera para buscar ayuda en Estados Unidos y decidió hacer allá su vida junto a su familia, a pesar de que sólo uno de sus hijos nació en aquel país, se preocupó por ayudar a otros en su misma situación.

Luego de que se hizo integrante activa del ministerio de hospitalidad de su parroquia, se integró a la organización Red Fronteriza por los Derechos Humanos, donde aprendió a no tener miedo por la situación en que vive, y a apoyar a otros migrantes que desconocen sus derechos.

“La Red fronteriza nos proporciona educación. Hasta antes de pertenecer a la red no sabía que la Constitución, aún sin papeles, me protege, ahora ya lo sé, sé cómo defenderme si un policía me detiene y me cuestiona por mis papeles. Y es lo que le estoy enseñando a la comunidad”, compartió Isabel.

Para Isabel es importante el apoyo espiritual que ha recibido en la Iglesia, pero también es importante conocer las leyes.

“Con estas leyes que se van a implementar, la SB4, todos manejamos con miedo, todos salimos con miedo y desafortunadamente tenemos la necesidad de salir. Es un trauma para los hijos porque ellos viven con el miedo de que un día lleguen a su casa y sus papás no estén”, compartió.

 

Confiada en Dios

Ante esta situación, Isabel enseña a sus hijos a confiar en Dios y reconocer que Él tiene un propósito para cada una de las personas y si Él decide que tienen que salir de Estados Unidos, así será y lo hará con la frente en alto, sabiendo que luchó y que dio lo mejor.

“Dios me trajo aquí por un propósito y si ya lo cumplí y Él me necesita en otro lado, me voy a ir”, dijo convencida.

Hasta el momento, el inconveniente que Isabel y su familia tienen para legalizar su situación es económico, ya que es un proceso costoso.

“Mi hijo el mayor que nació aquí, ya cumplió los 21 años y el único sostén familiar es mi esposo y nos ha sido difícil por la cuestión económica. Tratamos de conseguir el dinero mínimo para que mi esposo se legalice primero”, compartió.

Isabel envió el siguiente mensaje a quienes como ella viven ilegalmente en aquel país: “No se rindan y no tengan miedo. Busquen ayuda y no pierdan la fe, sin fe no somos nada”.

 

Leyes separaron a su familia

A diferencia de Isabel, Rosa Mercado tiene 29 años en Estados Unidos, y hace tres años obtuvo su residencia legal. Sin embargo el proceso fue difícil, principalmente porque su familia vive separada desde hace 12 años, cuando deportaron a su papá.

La familia de Rosa emigró a Estados Unidos hace 29 años, cuando ella tenía tres años y su hermano siete. En su infancia, recordó Rosa, vivieron humillaciones por su estatus migratorio, hasta que llegaron a la comunidad del Sagrado Corazón donde los sacerdotes y la comunidad los recibieron y los ayudaron.

“Cuando llegamos a esta parroquia, empezamos a servir. Después nació mi hermana menor y gracias a ella tuvimos una vivienda más digna. Mis papás trabajaban mucho. Se sacrificaron por darnos una vida digna en este país”, compartió Rosa.

Explicó que ella y su hermano no tuvieron conciencia de su situación migratoria hasta la etapa de la preparatoria, cuando su hermano intentó solicitar una beca que le fue rechazada. Afortunadamente los dos pudieron conseguir ser becados y concluir sus estudios universitarios.

“En ese tiempo mi papá fue detenido y encarcelado seis meses por su condición ilegal. Salió voluntariamente del país con la esperanza de arreglar después de los 10 años de castigo, pero ya van casi 12 años y mi papá no ha podido hacer nada”, lamentó la entrevistada.

Rosa se casó y finalmente pudo legalizar su situación, ahora es maestra en El Paso y su hermano es ingeniero mecánico.

“De esta manera estamos pagando un poco del esfuerzo y sacrificio de mis padres, porque están separados. Voy todos los domingos a visitar a mi papá. Estuvimos 10 años sin verlo. Es algo muy difícil la separación, fue golpe muy duro”, compartió.

Rosa ha apoyado en algunas organizaciones a favor de migrantes y por este medio quiso dejar el siguiente mensaje:

“Nunca se den por vencidos. Ahorita son momentos de oscuridad, pero pronto verán la luz, un día. Gracias a la lucha de todas las organizaciones muy pronto habrá algo positivo para todos”.