Ana María Ibarra

Ante el anhelo de algunos fieles que deseaban recibir el sacramento de la confesión y al no poder acercarse por los horarios de sus empleos, el padre Daniel Sierra, párroco de la comunidad San Martín de Porres, se quedó con esa inquietud y compartiéndola con el padre diacono Ricardo González, decidieron realizar una jornada de oración ante el Santísimo y una jornada penitencial para impartir el sacramento de la reconciliación.

 

Acción de gracias y preparación

La jornada dio inició el viernes 29 de diciembre con una misa a las 8 de la mañana.

A partir de esa hora, fieles y servidores de la comunidad se hicieron presente durante 24 horas para permanecer en adoración ante el Santísimo Sacramento en acción de gracias por el año que terminaba.

Ministros Extraordinarios de comunión así como demás ministerios, se dispusieron a orar y alabar a Jesús Hostia sin dejarlo solo un momento.

Ya por la tarde los jóvenes de la parroquia se dispusieron a permanecer en oración durante toda la noche hasta las 8 de la mañana de día 30 de diciembre.

Con cantos, oraciones y lecturas bíblicas, los jóvenes estuvieron acompañando a Jesús presente en el sacramento.

La comunidad estuvo acompañada por los seminaristas Adrián y Damián, hermanos gemelos de la parroquia; David, de primero de filosofía, y el diácono Ricardo.

Mientras los servidores y fieles permanecieron en oración, el padre Daniel Sierra impartió el sacramento de la reconciliación a más de 300 fieles que se acercaron al templo durante todo el día y la noche del día 29, y la madrugada del día 30.

Este espacio de reconciliación sirvió para que los penitentes se prepararan para recibir el nuevo año en gracia de Dios.

La jornada concluyó la mañana del sábado 30 de diciembre con una misa presidida por el párroco.

 

Frutos en el cansancio

Visiblemente cansado pero lleno de satisfacciones y con ganas de volver realizar otra jornada, el padre Daniel compartió en entrevista los frutos que dio esta jornada.

“Fue una experiencia muy bonita, muy satisfactoria, sobre todo al ver que los jóvenes, dentro de su dinamismo y de sus inquietudes, estuvieron muy participativos, muy respetuosos con el Señor. Fueron también confesiones muy bonitas, personas que tenían de 37 a 40 años sin confesarse. Considero que esta jornada rindió muchos frutos”, compartió el sacerdote.

El sacerdote invitó a la comunidad diocesana a atreverse y realizar este tipo de jornadas, más organizadas  e incluso, calendarizadas, siempre pensando en el bien de la feligresía. “Ojalá y se pudieran organizar jornadas por decanatos, tal vez sería muy fructíferos. Invité a mi decanato a que invitaran a su feligresía y si vinieron de algunas parroquias a la confesión”, finalizó contento el padre Daniel.