En su mensaje para el domingo 15 de abril, el obispo también nos comparte los trabajos que realizaron los obispos de México en su CV Asamblea Plenaria…

 

Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Muy buen domingo. En este tercer domingo de Pascua seguimos viviendo hermosamente estos días de resurrección cantando con gozo el Aleluya. Este día queremos resaltar el triunfo de la resurrección. Escuchamos en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles como Pedro y los demás apóstoles hacen ver la comunidad de oyentes que Cristo fue sacrificado, crucificado, que murió en la cruz, pero lo importante es lo que dice enseguida: “pero Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos”. Ahí está la enseñanza principal de este tercer domingo de Pascua: que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y que así como los apóstoles también tú, yo, todos los cristianos católicos somos testigos, estamos llamados a ser testigos del resucitado. Obviamente no estuvimos ahí como los apóstoles, sin embargo tenemos la bendición, la gracia de encontrarnos en todo momento y sobre todo los domingos con Cristo resucitado, en la Eucaristía. Los discípulos de Emaús, una vez que lo reconocieron al partir el pan, se llenaron de alegría, de asombro, de admiración, a tal punto que exclaman ¿no estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino? ¿no estaba ardiendo nuestro corazón?.

Cada vez que asistimos a la Eucaristía es un banquete, es una fiesta, es el encuentro con Cristo resucitado que murió y resucitó y nuestra presencia participativa y celebrativa en la Eucaristía debe ser de gozo y alegría, de sorprendernos cada vez más con Cristo, como el triunfo de Cristo resucitado, que arda nuestro corazón.

Es triste ver, y a veces a uno mismo le pasa, que “participamos” en la Eucaristía con cierta apatía, indiferencia, frialdad, hasta flojera inclusive, ¡no, no!, ¡no puede ser!, ¡debe arder nuestro corazón! Debemos de vivir la Eucaristía con entusiasmo, con gozo, con asombro: ¡es Cristo resucitado! que se sacrificó por mí que murió por mí y que resucitó y que gracias a su muerte y resurrección hemos sido redimidos, y esa redención, ese encuentro con Cristo resucitado, nos habla de algo nuevo, de una novedad. Dios nos hace nuevos, Cristo el hombre nuevo, nos hace nuevos. Tú y yo somos nuevos en Cristo y debemos vivir como hombres nuevos, celebrar la Eucaristía, ‘arde nuestro corazón’.

 

Hombres nuevos

Cristo nos renueva a vivir como hombres nuevos toda la semana, todos los días y entonces sí cumplir lo que decían los apóstoles, ser testigos de lo que vivimos y celebramos en la Eucaristía. Estamos llamados a testimoniarlo con la vida y los hechos, con las obras, siendo hombres nuevos, haciendo el bien, ayudando al necesitado, vivir en paz atendiendo a los más pobres, en fin, obrando bien, haciendo el bien, que demos siempre un gran sentido a la Eucaristía como centro, culmen, fuente y fin de nuestra vida cristiana.

Yo los invito, queridos hermanos, a mis sacerdotes, vivan la Eucaristía, celebren la Eucaristía con mucho amor, prepárense, preparémonos, celebremos la Eucaristía siempre como si fuera la única, la primera, la última Eucaristía, a transmitir vivamente lo que celebramos. Que nuestros fieles se contagien y también vivan gozosamente el encuentro con Jesús muerto y resucitado, en cada Eucaristía, en cada celebración, sobre todo el día domingo, día del Señor.

Los hermanos ortodoxos llegan a un lugar y saludan: “¡Cristo ha resucitado!”,  y la persona que recibe este saludo contesta: “verdaderamente ha resucitado”. Que así lo hagamos nosotros, que así lo reflejemos, si no con las palabras, sí con los ojos, con la mirada, con el sentimiento, actitudes, obras y acciones.

Que este mensaje que estamos reflexionando en este tercer domingo de Pascua nos ayude a vivir gozosamente la fe en Cristo resucitado.

 

Con los obispos

Por otra parte aprovecho para compartirles que estuve esta semana, de lunes a viernes pasados, en la centésima quinta Asamblea Plenaria de los obispos. Estuvimos más de 130 obispos reunidos una convivencia hermosa, una convivencia fraterna, una convivencia gozosa en torno, precisamente, a Cristo resucitado.

Estamos trabajando ya en la conclusión del documento “Hacia el encuentro de Jesucristo redentor, bajo la mirada amorosa de Santa María de Guadalupe”. Es un proyecto local de pastoral 2031-2033 para conmemorar dos acontecimientos: 2mil años de la redención y 500 años del Acontecimiento Guadalupano. Ya con más tiempo, después, les comentaré más a fondo sobre este proyecto global de pastoral.

El objetivo de esta centésima quinta reunión fue en tres puntos: concluir los trabajos sobre este documento final del Proyecto global pastoral 2031-2033 y lo aprobamos en la presente Asamblea. Otro punto otro objetivo de esta reunión fue dar continuidad a temas pastorales relevantes del caminar de la Conferencia a nivel nacional y universal, y un tercer punto, ya ven que actualmente hay campañas electorales, tuvimos la oportunidad de escuchar, dialogar y compartir inquietudes con los candidatos a la Presidencia de la República.

Ha sido una semana muy intensa, de mucha actividad, de muchos asuntos que hemos tratado, que nos han ayudado a ir clarificando nuestro caminar como Iglesia en México. Proyecto de pastoral que finalmente tendrá que aterrizar en las provincias, en este caso en nuestra provincia de Chihuahua, y  también en cada diócesis, en nuestra Diócesis de Ciudad Juárez. Ya después con más calma desglosaré más concretamente punto por punto lo que tratamos para explicarles mejor y compartirles más plenamente el trabajo que hicimos.

Les bendigo, les abrazo con mucho amor de padre y pastor y como siempre me despido dándoles la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes.