Ana María Ibarra 

Siendo su deseo expresado en vida, las cenizas del padre Raúl Vega reposadesde el pasado 29 de marzo, en su parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde él mismo inició el proyecto de criptas en un espacio del templo parroquial. 

Mandamiento del amor 

A tres meses de su fallecimiento, el obispo diocesano, don J. Guadalupe Torres Campos presidió una misa en memoria del padre Raúl Vega. 

Aún afligida, por el dolor que causa la pérdida de un ser querido, la comunidad parroquial del Perpetuo Socorro abrió sus brazos para recibir a familiares y amigos del sacerdote, quien falleció el pasado mes de diciembre víctima de un infarto. 

Agrupaciones y movimientos diocesanos, como Caballeros de Colón y Movimiento Familiar Cristiano, se hicieron presentes, dada la cercanía espiritual que el sacerdote ofreció durante su vida. 

En su homilía, el obispo reflexionó a la luz del evangelio, que Jesús indica el camino del cristiano a una meta: a ser feliz, ser santos en el amor. 

“Es el amor lo que nos distingue, lo que da sentido a nuestra vida. Estamos llamados a una vocación suprema: amar. Amar a Dios y amar al prójimo como a ti mismo, es el mandamiento del amor partiendo de un Dios que es misericordioso”, expresó el obispo. 

Amor y entrega 

“Hoy nos reunimos en esta tarde de viernes para depositar las cenizas del padre Raúl que fue nuestro hermano sacerdote, nuestro párroco, nuestro amigo, hijo de una familia, y en cada uno de estos momentos, experimentó el amor de Dios”, señaló don Guadalupe. 

El obispo se refirió al sacerdote como quien se esforzó por vivir el amor de Dios. 

“Muchos fuimos testigos de ese amor, de esa entrega a Dios, a su familia, a su comunidad. Las fotos que estos jóvenes nos presentaron son signo de comunidad que vivieron con él”. 

En la esperanza, el obispo expresó la certeza de que el padre Raúl descansa en paz, en la presencia de Dios, al lado de su papá y su hermano. 

“Depositaremos sus cenizas como un signo de alguien que amó a Dios, a esta Iglesia Diocesana y a esta parroquia. Cerramos este círculo en esta cripta, que el en su deseo lo expresó”. 

Con palabras de consuelo para los presentes, el obispo pidió a la comunidad sentir alegría. 

“La satisfacción de haberlo tenido nos da tranquilidad y fortaleza. Los animo a amar y pedir a Dios, por intercesión de María, nos fortalezca. Agradecemos la presencia de su madre, que nos fortalece y nos anima con su testimonio”, finalizó. 

Depósito 

La memoria del padre Raúl fue honrada por el grupo de Caballeros de Colón, que ofrendaron un pequeño cáliz, el cual será grabado con su nombre para ser donado a una comunidad necesitada.  

Así mismo, entregaron a la mamá del sacerdote, un distintivo como Caballero de Colón. 

Frente a la cripta, el obispo realizó la bendición con agua bendita de la misma, mientras era acompañado por la madre y hermana del padre Raúl. Incensó la urna de las cenizas que fueron depositadas en la cripta. 

El obispo regresó al presbiterio para dar la bendición a la comunidad quienes, con lágrimas en los ojos recordaban al sacerdote.

 

Compartir