Presencia

Nueve seminaristas de la Facultad de Teología del Seminario Conciliar de Ciudad Juárez, recibieron el pasado jueves 24 de mayo los ministerios laicales del lectorado y acolitado, en una misa que celebró el obispo don J. Guadalupe Torres Campos en la capilla principal de la institución.

La celebración se realizó justo en la fiesta de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, que la Iglesia celebra en algunos países el jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés.

Fueron instituidos ministros lectores: David Hernández Martínez y Noel Enrique Reyes Elizalde, seminaristas de primero de Teología.

Mientras que recibieron el ministerio del acolitado: Edgar Omar Arellano Escalante, de cuarto de teología; Daniel Alejandro Barraza Alonzo, de tercero de teología; Martín Barraza Cornejo, Francisco Javier Bueno Guillén, José David Carpio Arvilla, Víctor Alberto Pineda Álvarez y Andrés Villalobos Cisneros, de segundo de teología.

Concelebraron la misa los sacerdotes del equipo formador del Seminario, así como asistieron algunos párrocos amigos de los nuevos ministros, familiares y amigos, quienes se unieron a la alegría de la comunidad de esta Casa de formación sacerdotal.

Fe total

En su homilía, el obispo invitó a los jóvenes ministros a “tener un corazón sincero, con una fe total”, que les permita estar siempre dispuestos al servicio, entregados como Cristo,“para que en un futuro, sí así lo quiera, sean ministros que, configurados con Él, ofrezcan el sacramento de la Eucaristía”, dijo don Guadalupe.

Igualmente pidió a los nuevos acólitos y lectores “vivir su ministerio con intensidad, porque ya desde ahora comienza a configurarse Cristo en ustedes”, les dijo.

Sus funciones

Como lo describe la exhortación apostólica Ministeria Quadedam, de Pablo VI, el lector “queda instituído para la función que le es propia, de leer la palabra de Dios en la asamblea litúrgica. Por lo cual proclamará las lecturas de la Sagrada Escritura, pero no el Evangelio, en la Misa y en las demás celebraciones sagradas”.

Igualmente podrea encargarse de la preparación de otros fiueles en la lectura de la Sagrada Escritura.

El acólito, por su parte “queda instituido para ayudar al diácono y prestar su servicio al sacerdote. Es propio de él cuidar el servicio del altar, asistir al diácono y al sacerdote en las funciones litúrgicas, principalmente en la celebración de la Misa; además distribuir, como ministro extraordinario, la Sagrada Comunión cuando faltan los ministros…”

“El Acólito, destinado de modo particular al servicio del altar, aprenda todo aquello que pertenece al culto público divino y trate de captar su sentido íntimo y espiritual”.

(Con información de David Hernández)