Dra. Velia Collazo/Abogada derechohumanista
La paz no significa solamente ausencia de violencia: es el resultado de relaciones justas, reconciliadas y respetuosas de la dignidad que Dios ha dado a cada persona. Por eso, construir la paz en México exige transformar tanto las instituciones como el corazón y la conducta de quienes integran la sociedad.
1. Lo más importante, reconocer la dignidad de toda persona
La fe cristiana enseña que toda persona posee un valor que no depende de su origen, condición económica o historia. Este principio obliga a proteger la vida, atender a las víctimas, rechazar la discriminación y evitar que la respuesta a la violencia produzca nuevos abusos. También permite afirmar que quien ha cometido un delito debe responder ante la justicia, sin dejar de reconocer la posibilidad de arrepentimiento, reparación y cambio.
2. Por ello, se debe unir la paz con la justicia
El perdón cristiano no significa encubrir delitos ni renunciar a la justicia. México necesita autoridades honestas, investigaciones eficaces y protección para quienes denuncian. La verdad, la sanción proporcional y la reparación del daño son necesarias para impedir la impunidad. Una justicia orientada al bien común debe proteger especialmente a las víctimas y prevenir la repetición de la violencia.
3. Practicar el perdón y la reconciliación
El perdón puede liberar a las personas del deseo de venganza, pero no debe imponerse a las víctimas ni utilizarse para evitar responsabilidades. La reconciliación verdadera requiere reconocimiento del daño, arrepentimiento, restitución cuando sea posible y garantías de no repetición. Las iglesias pueden facilitar espacios seguros de escucha y diálogo, siempre con personal capacitado y respeto por los procesos de cada víctima.
4. Prevenir la violencia desde la familia y la comunidad
Las comunidades cristianas pueden contribuir mediante educación para la paz, acompañamiento familiar, atención a las adicciones, tutorías escolares y oportunidades para jóvenes. También pueden promover la resolución no violenta de conflictos, el respeto dentro del hogar y la colaboración vecinal. Estas acciones deben complementar, no sustituir, la responsabilidad del Estado de garantizar seguridad, educación, salud y justicia.
5. Es necesario ser coherentes a fin de lograr la paz
La paz también depende de decisiones cotidianas: no participar en sobornos, no justificar la violencia, actuar con honestidad en el trabajo y cuidar los recursos públicos. La fe pierde credibilidad cuando se limita al culto y no transforma la conducta. El testimonio cristiano debe expresarse en servicio, rendición de cuentas y defensa del bien común.
6. Como buenos cristianos, se deben realizar acciones concretas
Orar por la paz y acompañar la oración con acciones responsables.
Crear redes de apoyo para víctimas, familias y jóvenes en riesgo.
Capacitar a líderes religiosos en derechos humanos, mediación y prevención de abusos.
Colaborar con escuelas, organizaciones civiles y autoridades confiables.
Promover empleos dignos, consumo responsable y ayuda comunitaria transparente.
Rechazar discursos que deshumanicen a cualquier persona o grupo.
Por ende, lograr la paz en México cristianamente implica orar, pero también actuar. Exige defender la vida, acompañar a las víctimas, educar para la convivencia, exigir justicia y vivir con honestidad. La paz duradera se construye cuando la fe inspira responsabilidad y cuando cada persona, comunidad e institución trabaja para vencer el mal con el bien, sin confundir la misericordia con la impunidad.

































































