Ana María Ibarra
En el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que se conmemora el 30 de agosto, comunidades parroquiales de la Diócesis de Ciudad Juárez se unieron al llamado del Diálogo Nacional por la Paz para hacer presente en sus celebraciones a las personas desaparecidas y acompañar en la oración a sus familias.
La iniciativa de Diálogo Nacional por la Paz convocó a las iglesias del país a acoger a las familias buscadoras, incluir en las oraciones a las personas desaparecidas y acompañar las actividades organizadas por quienes mantienen la búsqueda de sus seres queridos.
Solidarios

En la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, el padre Christian García, vicario parroquial, elevó una oración por las más de 120 mil personas desaparecidas en México y por sus familias, que permanecen a la espera de noticias.
“Pedimos por ellos, que puedan regresar a sus hogares, que el Señor pueda romper las barreras de la incertidumbre y que consuele también el corazón de quienes sufren”, expresó.
El sacerdote llamó también a los fieles a asumir un compromiso como sociedad para construir estructuras de paz y justicia.
En la parroquia de San Francisco de Asís, el padre Alfonso García invitó a la comunidad a no permanecer indiferente ante el dolor de quienes buscan a un ser querido.

“Tenemos especialmente presente a las personas desaparecidas y a sus familias, que viven el dolor de buscar y esperar. Pedimos al Señor que sostenga su esperanza y que nuestra sociedad no sea indiferente ante su sufrimiento”, señaló.
Durante la celebración pidió por las personas desaparecidas, para que puedan ser encontradas, y por sus familias, para que Dios las sostenga y fortalezca durante la búsqueda.
De igual manera, oró por quienes participan en estas labores y por quienes trabajan en la construcción de la paz.
Orar por todos

Al reconocer que esta realidad también está presente en la comunidad, invitó a las familias que hubieran vivido una experiencia de desaparición a acercarse para recibir una oración.
Alma Valdés pasó al frente y, a través de ella, el sacerdote oró por quienes atraviesan una situación semejante y pidió a Dios que les conceda fortaleza, paz y esperanza.
En entrevista, Alma compartió que un sobrino suyo fue privado de la libertad y permaneció un mes lejos de su familia. Sus captores solicitaron un rescate, pero el joven fue asesinado el mismo día en que sus familiares entregaron el dinero.
“Ya no sabemos si ellos, las personas malas, recogieron el dinero, pero a mi sobrino a una cuadra lo tiraron. Lo golpearon mucho. Tuvimos que velarlo en un lugar a escondidas por temor”, relató.
Para Alma, pese al dolor que permanece, la fe representa un consuelo ante la pérdida.
“Ya gracias a Dios está descansando, ya no hay dolor para él, ni para mi prima hermana, ya no hay dolor”, expresó.
Con estas oraciones, las comunidades parroquiales se sumaron al llamado del Diálogo Nacional por la Paz para que la realidad de las desapariciones no sea ignorada y las iglesias sean espacios de acogida, escucha y esperanza para las familias buscadoras.

































































