Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Muy buen domingo tengan todos y cada uno de ustedes. Hemos iniciado este pasado miércoles la Cuaresma con la imposición de la ceniza. Gran cantidad de fieles han acudido a las iglesias, parroquias y capillas a tomar ceniza.

Iniciamos este tiempo de gracia, como se nos dijo el mismo miércoles de ceniza, todavía es tiempo, ¡conviértanse a mí de todo corazón!  Es la invitación que el profeta Joel nos hizo este miércoles de ceniza en la primera lectura.

Y precisamente hoy, en este primer domingo de Cuaresma, en el santo evangelio de san Marcos que ha sido proclamado, hay dos ideas muy importantes que los invito a reflexionar.

La primera idea es que el espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto. Nosotros también tenemos que dejarnos impulsar por el espíritu y retirarnos a un desierto cuaresmal. No se trata de un desierto físico, sino es el desierto espiritual cuaresmal donde entramos a un momento de oración, de reflexión, de contemplación, siguiendo el ejemplo de Cristo.

Jesús se retiró al desierto donde permaneció 40 días en oración, en ayuno. Jesús prácticamente inicia así su ministerio con este tiempo fuerte en el desierto.

Que nosotros tomemos muy en serio, mucho, pero muy en serio este tiempo de Cuaresma cada día, cada semana, cada domingo ir reflexionando.

Nos dice el texto de san Marcos, muy breve, que Jesús fue tentado por satanás. Debemos tomar conciencia de que satanás ahí está siempre, está tentando, tentó a Jesús, Jesús lo venció y nos invita a nosotros también a vencer a satanás vencer al demonio en sus múltiples manifestaciones que se hace presente a través de lo que llamamos tentaciones.

Jesús venció y nosotros, con la ayuda de Jesús, con la gracia y con el impulso del Espíritu Santo podremos vencer no por nuestras fuerzas, repito, sino con la fuerza del Espíritu Santo.

 

Vs el demonio

Vencer al demonio, de eso se trata no solamente estos días de Cuaresma, sino todos los días, permanentemente vencer al demonio, mis propios demonios, mis propias tentaciones, cada quien, ponle nombre, ponle apellido, ponle identidad. Identifica cuáles son tus propias tentaciones y vencerlas con la ayuda de Dios, con disciplina, con entrega.

La otra idea del evangelio, muy importante, es que Jesús comienza a predicar y predica así: “se ha cumplido el tiempo, el reino de Dios ya está cerca, ¡conviértanse y crean en el evangelio!”.

Precisamente escuchamos este pasado miércoles de ceniza, al recibir la ceniza, esas palabras: arrepiéntete y cree en el Evangelio. Jesús comienza así su predicación: el tiempo ha llegado, el reino de Dios ya está cerca.

Queridos hermanos, los invito a reflexionar la presencia del Reino en nuestra vida, la presencia de Cristo, que es el Reino de Dios entre nosotros, esa presencia de Cristo y del Reino me invita a convertirme.

Conversión, conviértanse, conviértete, arrepiéntete y cree en el evangelio. No es nada más hacer penitencia, no nada más es ayunar externamente o abstenerme de carne ciertos días. Se trata de creer fuertemente, creer de verdad, crecer en la fe y convertirme cada día al Señor. Por eso Pedro, en la segunda lectura nos dice: Cristo murió una sola vez y para siempre por los pecados del hombre. Jesús murió.

Iniciamos esta Cuaresma para prepararnos a la Pascua, Jesús padece, muere por nosotros y resucita. Cristo muere de una vez y para siempre por mis pecados, por nuestros pecados así que todo este tiempo de Cuaresma vivamos en oración, vivamos en ayuno, pidamos la caridad. Pídele a Dios con el salmo responsorial: “descúbrenos Señor tus caminos, descúbrenos tus caminos de vida, de gracia, de luz, de salvación”.

 

Pláticas cuaresmales

Que toda la dinámica cuaresmal la vayamos viviendo poco a poco. Los invito a acudir a las pláticas cuaresmales. Pregunten horarios de pláticas para niños, para jóvenes o adultos, o en general acudan a sus parroquias a las pláticas cuaresmales para que les ayuden a reflexionar del sentido cuaresmal que nos prepara a la Pascua.

El señor les bendiga, el Señor les fortalezca, siempre que ese arcoíris del que habla el Génesis en la primera lectura como señal de alianza con Dios para con la humanidad, sea un signo de amor, de alegría, de la presencia de Dios entre nosotros.

Vivan la Cuaresma, vivan en oración y que de verdad hagamos caso a esta voz de Cristo: ‘el reino de Dios ya está cerca, ¡conviértete y cree en el evangelio!’

Que los bendiga. Los quiero mucho, les mando mi bendición. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes. Un abrazo a todos.