Testimonio que compartió la madre del pequeño Brayan Iram sobre la experiencia que vivió su hijo en la visita del Papa Francisco…lo despidió en el aeropuerto y ahí se desmayó…luego el papa lo reanimó y consoló…

 

Presencia

Brayan Iram Rodríguez Fierro es un niño de 10 años de edad de Ciudad Madera, Chihuahua. Es monaguillo de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús.

Presentamos el texto original que escribió y envió su madre a este semanario:

El pequeño, al saber de la visita del Papa Francisco a nuestro Estado, se emocionó mucho y nos preguntó si podríamos ir, a lo que le contestamos que tal vez sí.

Cuando se acercaba la fecha, le explicamos que sería muy complicado ir, pues yo tenía mucho trabajo (confecciono uniformes), los cuales tenía que entregar en las mismas fechas. Todo indicaba que no iríamos y él se encontraba desesperado. Faltaban 4 días para el día tan anhelado.

 

Todo a favor

(Un día) cuando llegó mi esposo con el niño de la escuela, Brayan venía con un llanto incontrolable. Asustada le pregunté: – ¿qué tienes, qué te paso?, y él, entre llantos y suspiros, me contesto con otra pregunta:

– ¿Si vamos a ir a ver al papa?

Me conmovió tanto que me hizo llorar, y sentí como una fuerza tan especial entró en mí, que me motivó a decirle que sí. Ante esta respuesta, a Brayan le ganó una descontrolada forma de expresar su sentimiento, comenzó a llorar y llorar y este sentimiento duró alrededor de 3 horas. No teníamos forma de controlarlo; pero ante mi sorpresa y por obra de Dios, mi esposo me muestra una invitación que le hacen de Gobierno del Estado, para la celebración de la despedida del papa, en el Aeropuerto de Ciudad Juárez, ¡no lo podía creer!. Todo se ponía a favor.

 

Ambiente de paz

Con esfuerzo terminé mi trabajo y el 16 de febrero viajamos a Cd. Juárez. Brayan iba feliz, todo el camino se la pasó hablando del Papa y a pesar de que le explicamos que sería difícil verlo de cerca, a él no le importo y decía conformarse con verlo, aunque fuera de lejos. Fue impresionante cuando llegamos a Juárez, sentimos un ambiente de paz, una sensación increíble.

El 17 de febrero, cuando encendimos la televisión, estaba el Papa visitando el CEFERESO. A Brayan nuevamente le gana la emoción y comenzó a llorar, lo cual conmovió mucho a sus abuelitos.

Brayan escribió un cartel con las palabras “Su santidad, los mexicanos rezamos por usted, usted rece por nosotros los mexicanos”.

Salimos a las 11:00 am de la casa, rumbo al aeropuerto. Llegando, todo el sistema de seguridad estaba muy bien organizado, varias veces le revisaron el cartel a Brayan. Ya estando ahí, nos tocó la suerte de quedar frente al escenario donde se le recibiría.

Durante la espera todo transcurrió normal, viendo en las pantallas panorámicas el recorrido del Papa. Ya en la tarde vimos la celebración de la Santa Misa y al terminar le dijimos a Brayan que ya se dirigía al lugar donde estábamos y de nuevo esa emoción descontrolada de llanto le ganó, ante la presencia de la gente.

Muchas personas nos preguntaron qué era lo que le pasaba, y era difícil, por no decir que imposible, explicar lo que Brayan sentía.

Dimos gracias a Dios por la oportunidad que se nos presentó de vivir esta experiencia, ante la necesidad inexplicable que mi hijo sentía.

Cuando se acercaba la hora, se instalaron frente a nosotros cámaras de televisión y personal del sistema de seguridad, lo cual limitaba la posibilidad de que mi hijo mostrara su cartel y poder verlo ( al papa) de frente.

 

Gran momento

Se llegó el gran momento, se corre el telón y la presencia del papa desató la euforia, una verdadera locura de sentimientos y emociones. Mientras todos vivíamos ese magnífico momento, en el mínimo descuido, Brayan ya no estaba con nosotros, estaba arriba, mostrándole al Papa su cartel. Se desbordaba su emoción. Al ver el Papa su cartel se inclina y le da un beso en la frente y sigue su recorrido.

Ante tanta emoción Brayan se desvanece, por lo que de inmediato asiste el personal médico a darle atención. Cuando observamos a mi hijo tirado, el pánico se apoderó de nosotros, corrimos para estar con él, pero nos impidieron el paso.

Al enterarse el papa de lo sucedido, se regresó con su comitiva para ver qué le sucedió al niño y al ver que ya le habían dado auxilio, continuó su recorrido, y a nosotros nos permitieron pasar para poder explicar los problemas de asma que padece Brayan y de inmediato lo atendieron, dándole el medicamento adecuado.  Ahí permanecimos un momento.

Durante el saludo de las personalidades, se acercó corriendo una persona que resguardaba la seguridad del Papa, hablándonos en otro idioma, un traductor nos dijo que el Papa, pedía ver al niño. La persona lo cargó en los brazos y se lo llevó.

Estando frente a él, limpio sus lágrimas, le acarició el rostro, lo bendijo y le obsequió un Rosario, siendo el ultimo niño en despedirlo.

Brayan cuida mucho su Rosario y lo carga con él siempre que salimos, para él tiene un significado muy especial.

Después de un año de tan hermoso suceso, recordar nos llena de nostalgia y nos contagia la misma emoción vivida aquel 17 de febrero del 2016.