Ana María Ibarra
Con motivo del Domingo Mundial de la Misiones (DOMUND), que este año conmemora 100 años de haber sido establecido, Presencia comparte los testimonios de dos jóvenes que se encuentran en Ciudad Juárez como parte del programa Voluntariado Misionero Salesiano.
Ambos, procedentes de Irapuato, Guanajuato, comparten las enseñanzas que esta primera misión les está dejando.
Luz Adriana: servir para crecer
A sus 25 años, Luz Adriana Jaime Mota dejó Irapuato, Guanajuato, para vivir durante seis meses una experiencia de Voluntariado Misionero Salesiano en Ciudad Juárez. Aunque ya había participado en misiones con otras congregaciones, esta es la primera vez que realiza una experiencia de larga duración con los salesianos.
Su acercamiento a la Obra Salesiana de Don Bosco fue en la preparatoria, cuando la invitaron a integrarse a un grupo. Aunque al principio dudó, pues le daba pena participar en retiros, decidió acudir porque un amigo la animó.
Encontré un ambiente muy alegre, de mucho amor y decidí quedarme
recordó quien hoy lleva ocho años de vida y servicio con los salesianos.
Abrirse al encuentro
La decisión de salir de su ciudad a misionar surgió de su deseo de servir y conocer otras realidades.

Sentía un llamado a hacer algo más, a servir. También buscaba aclarar algunas inquietudes vocacionales y darme la oportunidad de plantear un mejor proyecto de vida
compartió Adriana.
La joven reconoció que sentía nervios de venir a Ciudad Juárez por las situaciones que había escuchado sobre esta urbe fronteriza. Sin embargo, la experiencia ha sido distinta a lo que imaginaba.
Sí son situaciones fuertes las que vive la frontera, pero nunca me he sentido en peligro. Al contrario, me he sentido muy feliz, muy cómoda aquí
afirmó.
Como voluntaria, participa en actividades de los oratorios salesianos, acompaña a jóvenes y apoya en tareas educativas y comunitarias.
Para ella, la misión no consiste solamente en llegar a otro lugar para ayudar, sino en abrirse al encuentro con las personas y aprender de ellas.
Misión que transforma
La entrevistada recordó que antes de salir a misionar llegó a escuchar que en las misiones se recibe más de lo que se da.
Uno no se lo cree cuando lo escucha, porque dice: soy yo quien voy a prestar mi servicio, voy a ir a ayudar. Y no, es mucho más lo que termino recibiendo, porque recibo mucho amor, recibo mucha calidez

expresó.
Durante su jornada misionera, Adriana combina clases en la preparatoria, apoyo en el oratorio María Auxiliadora y acompañamiento a los jóvenes durante la semana; los fines de semana participa en las actividades de la comunidad.
La joven compartió que esta experiencia también le ha permitido desarrollar habilidades, paciencia y una forma distinta de acercarse a los jóvenes.
En la educación salesiana se busca actuar con amor y no con un regaño o un castigo. Eso me ha ayudado a mejorar mis hábitos y he aprendido a ser paciente en la comunidad
Con motivo del Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), Adriana invita a otros jóvenes a vencer sus dudas y atreverse a servir.
El voluntariado permite descubrir capacidades que uno no sabía que tenía y crecer en distintos aspectos de la vida. Los invito a ser voluntario al menos una vez en la vida. Siendo joven es muy importante
afirmó.
Su testimonio recuerda que la misión no solo transforma a quienes reciben el servicio: también cambia a quien se anima a salir al encuentro de los demás.
Carlos Arturo: asumir retos
Carlos Arturo Gil Regalado, de 22 años, realiza en Ciudad Juárez su primera experiencia de Voluntariado Misionero Salesiano fuera de casa y por una estancia prolongada.

El entrevistado mencionó que su familia lo apoyó en la decisión, con la condición de que concluyera primero sus estudios.
Terminé la carrera de Ingeniería Industrial y tengo pendiente completar las residencias profesionales para culminar el proceso universitario
dijo.
El joven compartió que llegó a esta frontera con la disposición de aprender y servir, pero también con el deseo de asumir un desafío.
Su acercamiento a los salesianos comenzó en 2019, cuando su mamá lo invitó a conocer el pre noviciado salesiano.
A partir de ahí me integré como aspirante a salesiano cooperador y comencé a conocer la espiritualidad de la congregación, inspirada en san Juan Bosco y María Auxiliadora
dijo.
Las primeras misiones llegaron para Carlos en 2022 y, con el tiempo, al escuchar las experiencias de compañeros que habían realizado voluntariados en otros lugares, creció su curiosidad por vivir algo similar. En 2026 decidió iniciar la formación para dar ese paso.
Cuando le comunicaron que su destino sería Ciudad Juárez, sintió emoción, a diferencia de quienes temían las exigencias de la frontera.
Me gustaría irme a Ciudad Juárez, pensé, porque es un reto, hay mucho trabajo, hay muchas situaciones en las que podemos trabajar y apoyar

comentó.
Ser misionero
La experiencia en esta diócesis consiste en colaborar en los oratorios salesianos, conviviendo con niños, adolescentes y jóvenes.
Antes había participado en misiones en comunidades y ranchos con necesidades de atención y apoyo, y esas experiencias me guiaron hacia el servicio
En estas primeras semanas, añadió Carlos, también ha aprendido que la misión exige flexibilidad. Un cambio de oratorio lo tomó por sorpresa, pues no tuvo mucho tiempo para despedirse de la comunidad anterior. Sin embargo, asumió la mudanza como parte del servicio.
Esa es la misión. Quizá cumplimos nuestra misión en el primer oratorio, Domingo Savio, y ahora toca en María Auxiliadora. Es otra misión
Para Carlos, ser misionero implica aceptar el llamado de Dios y ponerse a disposición de comunidades que necesitan acompañamiento.
Por eso, anima a otros jóvenes a no ignorar esa inquietud interior.
Los invito a que se dejen llevar por Dios. Si sienten esa angustia, esa espinita de ser voluntarios, anímense a iniciar la formación. Muchas comunidades requieren voluntarios
invitó.
































































