Diana Adriano
La solidaridad y el compromiso con los más necesitados marcaron el trabajo del proyecto ‘Semáforo de Eliminación de la Pobreza’, el cual, durante su presencia en la Diócesis de Ciudad Juárez, contribuyó a mejorar las condiciones de vida de diversas familias mediante atención médica, acompañamiento psicológico y capacitación para fortalecer su economía.
Testimonio de servidor
En el marco del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, declarado por la ONU, e inspirado en la acción del sacerdote católico francés Joseph Wresinski, compartimos el testimonio de Jaime González, feligrés de la parroquia La Virgen de la Luz, quien participó como agente de este programa, colaborando con jóvenes y servidores que llevaban apoyo a personas con marcadas carencias económicas y situaciones de abandono.
Jaime relató que conoció el proyecto cuando sus integrantes se acercaron a la comunidad parroquial, donde él ya participaba en labores de asistencia a personas enfermas y necesitadas.
Me quedé sorprendido porque nunca habíamos manejado este proyecto. Llegaron esos jóvenes y trajeron su ayuda, cosas nuevas para mí, que nunca había vivido
recordó.
Explicó que el programa permitía identificar las principales necesidades de las familias para establecer acciones concretas que contribuyeran a superar esas dificultades.
Proyecto católico
Como se ha informado en Presencia, el programa “Semáforo de Eliminación de Pobreza” formaba parte de la Pastoral Social, como apoyo a las familias en situación de pobreza, brindándoles las herramientas necesarias para alcanzar un futuro digno y próspero.
Basado en la metodología desarrollada por “Fundación Paraguay” que busca brindar apoyo integral a las familias en condiciones precarias, el proyecto comenzó en la parroquia La Virgen de la Luz, coordinado por Xavier Eduardo Piñón y apoyado por un grupo de jóvenes.
Ellos realizaron cuestionarios y evaluaciones a familias, con el objetivo de identificar las problemáticas específicas a las que se enfrentaban.

Luego diseñaron estrategias para abordar las necesidades de manera personalizada, desde capacitación en habilidades laborales, apoyo educativo para los niños, entre otros aspectos importantes, todo con el objetivo de que estas familias pudieran avanzar hacia mejores condiciones de vida.
El color rojo representaba las necesidades más urgentes; el amarillo, el proceso de atención y recuperación, mientras que el verde simbolizaba los avances alcanzados.
Atención a personas en abandono
Uno de los casos que más recuerda Jaime González es el de Gilberto Gutiérrez, un hombre que vivía en condiciones sumamente difíciles, incluso dentro de su propia vivienda, donde enfrentaba problemas de salud y falta de condiciones adecuadas para su cuidado.
De acuerdo a Jaime, el hombre se encontraba prácticamente aislado de su familia y requería atención médica urgente. Ante esta situación, integrantes del proyecto comenzaron a movilizarse para buscar alternativas que le permitieran recibir ayuda y mejorar sus condiciones.
Ese grupo de los jóvenes venía, revisaban a la persona y empezaban a moverse para salvar esa vida, darle restauración. De hecho, se movió todo eso. A esa persona se le ayudó mucho
relató.
Aunque Gilberto falleció posteriormente, el entrevistado recordó el esfuerzo de quienes se involucraron en su caso y la importancia de que las personas enfermas y en situación de abandono no sean olvidadas.
Otro de los casos atendidos por Semáforo de Pobreza fue el del matrimonio de María Elena Luna y José Ernesto Maldonado, ambos de la tercera edad, quienes enfrentaban una situación precaria en su vivienda.
Pedí ayuda para mi casa. Debo mantener este cuartito sellado, por la diálisis que le hago a mi esposo
dijo en su momento esta mujer, cuyo esposo sufría discapacidades graves, incluyendo la falta de piernas y visión, además de requerir diálisis.
La pareja fue una de las familias beneficiadas con la reparación de su vivienda.

Para Jaime, estas experiencias reflejan la importancia de brindar no solamente ayuda material, sino también acompañamiento humano y emocional a quienes atraviesan momentos difíciles.
Seguir ayudando
Jaime González continúa colaborando en acciones de caridad desde la parroquia La Virgen de la Luz, donde participa en el apoyo a familias que necesitan alimentos y asistencia para atender a sus enfermos.
Como parte de la misión que realiza, mensualmente entrega despensas a alrededor de 18 familias, aunque señaló que otros colaboradores atienden a más personas, por lo que la cifra total de beneficiarios es mayor.
En la capilla Santa Margarita María Alacoque, vinculada a esta labor comunitaria, se cuenta con un banco de alimentos y un banco de medicamentos, además de servicios relacionados con la atención médica y la fisioterapia.
No obstante, las necesidades siguen siendo numerosas. Entre los apoyos más urgentes se requieren pañales para personas enfermas, sábanas, sillas de ruedas y medicamentos, así como alimentos para familias que tienen dificultades para cubrir sus necesidades cotidianas.
El entrevistado explicó que en la zona que atienden algunas madres solteras deben trabajar para sostener a sus hijos y, al mismo tiempo, cuidar a sus padres enfermos, una situación que incrementa la necesidad de contar con redes de apoyo solidario.
Compromiso católico
Por ello, invitó a la comunidad a donar medicamentos que ya no utilicen, siempre que se encuentren en condiciones adecuadas y puedan ser recibidos de manera segura, además de colaborar con los alimentos y productos que hacen falta para atender a quienes más lo necesitan.
Que nuestro corazón sea como una brújula
reflexionó.
Finalmente, subrayó que la atención a los más vulnerables debe ocupar un lugar central en la vida de las comunidades, especialmente desde la fe y el compromiso cristiano-católico.
Debemos tener más fija la mirada y mente en el más necesitado, tenerlo como centro. Ver realmente que nuestro hermano es como un Cristo que está en esa situación y nunca pasarlo por alto. Que nuestro corazón sea como una brújula que nos va orientando hacia aquella necesidad del prójimo, porque sin el prójimo, no somos nada
concluyó.

































































