Algunos sacerdotes de la diócesis comparten con nuestros lectores algunos consejos para vivir la alegría de la Pascua.

 

 Ana María Ibarra/ Claudia Iveth Robles

El acontecimiento de la Pascua es el motivo, no sólo en la fe, sino en la vida completa, para vivir alegres y contentos. Para encontrarle sabor agradable a la existencia, se debe vivir la Pascua como fuente de la alegría, y la alegría es fruto de una fe y una vida interior firme.

Las Normas Universales del Año Litúrgico afirman:  “los cincuenta días que median entre el Domingo de la Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo”  (n 22)

En este sentido, algunos sacerdotes de la diócesis comparten con nuestros lectores algunos consejos para vivir la alegría de la Pascua.

 

 

Pbro. Leonardo García, párroco Cristo Rey

  1. Ser caridad para los demás

Haber celebrado el Triduo Sacro y haberse preparado durante los 40 días de la Cuaresma, debe de llevar a vivir una Pascua plena, viviendo a profundidad nuestro Bautismo y viviendo las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, pero sobre todo la caridad, que es la que siempre permanecerá. Un signo para vivir nuestra alegría pascual es la caridad, hacerla parte de nuestravida cristiana, no solamente haciendo actos de caridad, sino que nuestra vida misma sea una caridad para los demás.

 

 

  1. Vivir a plenitud las celebraciones litúrgicas

Cuando vivimos a plenitud nuestras celebraciones litúrgicas dejamos que Dios penetre en lo profundo del corazón. Cuando “yo” entro al templo y vivo la celebración litúrgica, y me despide el sacerdote con la bendición, al salir no soy el mismo, voy transformado, voy cristificado, Cristo “va” en mí.

Esto me lleva a tener una vida espiritual más madura, más concreta. Es un encuentro con el Señor que se da en lo profundo del corazón y un encuentro con el Señor que se da en medio de la comunidad. La Pascua, que es la Fiesta de las fiestas y prolonga esta alegría por cincuenta días, la vivimos desde la contemplación de Cristo crucificado que ha dejado vacío el sepulcro y que nos invita a vivir como resucitados. Al participar de las celebraciones sagradas de la Iglesia queremos unirnos al crucificado que ha resucitado y al vivir como resucitados cada día, vivimos plenamente nuestra vocación cristiana.

 

Pbro. Antonio González, formador del Seminario

  1. Tiempo para estar con Dios

Invito a que haya tiempo en nuestra vida para meditar, para reflexionar, para estar en silencio. Rezar, orar, darnos momentos de oración para entrar en la comunicación con Dios porque nos reconocemos necesitados de Dios, porque la oración nos abre a la grandeza del amor, de la misericordia y del poder de Dios.

 

 

 

  1. Aceptación de nosotros mismos y de los demás

La apertura a Dios nos lleva a aceptarnos como hijos de Dios. La Pascua nos abre a la aceptación de la necesidad que tenemos de los demás, eso da satisfacción plena a la vida. Hay que conocer el significado de la Pascua con el conocimiento vivencial. Convivir con los demás en apertura, en disponibilidad, en aceptación,

Nos ayuda leer libros que nos dan ejercicios, dinámicas de entrada en nosotros mismos para conocernos, aceptarnos. La escucha del Papa Francisco, que es un papa de la alegría, con sus documentos. Eso nos ayuda a seguir creciendo y a profundizar la alegría de la Pascua.

 

Pbro. Amadeo Ruiz, párroco de Todos los Santos

  1. Ser agradecidos

Para vivir la Pascua primero hay que agradecer a Dios el amor tan grande que nos ha tenido al haber entregado a su propio Hijo. De ahí surge la alegría, de una victoria ganada después de un gran combate, el cual nosotros lo hicimos vivo durante la Cuaresma. Al llegar a la victoria, la alegría se festeja. Festejemos Pascua agradecidos con la victoria de Cristo que nos comparte, y es el sabor de haber combatido al lado de Él, derrotando a quien Él derrotó.

 

  1. Compartir la alegría

Un modo más de vivir la Pascua es compartir con los demás esa alegría. El mandato de Jesús es un mandato misionero: vayan y anuncien a toda la gente lo que ustedes mismos han vivido. Así como a través de 20 siglos tanta gente ha consagrado su vida al compartir la experiencia que tuvo de la victoria de Cristo, hoy nosotros también. La alegría de la Pascua se vive desde los primeros siglos de la Iglesia. Los santos padres hablaban que la Pascua era como 50 domingos seguidos, 50 días de fiesta, porque la fiesta que se celebra lo amerita. Seamos verdaderamente felices por la victoria que Cristo nos comparte.

 

Padre Felipe Juárez, párroco de San Felipe de Jesús

  1. Acercarse al Santísimo Sacramento

Encontramos la presencia de Jesús resucitado en el Santísimo Sacramento, acérquense al Señor, déjenlo obrar las maravillas que Él quiere hacer en cada corazón y a través de su presencia, Jesús resucitado hará maravillas en tu vida, la llenará de gozo, de júbilo, de la alegría de su presencia en tu corazón y en tu alma.

 

  1. Hacer caridad

Hay más alegría en dar que en recibir. Aunque ya terminó el tiempo de Cuaresma, no nos olvidemos que la caridad está dentro de los primeros lugares del corazón del Señor. Él nos dice: lo que hiciste por alguno de los más pequeños, por mí mismo lo hiciste. Los invito a dar con alegría.

 

 

Pbro. Héctor Aguilar, párroco de San Martín Obispo

  1. Escuchar a Dios/ Leer los evangelios

La Pascua es momento para disfrutar la presencia de Aquel que hace que el corazón arda mientras lo escuchamos, especialmente en los momentos de dolor, cuando vamos por el camino con el corazón entenebrecido (apesadumbrado).

Utilizar los evangelios de la Pascua, sobre todo los de la Octava y, en torno a nuestro pequeño Cirio Pascual, descubrir el rostro de Cristo que se acerca a nosotros. Oración en torno a la Palabra.

 

  1. Servir en familia

Ir a los centros de ayuda, asilos de ancianos, casas de atención a niños problematizados, etcétera, y llevar un regalo, chocolates o algo que les diga “gracias”. Si lo hacemos en familia, nuestros hijos descubrirán lo hermoso del servicio y a los servidores un pequeño signo de gratitud.

 

 

Pbro. Francisco Galo Sánchez, párroco de Nuestra Señora del Carmen

  1. Contemplar a Jesucristo.

Eso es lo central, contemplar a Jesucristo, porque la Pascua es en primer lugar de Él. Y es la Pascua de Jesucristo a la cual, nosotros como Iglesia, nos incorporamos. La Pascua de la Iglesia debe ser la Pascua de Jesús.

¿y cómo podemos contemplar a Jesucristo?. A través de la oración, de la visita al Santísimo, del sacramento de la Reconciliación, si uno se ha alejado.

 

  1. Pedirle a Dios que nos dé su Espíritu.

Porque es el Espíritu Santo el que nos hace entrar en la Pascua, no nuestra voluntad, sino el Espíritu.

La Pascua es para llenarnos del Espíritu de Jesús, del Espíritu Santo, de invocarlo, decirle, “Dános Dios Padre tu Espíritu”, ese espíritu que nos lleve como seguidores de Jesucristo a seguirlo hasta el final.  debemos aprender a saber estar donde el Señor nos pide que estemos.

Tener el Espíritu de Dios también se logra a través de mirar a los Santos que nos enseñan que tuvieron espíritu de Dios.  También se encuentra al Espíritu Santo, no sólo en los sacramentos, sino también en la lectura de la Palabra y pedirle a Dios que lo sepamos ver, pues su presencia nos va dar esa alegría.

 

Pbro. José Ríos Galarza/ párroco de Nuestra Señora del Sagrado Corazón

  1. Tener una vida nueva.

La Pascua es vida nueva. Se trata de renovar todas las cosas: las relaciones, los encuentros, la manera de ver y de vivir las situaciones que se nos presentan, con un espíritu y una esperanza fortalecidos por la resurrección del Señor.

  1. Llevar la vida nueva a las relaciones cotidianas

Con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, con aquellos que nos encontramos frecuentemente, pero también abrirlo a los desconocidos a crear nuevas relaciones, nuevas formas de encuentro, de cercanía y solidaridad, sobre todo con los demás que lo necesiten.

 

Padre Efrén Hernández/ párroco

  1. Escuchar a Jesús y responderle

Debemos escuchar con atención la pregunta que Jesús le hizo a Pedro Simón, Hijo de Juan: ¿Me amas más que a éstos?  ‘Sí Señor, tú sabes que te quiero. Y a su vez Jesús le dijo: apacienta mis corderos. Pero tres veces hizo la misma pregunta. Entonces escucha tú también esa pregunta y haz vida la respuesta de Jesús ‘cuida mis ovejas, mis corderos’, cuida a todos tus hermanos, los fáciles y los difíciles, y hazlo por amor a Dios y en nombre mío.

  1. Acompañar a los que les falta fe

Debemos hacer el acompañamiento de los discípulos de Emaús, es decir, acompañar a los desilusionados porque Jesús había muerto y no creían en su resurrección. Nosotros conocemos a muchas personas así. Tomemos el lugar de Jesús y vayamos tras de ellos y ayudémosle a descubrir a luz de la fe, la experiencia del Resucitado, ayudémosles a descubrir, sobre todo en la Eucaristía, el amor de Jesús resucitado.Y que movidos por el Espíritu Santo sean capaces de amar a los demás y seguir descubriéndolo en la fracción del Pan.

 

Pbro. Gregorio López, MNM, párroco de La Transfiguración del Señor

  1. Sonreír

Debo demostrar verdaderamente en mi vida que Cristo ha resucitado en mi persona, en mi familia, en mi trabajo. ¡Sonrían! porque un cristiano debe de estar feliz, lleno de gozo al vivir este tiempo de Pascua.

  1. Saludar a los demás.

A toda persona que veas salúdala y díle: ¡Felices Pascuas de Resurrección! ¡Cristo ha resucitado en mi vida y contigo! Te sorprenderás de las respuestas que tendrás.

Dios les bendiga y que nuestra Madre Santísima, la Virgen María Niña, les cubra con su manto.

 

 

Para saber…

* El tiempo pascual comprende cincuenta días (en griego = “pentecostés”), vividos y celebrados como un solo día.

* El tiempo pascual es el más fuerte de todo el año, que se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante siete semanas hasta Pentecostés.

* Es la Pascua (paso) de Cristo, del Señor, que ha pasado de la muerte a la vida, a su existencia definitiva y gloriosa.

* Es la Pascua también de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la Vida Nueva de su Señor por medio del Espíritu que Cristo le dio el día del primer Pentecostés.

* El origen de esta cincuentena se remonta a los orígenes del Año litúrgico.