Por Diana Adriano
Con cinco años de sacerdocio, el padre Eduardo Hernández Vázquez, originario de Ciudad Juárez y perteneciente a la Diócesis de la Tarahumara, ha encontrado en las comunidades serranas el lugar donde desarrollar su vocación misionera, enfrentando largas distancias, caminos difíciles y necesidades económicas para llevar el Evangelio a las familias.
Conocido como padre Lalo, explicó que su llamado comenzó durante su formación en el Seminario de Ciudad Juárez, cuando convivió con seminaristas de la Tarahumara que le compartieron sus experiencias con los pueblos originarios y sus tradiciones.
“Me platicaban de la misión, de los ritos propios de la cultura rarámuri, y sentía una gran emoción”
recordó.

Llamado a la misión
Su primera experiencia ocurrió durante la Semana Santa, en una comunidad cercana a Témoris llamada Güipa, donde debía caminar alrededor de 40 minutos para visitar a las familias, atravesando ríos y caminos. Acostumbrado a la vida urbana, reconoció que enfrentó un choque cultural, pero también descubrió que podía sentirse realizado en esa realidad.
“Fue primero un choque cultural, un choque eclesial, pero siempre Dios nos ha llamado a la misión”
expresó.
Actualmente, el sacerdote es párroco en el municipio de Morelos, Chihuahua, donde las distancias representan uno de los principales desafíos de su labor pastoral. Explicó que llegar desde Guachochi implica recorrer aproximadamente ocho horas por caminos de terracería.

“Yo digo que es una parroquia como Jumanji. Cada mes hay un reto para pasar al siguiente mes”
comentó entre risas, al describir las dificultades que enfrenta para mantener las actividades de la parroquia.
A los traslados se suman los gastos de combustible y mantenimiento de los vehículos, así como las limitaciones económicas de las comunidades, donde escasean las fuentes de empleo.
Iglesia cercana
A pesar de estos obstáculos, aseguró que su trabajo le ha permitido conocer una Iglesia cercana a las personas, donde la presencia del sacerdote adquiere un significado especial para familias que, en ocasiones, tienen pocas oportunidades de recibir acompañamiento pastoral.

Además del acompañamiento espiritual, la labor misionera enfrenta una realidad económica compleja. El padre Eduardo explicó que en su parroquia las familias tienen recursos limitados y que la falta de fuentes de empleo dificulta que puedan contribuir económicamente al sostenimiento de las actividades de la Iglesia.
Por esta razón, él y sus colaboradores recurren a distintas iniciativas para reunir fondos, como la venta de pulseras, rompope y cajeta, cuyos ingresos ayudan a cubrir los gastos de la misión.
La misión es tarea de todos
En vísperas del Domingo Mundial de las Misiones (Domund), que este 2026 cumple cien años de su institución por el papa Pío XI, el padre Eduardo destacó que esta celebración recuerda la esencia evangelizadora de la Iglesia.
“El ADN de nuestra Iglesia es misionero”

dijo para sentenciar que el anuncio el Evangelio no es responsabilidad exclusiva de sacerdotes o religiosos, sino de todos los católicos.
Consideró que la misión no necesariamente requiere viajar a lugares alejados, pues también puede vivirse en el hogar, el trabajo, la escuela y los grupos parroquiales, mediante el testimonio y el servicio a los demás.
“Ser católicos implica ser misioneros”
reiteró.
El sacerdote compartió también experiencias que le han permitido comprender las necesidades de las comunidades.

Recordó la ocasión en que una mujer le entregó juguetes para que los llevara a su parroquia y cuando sus hijos se enteraron, reclamaron porque aquellos juguetes les pertenecían. La mujer les preguntó qué les faltaba, pues consideraba que tenían muchas cosas. Uno de los pequeños respondió que le hacía falta una mamá. Una situación que lo llevó a reflexionar sobre las carencias afectivas que también enfrentan algunas familias.
Ayudar ayudando
En este sentido, invitó a la comunidad juarense a apoyar a quienes realizan la labor misionera, ya sea mediante donativos, ayuda material o, especialmente, con la oración.
“Algo que todos pueden hacer es orar para mantener de pie a un misionero en la misión”
señaló.

Recomendó que, durante el mes de octubre, los fieles dediquen al menos un Padrenuestro o un Avemaría por los sacerdotes, religiosos y laicos que evangelizan en comunidades alejadas.
También recordó el ejemplo de santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones, cuya espiritualidad muestra que es posible vivir el compromiso misionero mediante la oración, incluso sin abandonar el lugar donde se vive.
Para el sacerdote, esta ayuda espiritual tiene un valor especial porque permite que quienes se encuentran lejos de las comunidades serranas se unan a la labor de quienes trabajan diariamente en ellas.
Una invitación para servir en la Sierra Tarahumara
El padre Eduardo extendió una invitación a quienes deseen vivir una experiencia misionera en la Sierra Tarahumara, especialmente durante la Semana Santa, cuando se requiere la colaboración de personas dispuestas a acompañar y organizar las actividades religiosas de las comunidades.
Explicó que estas experiencias permiten conocer de cerca la realidad de los pueblos originarios, convivir con sus habitantes y participar en las celebraciones que forman parte de su vida comunitaria y espiritual.
Quienes deseen solicitar información sobre las posibilidades de colaborar pueden comunicarse al teléfono 656 350 7334.
Finalmente, el padre Eduardo pidió a los lectores de Periódico Presencia mantener presentes en sus oraciones a los misioneros y a las personas que viven en comunidades con necesidades materiales, espirituales y afectivas.
Su mensaje final resume el entusiasmo con el que vive su vocación:
“¡Qué alegría, qué emoción, vámonos a la misión!”

































































