Ana María Ibarra
Con una invitación a reconocer en cada migrante el rostro de Cristo y a mirar de manera especial a niñas, niños y adolescentes en contexto de movilidad, se celebró el 27 de septiembre la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado en la Casa del Migrante de Ciudad Juárez.
La Eucaristía fue presidida por el padre José Armando Benavides, administrador diocesano, quien recordó que todos los seres humanos somos peregrinos y que la vida es un don de Dios, aun cuando el camino no siempre sea fácil.
Al referirse al mensaje del papa León XIV para esta jornada, el sacerdote destacó la importancia de no ser indiferentes ante la realidad de los menores que migran, huyen de sus lugares de origen o son separados de sus familias.
El papa nos invita este año a poner la mirada en ellos, pues, uno solo de estos pequeños es motivo suficiente para que la Iglesia no permanezca indiferente

dijo el padre Armando.
El sacerdote señaló que la presencia de las personas migrantes también enriquece a las comunidades que las reciben y llamó a todos a renovar el compromiso de trabajar en la “viña del Señor”, es decir, de responder con acciones concretas a las necesidades de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
Todos somos migrantes. Todos caminamos hacia una patria definitiva: el cielo. Por ello, estamos invitados a vivir la fe desde el amor de Dios, quien permanece fiel y acompaña a sus hijos en cada etapa de la vida
expresó.
Reciben los sacramentos

Durante la celebración, niñas y adolescentes del DIF Estatal recibieron los sacramentos de iniciación cristiana.
El padre Benavides administró el bautismo y la confirmación, mientras que durante la celebración eucarística algunas de las participantes recibieron por primera vez la comunión.
El sacerdote explicó que estos sacramentos representan un regalo de Cristo y una oportunidad para renovar la fe de toda la comunidad.
Con el bautismo, somos consagrados como hijos de Dios; mediante la confirmación se recibe el don del Espíritu Santo, y en la Eucaristía nos encontramos a Cristo, pan de vida
La celebración reunió a personas migrantes hospedadas en la Casa del Migrante, colaboradores de la institución, personal del DIF Estatal y miembros de la comunidad, quienes participaron en la jornada dedicada a recordar que acompañar, escuchar y servir a quienes viven la migración es también una forma concreta de vivir el Evangelio.
El sacerdote subrayó que la comunidad cristiana está llamada a responder con generosidad y cercanía ante las necesidades de quienes llegan a esta frontera.

































































