Por Diana Adriano
La intención de oración del papa León XIV para el mes de octubre está dedicada a la pastoral de la salud mental, con la que la Iglesia hace un llamado a fortalecer el acompañamiento de las personas que atraviesan situaciones de sufrimiento emocional, así como a superar los prejuicios que todavía existen alrededor de las enfermedades mentales.
Ante esta realidad, el padre Felipe Juárez, asesor de la Pastoral de la Salud, destacó que uno de los primeros pasos que pueden dar sacerdotes y agentes de pastoral cuando detectan que una persona atraviesa una crisis es acercarse desde la caridad cristiana y el discernimiento.
El sacerdote compartió que todas las personas pueden pasar por momentos de vulnerabilidad y situaciones difíciles, por lo que el trabajo pastoral también implica estar cerca de quienes enfrentan dolor, enfermedad o crisis emocionales.
Nosotros tenemos que proceder siempre de una manera, especialmente con lo que es la caridad cristiana. También es necesario pedir a Dios la luz para saber cómo actuar ante cada situación.
El padre Felipe indicó que muchas personas que atraviesan algún sufrimiento buscan ayuda precisamente en quienes encuentran dentro de la Iglesia, como sacerdotes, religiosas, laicos comprometidos o personas que consideran cercanas a la fe. Por ello, dijo que es importante que quienes realizan algún servicio pastoral sepan reconocer algunas señales que pueden indicar que una persona atraviesa una situación de crisis.
Un acompañamiento que no sustituye al profesional
El asesor de la Pastoral de la Salud hizo énfasis en la diferencia entre el acompañamiento espiritual y la atención psicológica o psiquiátrica.
Explicó que cuando se requiere un diagnóstico, un tratamiento terapéutico o una prescripción médica, corresponde intervenir a los profesionales que cuentan con la preparación necesaria para hacerlo.
Lo que hacemos nosotros es en la parte del consejo, el acompañamiento espiritual, el poder ayudar y canalizar también a la persona.
De esta manera, señaló que el acompañamiento de la Iglesia no pretende sustituir el trabajo de psicólogos o psiquiatras, sino que puede ser complementario. Desde la pastoral, añadió, se puede ofrecer escucha, cercanía, oración y apoyo espiritual, además de orientar a la persona para que busque la atención profesional que necesita.
Para el sacerdote, reconocer estos límites también forma parte de un adecuado servicio pastoral, pues quienes acompañan desde la Iglesia deben evitar emitir opiniones o indicaciones que corresponden al ámbito profesional de la salud mental.
Fe y atención psicológica no se contraponen

Otro de los aspectos que el padre Felipe consideró necesario abordar es la idea de que acudir con un psicólogo o psiquiatra pueda ser interpretado como una falta de fe.
Frente a ese pensamiento, señaló que es necesario ofrecer orientación y ayudar a comprender que la atención profesional y la vida espiritual pueden caminar juntas.
El sacerdote explicó que, desde la perspectiva de la fe, también puede buscarse el acompañamiento de profesionales que compartan valores y principios trascendentes, sin que esto signifique rechazar la atención psicológica o psiquiátrica.
Insistió en que la Iglesia no debe despreciar el trabajo de los profesionales de la salud mental, pues su labor es valiosa y puede acompañarse de la vida espiritual.
No se contrapone la fe y la ciencia.
En este sentido, señaló que el desarrollo integral de una persona puede incluir tanto el acompañamiento profesional como el espiritual, cada uno desde el ámbito que le corresponde.
La confesión
Dentro de la vida de la Iglesia, el padre Felipe destacó también el valor de acercarse al sacerdote, especialmente mediante la confesión y la escucha, para quienes atraviesan momentos de dificultad.
Explicó que desde la fe se reconoce la acción de la gracia de Dios en la vida de las personas y que acercarse al Señor puede ayudar a encontrar esperanza, consuelo y fortaleza.
Sin embargo, nuevamente aclaró que esta dimensión espiritual no sustituye la atención de los profesionales de la salud mental.
Para el sacerdote, ambas dimensiones pueden acompañarse en el proceso de una persona, pues mientras la atención profesional ofrece herramientas desde la ciencia y la práctica terapéutica, la vida espiritual puede brindar un horizonte de esperanza y una experiencia de fe.
Dios libera a la persona. Dios sana a la persona en sus heridas más profundas.
También señaló que, desde su perspectiva, la experiencia de la misericordia y del amor de Dios puede ayudar a una persona a encontrar paz interior y a vivir un proceso de transformación.

No encerrarse en el dolor
Ante quienes actualmente atraviesan alguna dificultad emocional, el padre Felipe hizo un llamado a no encerrarse en el sufrimiento ni sentirse abandonados.
Invitó a confiar en Dios, acercarse a la Eucaristía y a la adoración, hacer oración y buscar también la ayuda necesaria tanto en el ámbito espiritual como en el profesional.
Siempre confiar en Dios, acercarse también, pedirle al Señor, sobre todo en su presencia, en la Eucaristía, en la adoración.
Al mismo tiempo, recomendó buscar la atención de un médico cuando sea necesario, así como acercarse a un sacerdote para solicitar consejo y acompañamiento.
El sacerdote recordó que atravesar una situación de dolor no significa estar abandonado por Dios y llamó a quienes sufren a no aislarse.
No dejar de hacerlo, no encerrarse en su dolor, no sentirse abandonados.
Agregó que, desde la fe, la persona puede encontrar en Dios una fuente de esperanza y confianza para continuar buscando una solución a aquello que está viviendo.
Una pastoral que también invita a mirar al enfermo
Finalmente, el padre Felipe llamó a los fieles a involucrarse más en la Pastoral de la Salud y a no permanecer indiferentes ante las personas que padecen alguna enfermedad.
Recordó que la caridad cristiana también se expresa mediante obras materiales y espirituales y que entre ellas se encuentra la atención y visita a los enfermos.
Que ayudemos a los hermanos, que no rehuyamos el vivir la caridad con el enfermo.
El sacerdote hizo especial énfasis en las personas que viven con enfermedades mentales y que pueden encontrarse en situación de abandono, incluso en las calles, al considerar que también existe una necesidad de fortalecer el trabajo organizado desde la sociedad y las instituciones para atender estas realidades.

































































