Diana Adriano
A 70 años de la llegada de las Clarisas Capuchinas a Ciudad Juárez, son muchos los testimonios de personas que han encontrado en el convento un espacio de fe, oración y acompañamiento. Entre ellos está el de María Soledad Carvajal Álvarez, cuya historia familiar está ligada a las religiosas desde antes de su nacimiento.
María Soledad recuerda que su abuela, María Candelaria de la Cruz, y su madre, María Dolores Álvarez de Carvajal, fueron de las primeras personas que apoyaron a las religiosas cuando llegaron a la ciudad, convirtiéndose en bienhechoras de la comunidad.
“Yo las conozco, podría decirse, desde antes de nacer”, compartió. Durante su infancia, María Soledad comenzó a acercarse al convento y recuerda cómo en aquellos años las religiosas vivían un claustro más estricto. Los encuentros se daban a través del torno, una pequeña ventana por la que las hermanas podían recibir o entregar objetos.
Inspiración vocacional

También tuvo la oportunidad de conocer a algunas de las religiosas fundadoras y convivir con ellas. A los 12 años sintió el deseo de consagrarse como Clarisa Capuchina, aunque fue admitida hasta los 14 años. Ingresó al convento en 1984 y permaneció ahí durante siete años, hasta los 21.
“Me gustaba mucho su silencio, me gustaba mucho oírlas rezar”, recordó. Su cercanía con las religiosas y las conversaciones con algunas de ellas, en las que escuchaba sus historias y las dificultades que habían enfrentado, fortalecieron su inquietud vocacional.
No obstante, María Soledad decidió salir del convento después de siete años. Pero nunca ha dejado de estar cerca de las Clarisas Capuchinas.
De hecho, la hermana Clara Saucedo, una de las religiosas con las que más convivió, se convirtió en parte de su familia, a tal grado que ambas familias se aceptaron mutuamente como hijas.
Pararrayos

Para María Soledad, la presencia del convento en Ciudad Juárez tiene un significado que va más allá de lo que puede verse desde fuera. Reconoce que, tal y como lo han dicho los obispos, desde el primero hasta el último en Ciudad Juárez, este sitio es “como un pararrayos” por la labor que ahí hacen las clarisas capuchinas: Mientras realizan sus labores cotidianas, llevan una vida de oración en intercesión por todas las necesidades de afuera, y en este caso específico, de la ciudad y su comunidad. Ponen todas las necesidades ante Dios y así detienen el mal.
A lo largo de los años, María Soledad también ha aprendido de las clarisas capuchinas valores como la paciencia, la prudencia y la paz interior.
“Eso se logra simplemente al entrar al convento, o a su silencio, a su paz”, señaló.
Hoy, además de mantener esta cercanía, sus tres hijos conocen y quieren a las religiosas, y también colaboran cuando tienen la oportunidad.
María Soledad considera importante que la comunidad continúe apoyando al convento, especialmente ante la disminución de bienhechores.

“Doy gracias a Dios de haberlas conocido, de haber sido parte de ellas”, expresó la mujer, para quien se trata de una convivencia sencilla, pero profundamente fructífera, marcada por el amor, la paz y la vida compartida.
Ana María Ibarra
Bodas de Diamante una bella celebración
Setenta y cinco años de oración, entrega y presencia silenciosa en Ciudad Juárez fueron celebrados por las Hermanas Clarisas Capuchinas en Ciudad Juárez, con una misa de acción de gracias que reunió a religiosas, sacerdotes, frailes franciscanos y miembros de la comunidad.
La celebración por los 75 años de la llegada de las Clarisas Capuchinas tuvo lugar el pasado 17 de septiembre en la parroquia Cristo Rey, unida al monasterio de las Clarisas, donde las religiosas han hecho de la oración y la vida fraterna un testimonio permanente dentro de la Iglesia local.

La eucaristía fue presidida por fray Israel Maldonado Escobedo, OFMCap, Custodio de los franciscanos capuchinos del Norte de México, quien al inicio de la celebración dio gracias a Dios por los 75 años de presencia de las hermanas en la Diócesis de Ciudad Juárez.
Antes de la misa, los asistentes conocieron parte de la historia de las primeras Clarisas Capuchinas que llegaron a Ciudad Juárez y algunos acontecimientos significativos de su caminar a lo largo de estos años.
En la celebración participaron los sacerdotes diocesanos Julián Badillo; Antonio González, asesor espiritual de las hermanas; Jaime Melchor, párroco de Cristo Rey; Víctor Fernández, párroco de Santa Rosa de Lima; Leopoldo Nevárez, quien durante muchos años acompañó espiritualmente a las Clarisas, y Gregorio López, vicario de la Vida Consagrada.
Reflexión
En su homilía, fray Israel tomó como punto de partida la celebración de las llagas de san Francisco de Asís para reflexionar sobre el amor de Dios y el seguimiento de Cristo.

Recordó que Francisco aprendió a vivir con las manos vacías, desprendiéndose de las riquezas para asumir plenamente el Evangelio.
“Las llagas no fueron para él motivo de orgullo, sino un don recibido en su proceso de configuración con Cristo”, expresó.
A partir de esta reflexión, invitó a las religiosas y a la comunidad a mantener también las manos extendidas para recibir aquello que Dios quiera dar.
“Por generaciones, las Clarisas han sido testimonio de entrega silenciosa y oración, compartiendo sus luchas y alegrías y convirtiéndose así en un don para la Iglesia local.
Hermanas, vean su presencia en esta diócesis como un don y un regalo. Esta diócesis es para ustedes una gracia de Dios”.
Ofrenda
Durante la misa se realizó la renovación de votos de las religiosas y la presentación del pan y el vino, colocando ante el altar la propia vida y la historia de estos 75 años, unidos a la ofrenda de Cristo.
Entre los invitados estuvieron las hermanas Misioneras de María Dolorosa, congregación que hace 75 años brindó hospedaje a las primeras Clarisas que llegaron a la ciudad, así como las Misioneras Guadalupanas, quienes durante muchos años compartieron la vida apostólica de esta comunidad, debido a la cercanía del colegio Tercer Centenario con el monasterio.
Al finalizar la celebración, los presentes participaron en una convivencia fraterna para continuar dando gracias por los 75 años de presencia de las Clarisas Capuchinas en Ciudad Juárez.

































































