Dr. Alfredo Morales González/Ortodoncista
Cualquiera que revise nuestro panorama nacional estará de acuerdo en que las nuevas realidades socioculturales que vivimos en México afectan particularmente, a los jóvenes.
Este conglomerado de pulsiones de consumo e inmediatez, conduce a los jóvenes, incluso a los niños, a buscar la valoración de sí mismos y la propia identidad en los modelos de éxito personal y social que ofrecen los medios de comunicación, asociados con la capacidad de consumo y de acceso a bienes superfluos.
Uno de los enunciados centrales del documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007, establece que nos encontramos inmersos en “un cambio de época cuyo nivel más profundo es el cultural”. La cultura implica “el ambiente vital de la persona, el modo en que se relaciona consigo misma, con sus semejantes, con la naturaleza y con Dios” y, por tanto, la manera en que se concibe y expresa el significado de la existencia.
La cultura, por naturaleza se comunica, se crea y se recrea a través de la educación. Y ¿Cuál sería el eslabón perdido de la educación? Me gustaría mencionar a la virtud, considerada una cualidad moral positiva y excelencia humana para mejorar la vida ética y alcanzar la plenitud personal. Por mencionar los tres tipos principales de virtudes, sin importar el orden; en primer lugar, las virtudes cardinales (humanas) como la prudencia, justicia, fortaleza, templanza; en segundo lugar, la virtud moral que denota el hábito de obrar bien y con bondad. y por último la virtud teológica (cristiana) que incluye la fe, esperanza y la caridad.
No es cierto que somos más inteligentes que nuestros abuelos y ancestros. Es diferente, ya que estamos más conectados en redes, pero más distantes físicamente. y nos hacen creer que estas generaciones somos los super inteligentes. Contamos con más herramientas para la comunicación e investigación a diferencia de los métodos utilizados en el pasado y en consecuencia hoy en día somos fácilmente manipulables como sociedad en general.
Como un ejemplo de nuestros antepasados cabe recordar que el derecho romano sentó las bases de nuestro sistema legal y Marco Tulio Cicerón escribió un manual de campañas electorales para enseñar cómo salir elegido senador o magistrado, misma praxis que sigue vigente hoy en día. También ya desde entonces se consideraba mejor imagen de la persona que fueran jóvenes y bien parecidos, ya que la mayoría vota o confía de acuerdo la imagen que se pueda transmitir. La publicidad, marketing, que hoy nos venden por todas partes, siguen siendo los mismos modelos y funcionando de la misma forma desde el siglo I A.C.)
Hoy en día, las relaciones personales se ven afectadas a través de las redes sociales porque se convierten en un mercado que se consume a través de una marca personal. ¿De qué nos sirve la tecnología si dejamos de utilizar nuestro cerebro? ¿Qué nos hace más inteligentes actualmente?, si está comprobado que cada vez nos cuesta más trabajo leer un artículo como éste, por ejemplo.
Cada etapa de la historia de la humanidad se distingue de las demás por el conjunto de certezas que a nivel cultural definen la vida de las personas y de los pueblos de su época. Desde la Grecia clásica se decía que la juventud ya estaba echada a perder. Sócrates, Platón, Aristóteles, los grandes filósofos griegos clásicos de hace 2 mil 400 años decían exactamente lo mismo que hoy ¿Qué le pasa a la juventud?, de tal manera que si cada generación hubiese sido peor que la anterior ya nos hubiésemos extinguido de la Tierra.
Cada una de estas épocas posee un conjunto de valores no cuestionados, que configuran un paradigma, es decir, una base sobre la que se desenvuelve la vida de las personas, de las sociedades y de las instituciones. el conjunto de avances científico-tecnológicos que hemos vivido las últimas décadas, han hecho que el mundo se vuelva más complejo y resulte difícil percibir su unidad. Se vive una realidad fragmentada, se ve la realidad unilateralmente, ya sea desde la perspectiva económica, política o científica, reduciéndola a sólo alguno de sus aspectos, y se interpreta a la naturaleza humana como algo puramente biológico, socioeconómico o sentimental.
Hay que replantearnos el camino que estamos siguiendo para transformar nuestra historia de desencuentros y violencia en un horizonte de verdaderas oportunidades, desarrollo e inclusión, pensando especialmente en las nuevas generaciones.
“Necesitamos recomenzar desde Cristo, y necesitamos que nos consuma el celo misionero para llevar al corazón de la cultura de nuestro tiempo, aquel sentido unitario y completo de la vida humana que ni la política, ni la ciencia, ni la economía, ni los medios de comunicación podrán proporcionarle”.































































