Mons. J. Guadalupe Torres Campos

Les saludo con grande amor y alegría  en este domingo de Pentecostés, un día precioso, de luz, de gracia, de fuego, de viento del soplo del Espíritu Santo. Concluímos todo un período grande de gracia, intenso que incluye desde Cuaresma, la Semana Santa, y toda la Pascua, diríamos 98 días de un tiempo litúrgico para concluir con esta fiesta preciosa de Pentecostés.

De la liturgia de esta Solemnidad quisiera resaltar dos para que los reflexionemos y entendamos qué es lo que celebramos. Por una parte el cumplimiento definitivo de la nueva Alianza entre Dios y los hombres por medio de Jesucristo y del Espíritu Santo. Jesús ha dicho ’me voy al Padre, regreso y conviene que yo me vaya, porque mi Padre les enviara al Paráclito’. En ese sentido Jesús confirma ese cumplimiento definitivo de la Nueva Alianza entre Dios a través de su hijo Jesucristo, derramando en nosotros el don del Espíritu Santo, y por otra parte también el tema de la manifestación de la Iglesia, del mundo, fundada por la Palabra y la Sangre de Cristo, y garantizada por el testimonio del Espíritu Santo que impulsa a los apóstoles y que impulsará desde ese momento a la Iglesia a predicar las maravillas de Dios.

Por eso escuchamos en la Palabra de Dios decir que cuando venga el Espíritu Santo Él dará testimonio de mi, dice Jesús, Él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio de mí. Hace 8 días el mandato antes de ascender:  ‘vayan por todo el mundo prediquen el evangelio a toda creatura’, con esta fiesta de Pentecostés la Iglesia se fortalece, con este espíritu, con este fuego, con este viento santificador del Espíritu de Cristo, del Espíritu Santo y es garantía de la presencia de Dios padre de la presencia de Cristo: ‘yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo’

Con la guía del Espíritu Santo Jesús también dice: cuando venga el Espíritu Santo Él los irá guiando, esa es la garantía, Jesús nos da la garantía de que el Espíritu de Cristo, don del Padre, está en la iglesia, habita en la iglesia desde Pentecostés.

 

Signos de Pentecostés

También los Hechos de los apóstoles narran, digámoslo, signos externos de Pentecostés: de repente se oyó un gran ruido que venia del cielo, es el Paráclito que viene del cielo, del Padre, de Cristo. Un ruido que resonó por toda la casa, es decir, en la humanidad, en el universo, en la Iglesia, en cada parroquia,  en cada familia, en todos los bautizados. Resuena en la casa donde se encontraban en ese momento los apóstoles y sin duda alguna otras personas.

Pero hoy en este nuevo Pentecostés, donde nos encontramos todos en la fe, tanto en una liturgia celebrativa como en la fe, habla de manifestaciones de lenguas de muchas naciones, todos entendían, todos comprendían  y es la presencia el lenguaje de Dios, la manifestación de Dios, de su amor a través de su Espíritu, que es el Espíritu de Cristo, que es comprensible, es una experiencia, no se requieren discursos ni grandes experimentos científicos ¡no!, es una experiencia de fe, sentir, experimentar la presencia de Dios en nosotros para luego lanzarnos a ese compromiso que nos decía hace ocho días Cristo.

Por eso hemos cantado el salmo responsorial: ‘envía Señor tu Espíritu a renovar la tierra’, primero una súplica: envía. Estamos abiertos abrir nuestro corazón. Desde la noche del sábado, en la vigilia, en  muchas parroquias han hecho una vigilia de adoración ante el Santísimo para pedir a Dios el don de Su Espíritu. La otra parte: ‘a renovar la tierra’, ahí está el compromiso, un don. El Espíritu Santo pide una misión, un compromiso, renovarme, cambiar, ser mejor, dejarme guiar en el Espíritu. Todos unidos con distintos carismas que el Espíritu derrama en cada uno de nosotros para renovar la Iglesia, la familia, la sociedad, es decir, la presencia del Espíritu del Padre y del Hijo de Cristo y que de repercutir en la transformación de los corazones.

 

Vivir con el Espíritu

Por eso san Pablo en la carta a los gálatas dice: los exhorto a que vivan de acuerdo con las exigencias del Espíritu. Aquí los invito a preguntarnos  como católicos ¿vivo conforme a las exigencias del Espíritu? ¿mi vida es de acuerdo al Espíritu Santo que es amor, paz, verdad y justicia?. Dejarnos guiar en la unidad, construir, transformar, santificarnos, vivir conforme a las exigencias del Espíritu Santo y, decía nuevamente san Pablo, arrancando de nosotros el desorden egoísta del hombre. Somos pecadores y debemos reconocer nuestros desordenes, pero estar abiertos al Espíritu, acogerlo para cambiar, para vivir ahora en adelante conforme a esa ´presencia del Espíritu Santo en nosotros.

Por eso si de veras nos dejamos llevar por el Espíritu, el amor es la máxima expresión: ama a Dios, ama a tu prójimo. El Papa Francisco cómo nos ha insistido en la alegría del Evangelio, la alegría del Padre en nosotros, tener el Espíritu Santo es vivir la paz de Cristo y construir la paz en el mundo. Que haya paz, es decir, que reine el amor del Padre y la vida de Cristo, fruto del Espíritu Santo.

Comenzaremos otra etapa del Tiempo ordinario, lo cual no quiere decir que es menos dinámica. Debe continuar el compromiso, debemos seguir viviendo con fe, alegría y gozo en el Señor siempre bajo la guía y la conducción del Espíritu Santo. Que se note en el cristiano, en todos la presencia del Espíritu, bautizados, confirmados, consagrados, pero que se note el amor en el compromiso, en el servicio, en la sencillez. Como dice el papa, en salir y llevar la Buena Nueva. Que Pentecostés sea siempre, no sólo un tiempo litúrgico. Vivamos un nuevo Pentecostés. Al hablar del Espíritu Santo tenemos que hablar en un sentido trinitario, es la Santísima Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo en unidad,unidos en nuestra vida cristiana, así que vivamos con alegría con entrega generosa este nuevo Pentecostés, la presencia del amor del Padre y seamos hombres y mujeres de fe que nos dejemos impulsar por el Espíritu Santo dando frutos abundantes. Les saludo con afecto y les doy mi bendición.