Hoy es el Día del Padre…presentaremos entre hoy y mañana testimonios de sacerdotes de nuestra diócesis sobre cómo la figura paterna marcó sus vidas y vocación…

 

Claudia Iveth Robles

Don Isaías Torres Ruiz es el padre del obispo don J. Guadalupe Torres Campos. Tiene 90 años de edad y ha sido ejemplo no sólo para nuestro obispo, sino para todos sus hijos, dos de ellos sacerdotes.

Desde pequeño, don Guadalupe ha visto en él un regalo de Dios y un modelo de vida a través del cual Dios Padre se manifiesta.

“Para mi es un hombre fuerte en espíritu. Es admirable, trabajador, un modelo de vida, un ejemplo a seguir”, dijo el obispo en entrevista con Presencia.

 

Impulso vocacional

La figura de su padre influyó en la vocación sacerdotal de don Guadalupe, ya que fue un hombre de Iglesia, fue misionero, catequista, y sirvió en la Acción Católica, como ministro de la Comunión y otros servicios, además de que tuvo siempre una gran amistad con los sacerdotes y en general con los que servían en su comunidad.

“Mis padres siempre me apoyaron incondicional, emocional, espiritual, afectivo y materialmente”, dijo con Guadalupe, quien ingresó al Seminario cuando tenía 12 años.

 

Una gran responsabilidad

A lo largo de su formación para el sacerdocio, don Isaías siempre mostró gran alegría por la vocación de su hijo, aún con su personalidad seria y callada, pero cuando don Guadalupe le compartió que sería ordenado obispo, en medio de la gran celebración de su familia, don Isaías se quedó callado y al preguntarle una de sus hermanas contestó: “Claro que estoy feliz, me alegro, pero esto es una gran responsabilidad”, dijo.

“ Mi papá ya tenía dos hijos sacerdotes y sentía que mi nombramiento como era de gran responsabilidad”, compartió don Guadalupe.

 

Padre ejemplar

Sobre cómo la figura de su padre le ayuda a ser padre espiritual de muchos sacerdotes, don Guadalupe dijo que siempre recuerda las cualidades que mira en su papá, quien trabajó incansablemente para que no les faltara nada, ni en lo material, ni en lo espiritual.

“Trabajaba para una fábrica de zapatos, en vacaciones yo le ayudaba, pero siempre lo veía con mucha paciencia, con confianza en Dios, y con un gran amor a mi mamá Beatriz, siempre con esa entrega”, dijo.

El obispo dijo que su padre es un testimonio de vida para él como padre-obispo, ya que con sus sacerdotes y con la comunidad debe tener una cercanía paternal.

“Así como mi padre cargaba esas cajas llenas de pieles, debo cargar, a ejemplo de Cristo, esta diócesis, a mis sacerdotes, que tengo que reconocer que son prioridad, junto con el Seminario, y que tengo que estar atento, con amor y paciencia, igual que mi padre”, expresó.

Señalo que conducir una diócesis no es fácil, tampoco a un presbiterio, pero siempre se siente fortalecido por el Señor, no se siente solo, ni desprotegido.

“Me siento fortalecido por Dios, por el mismo presbiterio y los religiosos, religiosas y laicos. Siento un amor muy grande hacia mi persona, una cercanía muy grande, y un apoyo en el trabajo”, dijo.

Afirmó que el testimonio y las virtudes de don Isaías si le han ayudado siempre, pues sabe que lo que su papá hizo con una familia numerosa (15 hijos), él puede hacerlo también como padre espiritual en esta diócesis.

 

Un consejo

El obispo invitó a los padres de familia de la diócesis a vivir su paternidad todos los días con mucha alegría.

“Ser padre es un reto, una vocación hermosa, pero con la ayuda de Dios y la compañía de la esposa, y de la familia, serán fortalecidos”, concluyó.