Expertos en la atención a niños y jóvenes y en violencia, responden tres preguntas sobre el caso registrado hace una semana en Monterrey, Nuevo León. Coinciden en que es necesaria una presencia más cercana con los menores.

 

Ana María Ibarra/ Claudia Iveth Robles

A raíz de los hechos ocurridos en Monterrey Nuevo León, donde hace una semana un adolescente de 15 años disparó contra sus compañeros y su maestra en el salón de clases, y luego se disparó a sí mismo, muchas inquietudes suergieron sobre la forma como está funcionando la sociedad y las familias en México y el mundo.

Hicimos tres preguntas muy básicas, las cuales planteamos a cuatro diferentes profesionales que tienen acercamiento con niños, jóvenes y con el tema de la violencia. Una socióloga, un psicólogo, un educador y un sacerdote sociólogo respondieron a los cuestionamientos para tratar de explicarnos qué pasa en la sociedad cuando se presentan este tipo de casos, hasta hoy más frecuentes en Estados Unidos que en México.

Aquí la respuestas en lo que presentamos como una especie de panel.

1 ¿Por qué pasan estos hechos?

Creo que difícilmente puede brindarse una respuesta satisfactoria a un porqué este tipo de acontecimientos. Quizá más que un por qué debería ser un “cómo es que llega a pasar esto” y para responder a esa cuestión no se responde con algo fijo, sino con algo dinámico, es decir… son frutos de procesos.

Acontecimientos fatales como al que aludimos son manifestaciones de procesos, de sucesión de eventos y circunstancias que van ejerciendo en las decisiones y acciones de los individuos, muchas de las veces alimentados por un entorno. Llevamos tiempo alimentando nuestras mentes con violencias y un bombardeo de exacerbaciones de ataque a los otros, a través de los medios digitales, de la música, de las expresiones cotidianas, casi como si fuese un estilo de vida atrayente y atractivo a la vez.

Pbro. Juan Carlos Quirarte/ sacerdote/ antropólogo. Director de Obra Salesiana en Ciudad Juárez

 

Es difícil dar una respuesta sin conocer a fondo la situación del adolescente que disparó, de su familia y de la escuela en la que acontecieron los hechos. En realidad, tenemos que reconocer que frente a hechos como éste siempre tendremos más preguntas que respuestas ¿Qué había en el corazón de este chico? Con cautela y en base a las investigaciones que se han hecho sobre casos similares en otros países podríamos plantear sólo algunos factores: 1) El arma ¿Cómo es que este chico tenía un arma en un país en donde, a diferencia de los Estados Unidos, se supone existe una mayor dificultad para conseguirlas, al menos legalmente? Las respuestas que han dado las autoridades apuntan a que la obtuvo en su casa, es decir, que era del papá.

2) La situación del adolescente: se mencionaba que se trataba de un chico con problemas “psicológicos” o incluso “psiquiátricos”; pero creo que esa descripción no es suficiente, ya que adolescentes con problemas tenemos miles, por lo que habría que considerar la condición del adolescente dentro de su familia y en el contexto escolar: quizá de estigmatización y exclusión, de rechazo sostenido que es una forma muy fuerte de violencia hacia alguien, que va produciendo resentimiento.

Mtra. Teresa Almada, socióloga/ Directora de CASA promoción juvenil

 

Estos hechos son causados por varios factores que aún, a pesar de todos los avances científicos, no podemos predecir tan fácilmente. Después del suceso del estudiante en Monterrey es muy fácil el ver hacia atrás y decir que la causa fue la violencia social, la falta de valores, el acceso a las armas, pero la realidad de las cosas es que aún no sabemos las verdaderas causas que nos lleven a predecir un futuro ataque similar. Podríamos decir que la causa es la violencia social, pero si fuera causa, entonces todos los niños expuestos a la violencia social terminarían intentando matar a otros. Podríamos decir que la falta de valores es la causa, pero no todos aquellos que carecen de valores terminarán matando a otros. Podríamos también decir que es la falta de atención a los niños lo que provoca estas cosas, pero no todos los niños y niñas que les falta atención van a terminar matando a otros niños. Esta pregunta de por qué pasan estos hechos es muy complicada, por que si distinguimos los factores, sería fácil predecirlos, pero en ningún país en el mundo se pueden predecir, ya que son muchos los factores que influyen. Creo yo que la violencia en la sociedad influye, también la falta de valores, la falta de atención a los niños, violencia escolar, pero como psicólogo creo que hay un aspecto psicológico que influye más que todo, ya que hay ciertos trastornos psicológicos o psiquiátricos que pueden llevar a una persona a cometer este tipo de hechos, como puede ser un trastorno relacionado con la esquizofrenia, en el cual algunas personas reportan escuchar voces que les piden que maten a otros, o un trastorno de personalidad antisocial, en el cual las personas deprecian las reglas, normas sociales y leyes, las cuales infringen muy fácilmente y sin remordimiento. Por lo que se supo en los medios, el niño estaba en tratamiento por depresión, pero creo que si se hace un diagnóstico más profundo, es probable que haya presentado otros síntomas más fuertes además de la depresión. También creo que el acceso a las armas, por parte del padre que poseía varias por ser cazador, y el saber cómo usarlas, influyó a que el niño agarrara la pistola y se la llevara a la escuela. Se necesita investigar más el caso y conocer la vida del niño, su dinámica en la escuela, en la familia, con los amigos para hacer una valoración más exacta. Sin embargo, creo que el aspecto psicológico fue determinante.

Mtro. Oscar Esparza/ Psicólogo/ UACJ

 

 

¿Por qué comienzan a presentarse en México?

Quizá eventos de tal magnitud y sobre todo con tal cobertura mediatizada es algo que pueda verse recientemente en nuestro país, pero no creo que sea algo apenas reciente lo que es una violencia y sin razón que se puede dar entre los grupos humanos en nuestro país.

Infelizmente muchos modelos se replican, y existen hoy en día portales trasnacionales, transterritoriales que llevan a la imitación, a la exportación de formas nuevas y herramientas alternativas a los mecanismos de sometimiento o de ejercicios de violencia sobre los demás. Hoy con arma de fuego, otras veces quizá han sido otras las formas o instrumentos para agredir y para dejarse llevar por la exacerbación de lo efímero de ser un evento altamente conocido.

El morbo mismo de querer ver y mostrar imágenes, de que no basta una descripción sino que la sed no se sacia hasta mirar y repetir continuamente las escenas en donde lo crudo de la violencia visibilizada a veces ya no tiene distinción entre la ficción de un filme y la grabación de un hecho real.

Pbro. Juan Carlos Quirarte/ sacerdote/ antropólogo/ Director de Obra Salesiana en Ciudad Juárez

 

 

Creo que estamos viviendo en un contexto de naturalización de la violencia, pero sobre todo, como señala el Papa Francisco, de globalización de la indiferencia, en donde cada quien vive más preocupado por la gestión de sus intereses personales, que por los otros y la colectividad. La indiferencia se expresa en el abandono, la falta de escucha e interés por lo que les sucede a las demás personas, incluso las que tenemos cerca y ello está generando una gran violencia.

Todos terminamos siendo víctimas de esta situación, pero principalmente nuestros niños, niñas y jóvenes. Nuestra sociedad, incluidas las familias, escuelas, gobiernos e incluso iglesias, han desarrollado muchas formas (algunas brutales y otras sutiles) de indiferencia hacia nuestros jóvenes, cuyas vidas parecen no importarles a nadie. ¿Quién está allí, cuando un joven necesita ser escuchado? Las respuestas pueden ser muchas, pero generalmente nadie siente que sea su responsabilidad: ‘estoy muy ocupado’, ‘ya no sé qué hacer con él’; ‘no es mi hijo’, ‘que se hagan cargo sus padres’, ‘no hace caso’, ‘es muy problemático’, ‘no es creyente’, etcétera, etcétera.  Pero eso sí, como en el caso de la mujer adúltera que iba a ser apedreada (Jn 8, 1-11), para juzgar y castigar sobran voluntarios.

Mtra. Teresa Almada, socióloga/ Directora de CASA promoción juvenil

 

Estos acontecimientos no son nuevos y creo que siempre han existido, lo que pasa es que ahora con las redes sociales la información llega más rápido a más personas. Recuerdo un caso similar en Nuevo León, en el cual el novio de una muchacha mató a los hermanitos de ella. Este caso fue muy famoso y sucedió antes de que empezara lo de la violencia. Y si nos metemos a investigar en periódicos anteriores vemos casos en los que se presentan estos casos lamentables. En estos tiempos, si se conocen de más casos como este puede ser por toda la exposición que la sociedad ha experimentado en relación con la violencia, pero no hay que perder de vista que otros factores siguen afectando más a los niños que la violencia social, como lo es la violencia intrafamiliar. En estudios que se han realizado en el doctorado en psicología se ha encontrado que la violencia intrafamiliar que experimenta al niño le afecta más que el haber sido afectado directamente por la violencia social. Creo que estos casos empiezan a ocurrir por el descuido que tienen los padres de familia al educar a los hijos, en donde muchas veces a los niños nadie les presta atención, nadie los cuida ni los guía, y esto hace que ellos crezcan sin valores, sin buenas costumbres, y sin corrección. La desintegración familiar, la violencia intrafamiliar, y la desvalorización en la familia, hace que este tipo de cosas suceda más frecuente que antes, inclusive creo yo que más que la violencia social.

Mtro. Oscar Esparza/ Psicólogo/ UACJ

 

 

¿Cómo se pueden prevenir hechos como éste?

No creo que exista una fórmula concreta de solución, pero al menos podría indicar que un modo inicial para llegar a mejorar es en mirarse a sí mismo y empezar por sí mismo, antes que buscar a que los otros sean buenos. Es decir, que cada uno alimente más su propio ser de elementos positivos y de paz, sepamos elegir entre tantas opciones y no hagamos de la violencia visibilizada y exacerbada un alimento cotidiano de nuestra vida, que nos haga perder el sentido de extrañamiento ante semejantes magnitudes

Pbro. Juan Carlos Quirarte/ sacerdote/Antropólogo/ Director de Obra Salesiana en Ciudad Juárez

 

Creo que la mejor prevención siempre apunta a la cercanía con los jóvenes, a escucharlos, acogerlos, acompañarlos con amor. Sin embargo, lo que generalmente pasa es que cuando un joven comienza a tener problemas, la “solución” que suele darse es señalarlo, separarlo, expulsarlo, excluirlo, cuando lo que nos está diciendo su comportamiento es lo contrario: necesita mayor atención, sentirse parte de una familia, de un grupo, de una comunidad, es decir, ser amado.

Vayamos al encuentro de nuestros jóvenes, salgamos a buscar esa oveja perdida, por la que Jesús nos dijo que había que dejar las 99 restantes, acojámosla con delicadeza, con la profunda sensibilidad y la paciencia de quien ama.

Mtra. Teresa Almada, socióloga/ Directora de CASA promoción juvenil

 

 

Es difícil prevenir estos hechos ya que como son muy raros, en comparación con toda la población, no lo podemos explicar con exactitud. Sin embargo, hay focos rojos que debemos de cuidar ya que estos pueden ser señales de que algo pueda ocurrir, a pesar de que la probabilidad es muy baja. Hay personas con ciertos trastornos psicológicos o psiquiátricos como la esquizofrenia o trastorno de personalidad antisocial que pueden llevar a una persona a cometer estos crímenes, por eso cualquier cosa diferente que veamos en nuestros hijos o compañeros, hay que canalizarlos con profesionales de la salud mental. Cuando una persona es muy aislada, tiene armas, las enseña y amenaza con usarlas, esto también puede ser un indicador. Estas personas tienden a ser aisladas, y a veces presentan síntomas de depresión. Hay que prestar atención a personas que tengan acceso a armas, y también aquellas que sean víctimas de violencia. Estas son señales, pero es importante mencionar que la gran mayoría de personas que puedan presentar estas señales es muy probable que no hagan nada peligroso, sin embargo algún porcentaje mínimo, fracciones de porcentajes, pudieran cometer estos hechos y por eso hay que estar al pendiente. También promover el valor de la familia como escuela de la vida, de valores y como Iglesia particular donde se vive la fe en Dios es importante para prevenir este tipo de hechos. Concientizar a la comunidad del valor de la vida y además de contar con psicólogos certificados en cada escuela, privadas y públicas, que puedan ayudar y apoyar a la infancia y juventud en sus situaciones personales. Esto último ayudaría bastante a prevenir este tipo de situaciones.

Mtro. Oscar Esparza/ Psicólogo/ UACJ