Ana María Ibarra
Desde hace ya varios años, la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe se convirtió en un punto de apoyo para las personas en movilidad.
Personas migrantes y refugiadas que llegan de distintos puntos del mundo, han visto resueltas, en la medida de lo posible, algunas de sus necesidades básicas, entre ellas, la atención a su salud.
Ellos han recibido apoyo de la Misión Columbana, con el surtido de recetas médicas, gestión en sus tratamientos y recientemente con atención médica y seguimiento a través de un consultorio.
Realidad particular
Cristina Coronado, del ministerio para la movilidad humana de la Sociedad Misionera de San Columbano, explicó que los problemas de salud de los migrantes son una realidad que hizo evidente la necesidad de establecer un acompañamiento permanente.

“Lo importante con la gente migrante, en cuestión de salud, es darle seguimiento. Es cierto que distintos grupos ofrecían apoyo médico de manera ocasional, pero no existía un sistema organizado para dar continuidad a los casos”, explicó Cristina.
La situación llevó al equipo que desde hace años atiende en Catedral, a acompañar a los migrantes en centros de salud y hospitales, así como a establecer comunicación con instituciones para facilitar su acceso a los servicios.
Proyecto de ayuda
La doctora Leticia Chavarría Villa, quien durante la pandemia atendió a la población migrante en el Hotel filtro instalado por las autoridades, se incorporó al proyecto de la misión columbana, para coordinar el área médica.
Explicó que uno de los primeros obstáculos detectados fue que, para recibir atención médica, a algunos migrantes se les solicitaban documentos como CURP o INE. Esto pese a saber que su situación les impedía contar con ellos.
“Ya de entrada ellos no regresaban, porque sentían que no tenían ese derecho a la salud. El único servicio al que pueden acceder es al que da el gobierno del Estado, que son los centros de salud, los hospitales (General, De la mujer, Infantil y Hospital Psiquiátrico). Nos dimos cuenta de que estaban siendo discriminados por no tener documentos”, relató.

De esta forma, los servidores en el proyecto de Misión columbana comenzaron no solamente a canalizar pacientes, sino a acompañarlos durante el proceso: desde una consulta de primer nivel hasta estudios, medicamentos, referencias y atención especializada.
Este servicio dio un giro positivo con la apertura y bendición de un consultorio médico en un espacio proporcionado por la Catedral.
“Se brinda atención de primer nivel a personas migrantes. Cuando un caso requiere servicios especializados, los canalizó o los acompaño, y les doy seguimiento. Tenemos algo de medicamento y si contamos con lo que necesitan, se lo damos; si es un medicamento que no tenemos, nosotros lo compramos”, explicó la entrevistada.
Apoyo total
Aseguró que la Misión columbana ha tenido que asumir gastos de consultas con especialistas, medicamentos y estudios médicos ante las dificultades que enfrentan los pacientes para acceder oportunamente a estos servicios en el sistema público.
«En algunos casos en que requieren cirugía, los mantienen en espera días o semanas. Hemos tenido migrantes que requieren estudios o consultas especializadas. Cuando su condición requiere atención inmediata como emergencia o algo de gravedad, se envían directamente a los hospitales y ahí no se les pueden negar la atención”, aseguró.

El acompañamiento se extiende también a la salud mental, mediante la colaboración de psicólogos, así como a casos de accidentes, rehabilitación, embarazos y atención de niñas y niños.
Servicio
Actualmente, el consultorio brinda atención dos días a la semana, mientras que otro día la doctora atiende y da seguimiento a pacientes en Catedral.
Más que resolver una consulta aislada, el propósito es acompañar a las personas durante su proceso de salud y evitar que un diagnóstico quede sin tratamiento o que una referencia médica se pierda en el camino.
“Ellos están aquí, son personas que necesitan nuestro apoyo. Invito a la comunidad a comprender la situación de los migrantes y evitar rechazarlos o criminalizarlos”, concluyó la doctora Chavarría.
En Casa del Migrante

En Casa del Migrante, obra de la Diócesis de Ciudad Juárez que desde hace más de 30 años ha sido el refugio para miles de personas en situación de movilidad, la situación no es diferente respecto al tema de la salud de los migrantes.
“Contamos con un departamento médico que nos permite brindar una primera atención a las personas que llegan con alguna necesidad sanitaria. Tenemos personal de enfermería y un médico de planta que realizan la valoración y el seguimiento de los huéspedes durante su estancia”, explicó el padre Francisco Bueno, director de la Casa del Migrante.
Dijo que cuando se presenta alguna situación que requiere una atención más especializada, se canaliza a las personas a los hospitales y servicios públicos de salud de la ciudad.
“Sin embargo, uno de los principales retos que enfrentamos es que estos procesos muchas veces son complicados y lentos debido a la burocracia y a los requisitos, especialmente cuando se trata de personas migrantes que no cuentan con documentación o un acceso regular al sistema de salud”, señaló.
Agregó que como institución se han encontrado con casos cada vez más complejos, tanto de enfermedades físicas, como de personas que llegan después de haber vivido situaciones muy difíciles durante su tránsito.
“Uno de los grandes desafíos para la Casa es poder garantizar que cada persona reciba una atención digna, oportuna y adecuada, independientemente de su condición migratoria”, resaltó el sacerdote.

Al final, dijo, para la Casa del Migrante la salud forma parte de la atención integral que ofrecen.
“No se trata solamente de atender una enfermedad, sino de acompañar a la persona y procurar que recupere, en la medida de lo posible, su bienestar y su dignidad”, concluyó.
Permanecen desafíos
Tanto para la doctora Chavarría, como para el padre Francisco y Cristina Coronado, un avance ha sido lograr que las instituciones gubernamentales conozcan cada vez más las circunstancias particulares de la población migrante.
Sin embargo, ellos coinciden en que todavía existen obstáculos que deben ser superados.
“Mantenemos comunicación con personal de la Región Norte de Salud y con trabajadores sociales de los hospitales para facilitar los trámites y dar seguimiento a los casos”, explicó la doctora mientras Cristina Coronado añadió:
“La labor implica tender puentes entre las instituciones y los migrantes, de manera que la falta de documentos o el desconocimiento de la ciudad dejen de ser una barrera para el acceso a la salud”.

































































