Ana María Ibarra

A los 18 años Lizeth quedó embarazada, noticia que para ella fue como un tormento, ya que recién había iniciado estudios de ingeniería en el Tecnológico de Juárez y lo que menos pensaba era tener un hijo.

Ante este “problema”, Lizeth, apoyada por su pareja, tomó la decisión de abortar y comenzó a buscar en Internet dónde llevarlo a cabo sin saber que Dios la llevaría a un lugar donde optaría por dar vida.

 

Sin esperanzas

En su búsqueda Lizeth se encontró con el Centro de Atención a la Mujer Juarense, organización pro-vida que ayuda a salvar a niños en peligro de ser abortados.

Cuando llegó al CAMJ, Lizeth optó por tener a su bebé después de platicar con la directora Blanca Aranda.

“Cuando decidí venir tenía mucho miedo porque creí que era una clínica de abortos, pero cuando entré me recibió Blanquita y me preguntó por qué quería abortar a mi bebé si era una bendición que me llevaría a algo muy grande”, recordó Lizeth, quien en ese momento tomó conciencia de que abortar no era la decisión correcta.

Lizeth compartió que su embarazo fue difícil y pasó momentos de frustración, creyendo que su vida había terminado, pues no cuenta con familia en Ciudad Juárez y la relación con el papá de su hijo nunca fue buena.

“Pensé que mi vida se iba a estancar, que ya no terminaría mi escuela y que tendría que dedicar mi vida únicamente a mi hijo, pero no como lo mejor, sino como lo peor, que era el final de todo”, expresó.

Y agregó: “El papá de mi hijo no era atento conmigo. Aquí no tengo a nadie, ni amigos. Soy de Veracruz y vine a estudiar, pero me embaracé”.

 

Momento difícil

Lizeth estaba segura que fue Dios quien la llevó a ese lugar por alguna razón. El apoyo que recibió en el CAMJ durante su embarazo le ayudó a continuar, a saber que no está sola y que Dios camina con ella.

Y cuando su hijo Bruno nació, fue un poco difícil aceptarlo, pero Dios la ayudó a finalmente sentirse una madre .

“Me costaba trabajo hablarle, decirle hijo.  Le pedí a Dios amor para mi hijo y ahora lo amo más que a nadie y daría mi vida por él”, afirmó con lágrimas en los ojos.

“Sé que Dios me mandó a mi hijo para seguir adelante. Siempre que vengo al CAMJ escucho la voz de Dios que me dice “no te rindas”, y no lo hago. Aunque sienta que ya no puedo más me arrodillo y oro. Sé que las cosas van a cambiar y tengo que salir adelante por mi hijo”, expresó.

 

Feliz de haber dado vida

Lizeth sigue recibiendo apoyo en el CAMJ con charlas a las que acude, y actualmente le están buscando un apoyo para que pueda continuar sus estudios.

“Aquí recibo orientación, me ayudan a encontrar las soluciones a mis problemas. Hablé con Blanca y le dije que quiero estudiar, ahora más que nunca quiero superarme y aquí me van a ayudar, quiero tener algo seguro para mi hijo.”, dijo agradecida.

Lizeth compartió que vive en casa de la abuela paterna de su hijo, aunque el padre no ve por él.

“Estoy segura que para él lo mejor hubiera sido que el niño no naciera. Me da tristeza que no le dé amor al niño. Aunque mi hijo ahorita no me entiende lo que le digo, le hablo de su papá y le digo que lo debe querer”.

Contenta por haber tomado la decisión de dar vida, Lizeth invitó a todas las jóvenes a que no se rindan y que busquen a Dios como solución.

“Sé que haber dado vida a mi hijo me dio vida a mí. Si hubiera abortado, entonces mi vida se hubiera acabado. Lo mejor que podemos hacer es dar vida y clamar a Dios, Él nunca nos va a abandonar”, finalizó.