Este fenómeno sociológico es un hecho que preocupa y ocupa al papa Francisco, pues de la familia depende el futuro de la sociedad, tal y como lo explica el sacerdote Julián Badillo en esta entrevista…

 

Presencia

En sus años como pontífice, el Papa Francisco se ha referido varias veces a un hecho sociológico: los jóvenes ya no se quieren casar. Y tal es la situación, que este fenómeno es uno de los que trató de explicar el Sínodo de la Familia 2015-2016.

En abril de 2015, en una de sus catequesis, el papa habló sobre cómo la presencia de Jesús en las Bodas de Caná “revela de modo nuevo la bondad y dignidad del matrimonio a los ojos de Dios”.

Y abordó el tema en momentos “en que en tantos países aumentan las separaciones y desciende el número de matrimonios”.

En esa ocasión, el papa Francisco dijo: “Debemos reflexionar seriamente para comprender por qué los jóvenes de hoy no quieren casarse, a pesar de que casi todos desean una seguridad afectiva estable y un matrimonio sólido”.

Y espetó: “junto a otras causas, hay un miedo a equivocarse y fracasar que impide confiar en la gracia que Cristo ha prometido a la unión conyugal. El matrimonio consagrado por Dios protege esa unión entre el hombre y la mujer, que el mismo Dios ha bendecido desde la creación del mundo, y que es fuente de paz y de bien para las personas y para la sociedad”.

En afán de reflexionar en este llamado de atención del Papa y del propio fenómeno, quisimos consultar sobre el tema al sacerdote canonista padre Julián Badillo Lucero, vicario judicial adjunto de la diócesis, donde se atienden los casos de nulidad matrimonial.

Aquí las reflexiones:

 

  1. ¿Es correcto decir que en México, igual que ocurre en Europa, los jóvenes ya no quieren casarse o piensan en casarse ya después de los 30 años?

Las circunstancias que existen en nuestro país y por no decir la cultura diferencian a nuestro país con Europa. Los procesos de evolución de las sociedades aunque tengan algunas cosas en común siguen rumbos distintos. Mientras las sociedades europeas viven un declive en sus poblaciones y reciben un gran número de inmigrantes para sobre llevar sus economías, en México hay una población en aumento y con una subsistencia poblacional a futuro, sin la necesidad de traer personas de otros países. Y la cuestión del matrimonio en Europa va unida al costo de la vida y a las costumbres, algunas de las cuales giran en torno a un “no” al enlace matrimonial, entre otras razones, por las que no quieren asumir el compromiso de una relación estable o formar una familia. En México es muy común ver a parejas jóvenes, padres jóvenes, pero que no quieren el compromiso del matrimonio, viven juntos y permanecen en unión libre por bastante tiempo, tal vez por querer tener una mayor estabilidad en lo sentimental o bien en lo económico, dado los costos de la ceremonia del matrimonio (salón, juez, vestimenta, comida, etc.). Algunos jóvenes esperan formar una familia una vez que ya tienen una profesión, un trabajo estable, o bien un lugar donde vivir, por lo que la edad no es determinante para decidir o no contraer nupcias en alguna parte de la juventud.

 

  1. ¿Porqué ocurre este fenómeno? Cuáles son los factores que lo generan?

Hay muchas parejas pero pocos matrimonios, esto se da en razón por la modernidad en cuanto que hay una sensualismo en el ambiente en el que vivimos, por lo que desde muy corta edad ya se piensa en tener una relación sentimental, lo que da como resultado que desde muy pronto algunos empiecen ya sea a ser padres o a vivir juntos por la situación de un embarazo “imprevisto”. Esto aunado a la inmadurez, a la falta de preparación, pues la mayor parte de los padres o parejas jóvenes, tienen que dejar estudios o preparación para sacar adelante su nuevo “compromiso”. En algunas ocasiones estas “soluciones” no siempre tienen un futuro, pues ya en la convivencia la pareja se conoce más y se da cuenta de que no eran tan compatibles, y sin un “vínculo” que los obligue a estar juntos es más “fácil” iniciar una nueva búsqueda de otra relación. Creo que esta es la causa principal por la que no hay en la mentalidad de la juventud una ilusión por el matrimonio.

 

  1. ¿Cómo influye esto en la decisión de las parejas de “cohabitar”, antes de pensar en el matrimonio?

La reflexión en torno al sacramento del matrimonio es prácticamente nula, pues la mayor parte de los novios, incluídos algunos matrimonios, desconocen el significado y el contenido del mismo. La gran riqueza espiritual y las bondades del matrimonio, cuando es tomado en todas sus dimensiones, se convierte en una verdadera posibilidad de una vida plena. Pero en la realidad vemos que son el sentimentalismo, la formalidad, la costumbre o alguna otra situación, las que llevan a las parejas a buscar la recepción del sacramento matrimonial.

Esto se nota en las diversas actitudes de los novios al momento de solicitarles las pláticas prematrimoniales o ya en ellas, pues las ven sólo como un mero requisito y no como algo que pueda ayudarles a tomar una mejor decisión o vivir más plenamente su relación matrimonial.

 

  1. ¿Cómo asume esto la Iglesia?

Creo que la Iglesia se plantea este reto desde la evangelización. Ya ve que el próximo año el papa está convocando al Sínodo de la juventud, hablando precisamente de las inquietudes de los jóvenes tanto para la vida religiosa, para la vida sacerdotal, soltera y matrimonial, y creo que ahorita es un reto, porque de ahí depende toda la sociedad. Si no hay matrimonios, no hay  familias, y al no haber familias no hay futuro para las sociedades, para las naciones, para ningún país. Y creo que la Iglesia lo está tomando ya muy en serio; no es que lo haya  tomado antes, sino que ahora lo está tomando más en serio con esa finalidad, de poder cubrir  un aspecto importante dentro de la formacion cristiana de la juventud. Y creo que esta tiene que ir desde el momento de la preparación para la primera Comunión, ya ve que el Documento de Aparecida habla de formar discípulos misioneros, entonces cómo la catequesis va llamada a eso, no a preparar niños para primera Comunión, ni jóvenes para Confirmación, sino formar discípulos desde el Catecismo, que puedan llevar una vida de seguimiento a Jesucristo y de entrega. Creo que la Iglesia lo ha asumido desde ese momento, cambiando un poco su forma de ver la catequesis, de presentar el mensaje de una manera nueva, renovada, más adaptada a las circunstancias y tiempos modernos. Ciertamente es difícil porque el mundo va muy de prisa, gira muy pronto, las cosas se adelantan muy rápido, pero creo que en el fondo, la gracia de Dios va a ayudarnos e impulsarnos a salir adelante, y creo que en el fondo la Iglesia lo está asumiendo con una renovación  profunda de lo que son las catequesis, los planes de pastoral, la formación inicial desde la primera Comunión que lleva  hasta la Confirmación y la preparacion para el matrimonio. Creo que la Iglesia de esta manera trata de formar y prepararse para enfrentar los retos modernos.

 

  1. El tema de los hijos ¿cómo incide en esta posición de no querer casarse?. ¿Ahora la gente ya tampoco quiere tener hijos?

El tema de los hijos es una realidad muy delicada en cuanto a que, por lo regular, dentro de las intenciones al momento de contraer matrimonio o simplemente irse a vivir juntos, están los hijos como parte complementaria de la relación. Aunque también es cierto que en algunas otras ocasiones la pareja decide esperarse para tenerlos, buscando, como mencioné anteriormente, una mejor estabilidad en el matrimonio o una mejor situación económica, por lo que los hijos se planean en algún otro momento de la convivencia.

 

Los esposos que se casan en el Señor se transforman así en un signo eficaz del amor de Dios en el mundo. El mejor modo de mostrar al mundo de hoy la belleza y la bondad del matrimonio es el testimonio de vida de los mismos esposos y de la familia.

Papa Francisco