Luego de los retiros que han ofrecido en la cárcel Laicos en Misión Permanente, propios y extraños están sorprendidos por el cambio de conducta en muchos internos…

 

Ana María Ibarra

Un milagro de conversión y arrepentimiento se vive en el Centro de Readaptación Social después de que más de 100 internos, entre hombres y mujeres, vivieron en meses pasados un encuentro personal con Dios a través de los retiros de evangelización que misioneros laicos realizaron en el penal.

Movidos por el amor de Dios, la salvación de Jesús y la fuerza del Espíritu Santo, reos e internas del CERESO se acercaron al sacramento de la Reconciliación y pidieron perdón a Dios por sus crímenes.

Pero en un momento muy emotivo, también pidieron perdón a la sociedad, a nombre de aquellos que han lastimado a las familias juarenses.

La experiencia conmovió a propios y extraños, pues como los mismos presos lo constataron, muchos han tenido un cambio drástico de vida que ha soprendido a las mismas autoridades del penal.

 

Experiencia que marcó vidas

Después de conocer la labor de Pastoral Penitenciaria, el equipo de Laicos en Misión Permanente se ofreció a realizar un retiro de evangelización en el penal. Se llevó a cabo el pasado mes de noviembre con la participación de 25 varones de algunas áreas del CERESO. Posteriormente se realizó uno para mujeres, y el pasado 17 de febrero otro para más de 70 varones.

La experiencia fue impactante para todos los participantes. Por un lado, para los reos e internas que, enmedio de su sufrimiento, experimentaron el amor personal de Dios. Y por otro lado, la experiencia de los evangelizadores, quienes salieron enriquecidos y confirmados en el poder de Dios que llega al corazón y cambia la vida de quien lo recibe.

“Desde que entramos hay un testimonio de dolor. Nos recibieron personas con sus caras duras, sin reflejar sentimientos, desconfiadas. Cuando me tocó predicar y hablarles de conversión estaba temblando, no por las personas a las que les predicaba, sino por no dar el ‘ancho’”, compartió el doctor Pepe Ruiz, de Laicos en Misión Permanente.

No obstante su nerviosismo, saber que es el Señor el que hace su obra, es lo que permitió al doctor Ruiz  convencerse de hablar a hombres que han cometido graves delitos y que evidentemente tienen la necesidad de Dios.

“Si me quedaba duda de lo que hace un encuentro personal con Dios a través de un retiro de evangelización, después de estos retiros, ya no me queda duda de ver que cuando se predica, pasan cosas maravillosas. Salimos conmovidos, convencidos que Dios está vivo y puede cambiar a la persona”, expresó el doctor Ruiz.

 

Con los ojos de Dios

David Blancas, otro predicador integrante de Laicos en Misión Permanente compartió con Presencia su experiencia en estos retiros con los presos.

Desde una visión humana explicó que el reo es visto como una persona que merece estar interno y pagar por el delito que cometió, o incluso como “una basura para la sociedad”.

Sin embargo, expuso, para los ojos de Dios sigue siendo una persona valiosa.

“Abrí el retiro con el primer tema de Isaías 43 “eres valioso a mis ojos”. Cuando se los leí empezaron a llorar. Cuando se está preso se pierde la valía, la autoestima. Ahí hay secuestradores, asesinos, extorsionadores, violadores de niños, crímenes que dañan familias y los vuelven basura para la sociedad, pero para los ojos de Dios siguen siendo valiosos”, reiteró David.

David está convencido de que esas palabras penetraron en los corazones duros y las realidades de esos hombres, lo que hizo del retiro un proceso de transformación.

“Personalmente siempre he sido duro contra las personas que infringen la ley. Después de haber vivido ese retiro, mi visión sigue siendo la misma, pero con un matiz diferente. El que comete un crimen tiene que pagar, pero me di cuenta que actuaron así porque nadie les habló de Dios, la mayoría carece de educación y viene de familias desunidas”, afirmó para enfatizar en la necesidad de que haya una concientización de la necesidad de que las personas tengan un encuentro con Jesucristo.

“Esa sola experiencia puede evitar estar ahí adentro. Debemos apoyar todas las labores que tengan que ver con educación en el sentido amplio de la palabra y es fundamental trabajar a favor de la vida y la familia, eso produce menos delincuencia”, resaltó.

En cuanto a su experiencia en el penal compartió: “Cuando estamos ahí adentro aprendemos a ver al preso con los ojos de Dios, porque si los veo con mis ojos no se merecen nada, pero cuando los conoces y aprendes a verlos con los ojos de Dios, merecen lo que les prediqué: la oportunidad de conversión, que se puedan confesar y que puedan experimentar la liberación”, afirmó.

 

Esperanza para las mujeres presas

Después del milagro del primer retiro de noviembre, Laicos en Misión Permanente regresó con un retiro para mujeres, quienes, al igual que los hombres, iniciaron reservadas, pero conforme escucharon las predicaciones se llenaron de esperanza.

“Al ver esas mujeres privadas de la libertad, mujeres que como yo eran libres pero que se equivocaron, me dieron mucha ternura. Cuando empezaron las proclamaciones se les veía esperanzadas, no se distraían,  no platicaban entre sí. Nos dieron una enseñanza muy grande al estar disciplinadas, siendo que estaban ahí porque no fueron disciplinadas en la vida”, compartió Conchita Rochín, quien participó como pastora en el retiro.

 

Experiencia de conversión

Al igual que en el caso de los varones, las internas comenzaron a experimentar la conversión.

“Olía a Jesús, se veía que Jesús estaba en cada una de ellas. Sé que se equivocaron, pero tengo la obligación de hablarles de Jesús. Cuando hay ausencia de Dios pasa todo esto que les pasó a estas mujeres”, afirmó Conchita.

Relató que durante el momento del retiro llegó la visita para las internas y se les permitió a las familias estar con ellas en el retiro.

“A las mujeres las visitan poco, pero el retiro sirvió también para los esposos y los hijos de ellas. Estuvieron empapadas de Jesús y me empapé de Jesús en esas almas”, expresó la entrevistada.

“Cuando llegaron no querían alabar al Señor, al día siguiente danzaron. Hubo un momento en que recibieron un abrazo de los pastores y pastoras de parte de Dios, después, se abrazaron entre ellas, cosa que jamás hacen. Son mujeres duras, tienen sus barreras y fue una experiencia inigualable”, dijo por su parte el doctor Ruíz.